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LA EVOCACIÓN DEL HÉROE *
____Autor: Óscar Aguirre Gómez

Helo Aquí absorto,
el río del tiempo contemplando…
Luego de haber sido héroe
de nuevo hombre es. Cruzan los vientos de la historia
y un torbellino crece:
es su propia figura
que plena se reproduce;
renace en imágenes
que por doquier se multiplican
Valles, montes y ríos —hebras de plata y ébano—,
la inmensidad integran.
De su ardorosa mente
entre pétreos arpegios
sibilinos cortejos brotan.
Sombras, los hombres pasan.
Rostros femeninos iluminan
la impetuosa corriente.
Los parajes encantados de su niñez,
—campestres aires—,
los maestros de su juventud,
compañeros buscadores de la luz
—Robinson adelante—,
de vida se llenan.
Rauda su memoria gira
en agrandado círculo.
Atónito mira, recuerda y ve
el poema de su existencia,
poeta ebrio de gloria.
Su inquieta mirada movimiento infunde
a los signos telúricos
que presagian nuevos tiempos
de otros cielos en que las estrellas otras son.
El río crece…
Un Madrid alegre,
que apenas se dibuja,
donde una glamorosa
María Teresa sonríe,
Caracas, Viena, Roma
y otra vez Caracas, retornan:
la flemática Londres
se ha opacado. París brilla.
América le llama.
Jamaica es una Carta
inmortal que predice un mundo.
La Magdalena y la “Quinta”,
voluptuosos remansos,
deslumbran. Un repetido
fragor palpita.
Son distantes cañones
que vitales soplos cortan
en descomunal batalla,
mientras triunfal un himno
en su interior resuena.
Eco es de otro himno
mayor que vive y por siempre impera:
La Libertad ansiada de los pueblos.
En la evocación un rostro,
delicado y soberbio,
hechiza con su belleza.
¿Es María Teresa?
¿Es Fanny?
¡Es Manuela!
Y su rostro otros rostros son.
¡Son muchos y son Manuela!
Una sola imagen,
una sola mano que a la suya toca
en dulce gesto.
Cuando cae la noche
que guardan los tamarindos
bajo el Caribe ebrio de luz plenilúnica
—triste paisaje—
la mercurial presencia del héroe
a la reflexión invita.
El artista en el bronce,
el pincel sobre el pulido lienzo
y el bardo con lírica pluma,
remedan apenas
lo que sus ojos vieron
y su corazón sintió,
cuando el vórtice de su existencia
con furor destellaba.
Mas la púrpura ya no impera.
Su peso no encandila
con equívocos tonos
la huella tutelar del héroe
quien, asombrado de sí mismo,
en la incierta penumbra
triste vaga en constante monólogo.
Bolívar envuelto va en su gloria mundana y fría
y su obra es apenas una idea
en el tinglado perenne
de las humanas evoluciones.
Viajero en virtuales dimensiones
por siempre va.
Transita en la febril hojarasca que a su paso le precede,
abriendo otros caminos.
Del tiempo el río se diluye.
Ya no se miran allí sus pupilas
transparentes que un día
fuego eran.
Huecas atisban al vacío
que no llena su sombra que crece.
Ahora el Quijote se halla solo
consigo mismo y su palabra última
votos nulos son
en un mundo que se agita.
¡Pero ha triunfado!
¡Fue superior a sí mismo!
2002
*Este poema me fue inspirado en la lectura de la novela “El héroe maldito” de Mario H. Perico Ramírez.
