Por: Leonardo Franco Arenas – www.latardedelotun.com
___El salón Rosado del restaurante Dann, ubicado en el muelle internacional del aeropuerto El Dorado, era punto para el encuentro de personajes de variado perfil, escalonada importancia y distinta catadura en los 80’s y 90´s, eso sí, casi todos con poder económico, político, militar y hasta delincuencial. Se reunían allí, algunos de ilustres apellidos con afugias económicas, advenedizos con grandes cuentas bancarias o caletas enormes en dólares, políticos de trayectoria o politiqueros en ciernes buscando sobresalir en esa jungla de intereses, empresarios boyantes o quebrados, directivos y funcionarios de la aeronáutica civil, empleados públicos de medio y alto nivel, mandos medios de la policía, pilotos, personajes famosos y otros surgiendo, reinas, desde la reina de la papa, hasta reinas de Colombia e inclusive algunas miss universo; cabe indicar que por allí también desfilaban importantes personalidades, figuras decentes, respetables y reconocidas en el concierto nacional. Este era el lugar indicado para acordar citas de última hora, negocios derechos y torcidos, mandados, despedidas casi nunca familiares, agasajos, celebraciones y “cruces”. Fuera de este salón, más allá de las paredes, su lencería rosada y grandes materas de madera, estaban los demás, la gente común y corriente que deambulaba por alguna razón en el aeropuerto. Quienes tenían la oportunidad de mezclarse con estas personas eran los meseros, el personal de servicio del restaurante; por razones de su oficio y jerarquía el maître era quien destacaba mientras daba bienvenidas, acomodaba comensales, tomaba los pedidos, sugería platos, garnituras y bebidas; identificaba y saludaba con cordial cortesía a los clientes y a sus invitados, esto le permitía escuchar a veces fragmentos de conversaciones privadas. En estas épocas violentas y dramáticas para la mayoría de los colombianos, el salón Rosado era un micro país, allí en medio de la aceptable carta, vinos y buen servicio, el país pasaba como si nada, sonrisas, apretones de mano y propinas; el dinero fluía en grandes cantidades, eso se notaba por los elevados gastos en esas reuniones. El director de la aeronáutica civil en ese entonces era el tolimense Yesid Castaño, nombrado por el presidente Barco.
Desde 1987 hasta mediados de 1990 en El Dorado sucedieron hechos lamentables que sacudieron la sensibilidad de los colombianos, actos que aún le duelen al país. El 3 de marzo de 1989 pasadas las 5 pm, se escucharon varias ráfagas de armas automáticas y disparos aislados, desde el Dann que en esos momentos se encontraba casi desierto, se escuchó un tropel de pasos afanados y gritos desesperados acercándose a sus puertas, la reacción inmediata fue cerrarlas, pero al percatar la gravedad de la situación se dejaron abiertas. Una turba gritando, hombres pasando sobre niños llorando y mujeres en shock, algunas sin zapatos, todos corrían buscando resguardo, creían encontrarlo allí; se parapetaron detrás de materas, mesas y hasta en la cocina y oficinas se escondieron. Pasados diez minutos, la mayoría de las personas habían recuperado la compostura, pero de pronto un nuevo tropel se sintió llegar al recinto, gritos y de nuevo el caos reinó, era el ejercito que se había hecho cargo de la situación.
En el mostrador de Avianca en el primer piso, sicarios habían asesinado a tiros, 28 impactos para ser precisos, a José Antequera y herido gravemente al candidato a la presidencia por el partido liberal, Ernesto Samper, quien recibió 11 disparos.
27 de noviembre de 1989,7 am. Caracol 6 am – 9 am, noticiero de alta audiencia, “Un avión de la línea aérea Avianca vuelo 203 con destino Cali, acaba de caer en las afueras de Soacha minutos después de despegar de El Dorado” Media hora más tarde en otro boletín se informaba que la aeronave había sido blanco de un atentado con una bomba a bordo, 107 víctimas fatales. Entre los muertos se identificó a una ellas, Julia González, azafata que hasta hace poco tiempo laboraba como bar tender en el Restaurante Dann, había aplicado al curso de auxiliar de vuelo y ya estaba volando. Solo hasta el mediodía se comprobó que era una coincidencia por homonimia, Julia la azafata, estaba en Cartagena haciendo parte de otra tripulación.
