Lina María Arango Dávila – www.latardedelotun.com
Profesional en gobierno y relaciones internacionales.
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“Las enfermeras del Hospital Ismael Roldan de Quibdó llevan 6 meses sin recibir su salario”. Esta noticia que se ha vuelto parte del paisaje en medio de la indiferencia de quienes desde Bogotá, observan, se indignan y siguen su vida, ha sido constante en diferentes partes del país. En medio de mi conversación con una de ellas, indagué sobre las cifras: son 190 profesionales, seis meses sin salario y una espera de $4.500 millones de pesos. Y uno se pregunta: ¿Por qué los tomadores de decisión, congresistas del Chocó, funcionarios del nivel nacional no toman cartas en el asunto? ¿No hay voluntad política? Después de todo lo que se pierde en corrupción, ¡$4.500 millones de pesos no es nada! Es un asunto de dignidad y humanidad.
Siempre he sentido una atracción especial por el Chocó, no sólo porque soy consciente sobre lo que este territorio significa para el país y el mundo en términos de biodiversidad, riqueza hídrica y ubicación si no por su diversidad étnica y cultura ancestral. El Chocó tiene una energía particular que disfruto cada vez que lo visito y que se refleja en la gastronomía, la música, los bailes y por su puesto su gente. Entender el Chocó, requiere un cambio de “chip”, de lo contrario, la visión occidental, extractivista, centralista y excluyente que ha primado desde Bogotá y que ha mantenido al territorio con los más altos índices de pobreza y violencia, no permitirían reconocer la belleza de la diversidad y particularidad territorial.
Una cosa es leer las noticias sobre el Chocó y otra muy diferente vivir el Chocó. En el pasado había visitado este territorio varias veces en el marco de actividades laborales: seguimiento a políticas de inversión social y anticorrupción, políticas públicas para las mujeres y niñez, protección del medio ambiente. También he llorado con las noticias del conflicto que nos llegan sobre el Chocó y he sentido indignación por la corrupción que ha condenado a la población de una región rica, a vivir en medio de condiciones indignas.
El contraste entre su riqueza natural y el olvido estatal, han sido una constante en los informes técnicos del gobierno, de las agencias de cooperación internacional y de organizaciones sociales. Y hoy, en medio de las elecciones, regresan los políticos locales y de afuera, a inundar sus calles de publicidad mientras muchos de ellos buscando su reelección al congreso, poco o nada han contribuido a disminuir las brechas de pobreza, inseguridad y afectación al ambiente que acecha el territorio. Un tema tan puntual como pagar el salario de las enfermeras, no debería ser tan difícil. Qué bueno que esos políticos que buscan reelegirse y que han inundado a Quibdó con publicidad tomaran cartas en el asunto antes de que se acabe su período legislativo.
