UN MACROCASO, GRACIAS A LAS VÍCTIMAS.

Por: Jineth Bedoya Lima. Columnista / www.latardedelotun.com

_____  Esta es una oportunidad única, y todo el proceso debe ser para y por las víctimas y sobrevivientes.

En octubre de 2016, tras varios años de compartir sus historias en silencio, porque no hacía falta hablar mucho para exponer la crueldad de la violación, un reducido grupo de mujeres tomó la decisión de empezar a escribir esos testimonios para conservar un somero registro de la barbarie.

Fue en un rancho de paja, a orillas del inmenso océano Pacífico que bordea la población de Tumaco (Nariño). Este ejercicio, precedido por una valentía sin límites, llevó a que la campaña No Es Hora De Callar, con el apoyo de profesionales, elaborara una sencilla ficha que permitiera tener datos y un relato básicos sobre la agresión sexual afrontada por ellas.

Esa hoja se convirtió en un camino de documentación. El formato fue compartido con las mujeres de la Mesa Nacional de Víctimas y con varias organizaciones con procesos independientes. En el camino se sumaron los trabajos de otros grupos de mujeres y se pactó la fecha del 2 de agosto del 2018 para que, por primera vez, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) recibiera de manos de las víctimas y sobrevivientes el informe Mi verdad cuenta, que consignó esas fichas y esos relatos sobre hechos de violencia sexual ocurridos entre 1970 y 2016.

La verdad de las mujeres fue entregada por Ángela Escobar, de la organización Red de Mujeres Víctimas y Profesionales; Yolanda Perea Mosquera, de la Red Nacional de Víctimas de Violencia Sexual Entrelazando la Confianza, y Elsy Serna, de No Es Hora De Callar. Tres sobrevivientes.

El informe fue la base para iniciar el camino del tan esperado Macrocaso 11, que la JEP abrió el pasado 27 de septiembre. En el proceso muchas organizaciones se sumaron con casos, estudios, investigaciones e incidencia, como la Alianza 5 Claves, que había hecho un trabajo importante en medio de los diálogos de paz de La Habana, con el respaldo de quienes padecieron la cruel violación.

Así que es justo y oportuno recordarles al país y a quienes trabajan por los derechos humanos que este es un ‘triunfo’, parcial, pero triunfo al fin y al cabo, de las víctimas.

Son ellas quienes dejan trozos de vida en cada testimonio, quienes vuelven a rasgar su corazón con cada declaración ante los inoperantes entes judiciales. Son las víctimas las únicas que saben la dimensión de lo que implica la violencia sexual y las únicas que pueden expresar si se supera o no la agresión y qué tipo de reparación, de justicia y de perdón quieren.

Gracias inmensas y sinceras a quienes apoyan, investigan, promueven, alientan, porque sin su acompañamiento sería imposible enfrentar a la impunidad y contener la amenaza.

Y la palabra ‘oportuno’ en este contexto es doblemente válida hoy, teniendo en cuenta que la etapa que se inicia en la JEP será la más dolorosa. Primero, la aplicación de las normas mínimas de enfoque de género son el gran reto para las audiencias que convoque el Macrocaso y, segundo, es claro que la verdad entrará en unidad de cuidados intensivos, porque los criminales siempre prefieren admitir un asesinato o una desaparición que una violación. Simplemente porque esos son los absurdos ‘códigos morales’ de los delincuentes.

Cuánta aflicción y cuánta fractura del tejido social ha dejado la violencia sexual. Cuántas mujeres usadas como castigo al enemigo; cuántas mujeres transexuales y lesbianas mutiladas por “impuras” o “fenómenos”. Cuántos hombres gais fusilados por la guerrilla por “maricones”. Cuántas vidas descuartizadas y trituradas por pensar y sentirse diferente. Cuántas niñas obligadas a abortar en medio de la podredumbre y cuántas más esclavizadas sexualmente. Cuántas guerrilleras violadas y marcadas como ganado para “ganar territorio”. ¿Cuántas?

Lo seguro es que no son las 35.000 que tiene registradas la JEP. Los subregistros hablan de millones. Son millones.

Esta es una oportunidad única, y todo el proceso debe ser para y por las víctimas y sobrevivientes. Ellas son las únicas que importan.

JINETH BEDOYA LIMA

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