Por: Leonardo Franco Arenas – www.latardedelotun.com
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La Mariposa Verde salió desde Pereira para hacer un recorrido por esta región, visitar nuestro vecino geográfico con quien históricamente tenemos intercambios no solo de orden comercial, si no humano y de intereses comunes. La carretera tiene su parte más crítica, quien lo creyera, entre el casco urbano de Pueblo Rico y el corregimiento de Santa Cecilia en Risaralda, eso llama la atención, ¿Qué ha pasado con los recursos que han sido destinados desde el gobierno nacional por décadas? ¿Dónde están los compromisos preelectorales de alcaldes del municipio y gobernadores?, ese tramo de vía da vergüenza. El resto del trayecto desde Guarato, pasando por Tadó, la Y de las Ánimas, hacia Istmina y Quibdó está en perfecto estado para orgullo de los chocoanos.
La riqueza natural y cultural del Chocó es incomparable, la exuberancia de su territorio en donde podemos apreciar la selva tropical, ríos caudalosos y playas paradisiacas entre muchas cosas, invitan a enamorarse de esta tierra, tierra grata donde el visitante es acogido. Pero lo que podemos apreciar y valorar quienes tenemos la oportunidad de viajar y recorrer este territorio, es su gente, es sin lugar a dudas su mayor riqueza, el recurso más valioso que encontramos. A cada paso, una sonrisa gigante de dientes perfectos, una mirada chispeante y feliz, una palabra amable y respetuosa, esa es la gente chocoana. Debo resaltar dos características que sorprenden, resiliencia ante las adversidades generadas por el olvido estatal, y esperanza presente siempre, en cada palabra, en cada hecho. Esperanza y lucha que se vislumbran por la educación de los hijos como meta de los padres, para que superen sus dificultades.
Mención aparte, ¡su alegría! La vida diaria se hace sencilla al terminar la jornada, al destapar la primera botella de viche y al compás de currulaos y otros aires autóctonos tocados por chirimías; disfrutando también de la buena salsa, del nuevo ritmo exótico que es música caliente originaria de este territorio y hip hop entre otras cadencias. Mientras el Chilapo (mestizo) se encierra en si mismo por las penurias diarias, el afro se abre, mediante interacción social y música sigue adelante con optimismo y esperanza.
El Chocó ha sido olvidado por los gobiernos centrales a través del tiempo, sus dirigentes se han lucrado de lo poco que llega como presupuesto regional, el erario es asaltado por politiqueros profesionales que esquilman los municipios y el departamento para su propio beneficio, son dos o tres poderosas familias que desde hace mucho tiempo echaron raíces en la administración local. Las necesidades son evidentes, el robo es tan descarado como el de construir puentes donde no se necesitan o destinar una millonada para levantar un estadio, cuando el hospital y otras dependencias más útiles para la comunidad pasan aceite y sus empleados no reciben los salarios a tiempo.
Este es uno de los departamentos más ricos de Colombia, una economía extractivista de oro, platino que no ha generado los beneficios esperados a las comunidades y si, la depredación de sus ecosistemas y contaminación de los ríos. Chocó es inmensamente rico en biodiversidad, su inconmensurable riqueza hídrica, bosques y selvas con salida y playas en los dos océanos, pero sobre todo el gran valor humano de sus gentes.
Cada que hay elecciones sus calles y espacios son invadidos por vallas, pasacalles y pendones que generan una alta contaminación visual, de políticos locales a la Cámara especialmente, que se pelean palmo a palmo y billete a billete un escaño para los próximos cuatro años. Los Caciques de otras regiones que llegan con su estructura, su poder burocrático y sus “tuladas” de dinero en efectivo, negociando con los clanes familiares que dominan el escenario político del departamento, inundando pueblos enteros con publicidad, camisetas y detalles mientras llega el día de elecciones, donde se saca el arsenal económico y quien tenga más músculo (billete), garantiza una buena votación.
Esta ha sido la constante en las elecciones de este departamento, hoy, tenemos al igual que sus habitantes, la esperanza que esas costumbres sean erradicadas, dejando de pensar en una solución pasajera y más bien en acciones de fondo con nuevas alternativas.
Lina Arango hizo una tarea dispendiosa, larga y agotadora, hablando con cada persona que se cruzaba, las visitaba en su puesto de venta, verduras, chontaduro, pescado etc., se desplazó en chochos, saludó al comerciante formal y al informal, les entregó su Mariposa Verde y sobre todo, un mensaje de nuevas oportunidades, de cambio, de protección de su tierra, de valores.
Guarato, Tadó, Las Ánimas, Istmina, El Dos, Quibdó, entre otros municipios, fueron escenarios de una nueva manera de hacer política y de compromiso con las comunidades. El malecón del rio Atrato, La iglesia San Francisco de Asís y su parque, las calles, el comercio; los parques y espacios de los otros pueblos, con gentes trabajadoras, optimistas y alegres, fueron los espacios donde ella desplegó sus alas y dejó un mensaje claro sobre lo que se debe hacer para tener un futuro cierto.
¡El hermoso Chocó es vida y hay esperanza!