El 22 de marzo de 1990 en el puente aéreo de El Dorado, el candidato presidencial por la UP, el manizaleño Bernardo Jaramillo Ossa de 34 años, se dirigía a Santa Marta en compañía de su esposa Mariela Barragán, una tregua en medio de la campaña política; al acercarse al despacho de la aerolínea, un sicario de 16 años le vació el proveedor de una mini Ingram. “Abrázame y protégeme que me voy a morir” fueron las últimas palabras a su esposa.
26 de abril de ese mismo año, en pleno vuelo hacia Barranquilla dentro de un avión de Avianca, un paramilitar apodado Jerry le descargó una ráfaga de mini uzi a Carlos Pizarro Leongómez candidato presidencial del M-19, el avión se devolvió a Bogotá.
En menos de un año, en las instalaciones o en vuelos que partían de El Dorado, se presentaron estos trágicos acontecimientos, cabe destacar que todos los sicarios fueron inmediata o posteriormente asesinados. Todos los escoltas de estos personajes eran agentes del desaparecido D.A.S. Y que salvo en el caso de Jaramillo Ossa que fue atendido con demoras, un ascensor no funcionó, en la clínica de la policía en el C.A.N, los demás fueron atendidos en la Clínica Santa Rosa de Lima de la Caja de Previsión Social, también en ese sector, solo se salvó el candidato Samper Pizano.
En el salón Rosado, antes y después de estos graves acontecimientos se realizaban “cruces”, comentarios en voz baja sobre vuelos nocturnos que se negociaban, de personajes oscuros que pasaban por El Dorado, las toneladas de droga en embarques de flores, bultos y cajas de dólares que eran escoltados por la seguridad del aeropuerto. También era cotidiano el pasar de personas de extracción humilde, estrenando ropa, zapatos y cortes estrafalarios de cabello, eran atendidas allí por individuos de dudosa procedencia y abultada billetera que siempre pagaban en efectivo, antes de la partida de los vuelos a México, USA y Europa en el famoso vuelo 010. Policías antinarcóticos gastando a manos llenas y departiendo en la mesa siempre en abundancia de una funcionaria de origen sanandresano, encargada de las relaciones públicas de una importante aerolínea. Tripulaciones, personas honorables se dejaron sobornar por dinero fácil y abundante, muchos pasaron largas temporadas en prisiones colombianas y de otros países. Algunos personajes de El Dorado en esos tiempos, Don Roberto el lotero más anciano que pudiera alguien imaginarse, siempre impecable con su vestido de tres piezas de buen paño, corbata, antiparras de marco oscuro, quepis negro haciendo juego con su traje y el fino humor bogotano en cada apunte, según él y quienes lo conocían había vendido varios premios mayores. Camacho, el representante de la Federación de cafeteros, dicharachero, culto y negociante, de abolengo cachaco, siempre andaba con una copa entre pecho y espalda, por sus labores de relacionista decía; también estaban los corresponsales de las dos cadenas radiales más conocidas, reconocidos como el gordo y el flaco, siempre andaban juntos, no eran competencia. Para terminar, al director de la aeronáutica en esos años, Yesid Castaño, nunca se le conocieron investigaciones adelantadas por ninguno de estos hechos, pasó con más pena que gloria por la entidad. Dos directores perecieron en circunstancias (accidentes) que nunca se aclararon, en su momento algunas de sus decisiones levantaron ampolla, restringir el acceso a licencias a nuevas pistas de aterrizaje y cancelar algunas de las existentes. Fernando Sanclemente el embajador a quien le fueron encontrados dos laboratorios de cocaína en su finca, fue director nombrado por Uribe y socio de negocios de la familia Spivak dueños de la cadena de hoteles y del restaurante Dann en el muelle internacional de El Dorado, donde estaba el famoso salón Rosado. El local desapareció con el nuevo aeropuerto. Parte de lo anterior puede que solo hayan sido historias inventadas, mitos urbanos y coincidencias. En nuestro país dependiendo de la importancia de los actores de muchos hechos casi siempre se termina en esto.
