Por: Leonardo Franco Arenas.
___ Sabiamente se dice, citando a un gran pensador bugueño: “Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa” sencilla y elemental conclusión que de manera coloquial nos aterriza sin adornos en la dimensión real de las cosas. El ego, – exceso de autoestima o la calidad del soberbio o arrogante-, en los seres humanos fácilmente nos juega malas pasadas, sobre todo, cuando hacemos oídos sordos a lo que nos rodea y solamente razonamos imbuidos en nuestros propios intereses, deseos y conveniencias; lo anterior, es un reflejo cotidiano del ser humano. Lo que si sucede con menos frecuencia es la perturbación malsana en que el súper ego de algunas personas trata de imponer sus convicciones y criterios, para ellos no existen términos medios, se es o no se es parte de los elegidos, de los dotados con la clarividencia inequívoca sobre el supuesto mejor rumbo del país y líderes superiores.
Pretencioso y soberbio un columnista del vecindario se adueñó de la verdad verdadera, convirtiéndose según sus líneas, en el referente de “el deber ser”, de lo conveniente y lo inconveniente para Colombia, de lo valioso y lo deleznable; resumiendo, pontifica sobre el bien y el mal. Hasta aquí todo normal, es la libertad de expresión consagrada en la Constitución política, lo que no puede admitirse es que desde su tribuna descalifique, satanice posiciones contrarias; que desde sus redes sociales insulte e intimide, descalifique y trate de imponer su criterio. Hay que recordar que el bien social está por encima del individual y los intereses personales no pueden anteponerse a lo que es CORRECTO. Primero el país, no un grupúsculo de políticos y empresarios que quieren apropiarse hasta del último recurso de la nación; su interés particular es ser elegido como candidato a la alcaldía de Pereira por AUV, por encima de las directivas regionales, esta no puede ser la excusa del “todo valga”, ¡es inaceptable!
Una cosa es que esgrima que la suya es una columna muy leída y puede tener razón, pero otra cosa muy distinta es que sea la mejor o la más aceptada, puede ser aplaudida por sus copartidarios, pero señor, respeto, sobre todo por sus conciudadanos, la soberbia de la cual hace gala no puede pasar sobre la integridad de los demás. Tolerancia por favor.
