Por: Yezid Arteta Dávila / www.latardedelotun.com ______
Durante una velada en la Librería Central de Barcelona le pregunté al periodista John Carlin sobre qué fue lo que más le impresionó de Nelson Mandela. Su humildad y coherencia, respondió sin dudarlo. Mandela tendía su cama en la casa presidencial, explicó a guisa de anécdota, para ahorrarle el trabajo a la empleada encargada de hacerlo. Si el planeta Tierra tuviera que elegir entonces a un presidente, Mandela sería el escogido —concluyó Carlin—, autor de El factor humano, obra que fue llevada al cine por Clint Eastwood con el título de Invictus, e interpretada por Morgan Freeman y Matt Damon.
La humildad y la coherencia son valores asociados también a la personalidad de José Mujica, más conocido como “Pepe”, el recientemente fallecido expresidente de Uruguay. Mandela fundó y comandó a La Lanza de la Nación, una organización guerrillera que combatió el Apartheid. Pepe hizo parte de Los Tupamaros, la agrupación guerrillera de naturaleza urbana creada por Raúl Sendic. Mandela y Pepe fueron arrestados. Mandela pasó veintisiete años en prisión. Pepe estuvo doce años como prisionero. Mandela fue sometido por un régimen racista. Pepe fue rehén de una dictadura militar. Ambos fueron encarcelados en condiciones extremadamente severas. Mandela fue elegido presidente de Sudáfrica. Pepe lo fue a Uruguay.
Mandela y Pepe retiraron de su vocabulario los vocablos “rencor” y “venganza”, asimismo se alejaron del maximalismo y dogmatismo sesentero. Optaron por la generosidad y la reconciliación, con el noble propósito de reparar la fractura social ocasionada en Sudáfrica por el Apartheid y el pernicioso antagonismo originado en Uruguay por la brutal dictadura. La grandeza es una rara cualidad. Es un atributo aristocrático que no está asociado a la riqueza o la cuna de nacimiento, sino a una afirmación ética y filosófica como lo explicó Nietzsche a través de su obra aforística. Mandela procedía de la nobleza tribal, mientras que Mujica era un proletario, pero los dos fueron grandes.
A raíz del deceso de Pepe Mujica he visto a muchísimos políticos y activistas publicando en las redes sociales fotografías en las que posan con él. Lo percibo como un gesto de reconocimiento hacia el charrúa. Más importante que las fotos son los hechos: humildad y coherencia. Lo contrario es el postureo. Ocurre con los creyentes que calculan asegurar un lugar en el cielo si logran hacerse una selfie en la Plaza de San Pedro con el Papa bendiciendo a la multitud desde un lejano balcón.
Pepe Mujica no fue un teórico revolucionario como los casos de Antonio Gramsci, el indigenista José Carlos Mariátegui o el caribeño Frantz Fanon. Pepe fue un hombre testimonial, un valor importantísimo en una época de confusión ideológica, charlatanería y vanidad. La austeridad y el desdén por el poder que practicó el ex guerrillero, ex presidiario y ex presidente Pepe Mujica en los últimos años de su vida valen más que cualquier retórica revolucionaria.
Con la desaparición de Nelson Mandela y Pepe Mujica murió una época. La época en la que la humildad y la coherencia definían al revolucionario.
Van mis recomendaciones, Viejo Topo, para el próximo fin de semana. Si te gusta el cine vuelve la mirada a Invictus el drama dirigido por Clint Eastwood que recrea un pasaje de la reconciliación fomentada por Nelson Mandela en Sudáfrica en sus primeros días de gobierno. Estado de sitio de Costa-Gavras es una inquietante película sobre los años de plomo en Uruguay. Para que te hagas una idea del calvario por el que pasó Pepe Mujica te sugiero La noche de doce años. Si lo tuyo es la lectura te aconsejo El largo camino hacia la libertad, libro autobiográfico de Nelson Mandela, y Memorias del calabozo, escrito por los ex tupamaros Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro.
