DIPLOMACIA Y DICTADURA

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com ______

La diplomacia es una parte fundamental de las relaciones internacionales cuando se refiere a negociaciones y actividades llevadas a cabo por representantes de los países para alcanzar acuerdos, mantener la paz y promover sus intereses nacionales mediante la buena voluntad y el diálogo.

Por otra parte, una dictadura consiste en un sistema de gobierno en el que el poder político y la autoridad están concentrados en una sola persona o en un grupo reducido. Las decisiones concernientes a la política y la legislación se adoptan de forma unilateral por parte del dictador o de la élite que domina el país, sin consultar ni obtener el consentimiento de la ciudadanía. La transparencia no existe en el ejercicio del poder; hay violación de los derechos humanos y supresión de las libertades individuales.

Traigo a colación la claridad sobre estos dos conceptos como recordatorio en los actuales momentos, en los que los medios de comunicación, algunos mandatarios y la ultraderecha del planeta pretenden consolidar una versión errónea de las narrativas que se están produciendo a diario en el escenario global y tergiversan la verdad. Por ejemplo, hoy, los medios de comunicación hegemónicos, así como a políticos y activistas de la derecha en Colombia, afirman que la diplomacia del país está en sus peores momentos y critican las posiciones dignas del gobierno que exige respeto a estados foráneos.

Mundialmente, las actuaciones de la administración de Donald Trump han sido objeto de intensos debates. Lo mismo ha sucedido dentro de las fronteras de EE.UU., donde su política exterior ha sido muestra de una diplomacia pobre, marcada por la arrogancia y la falta de respeto hacia otros países, basada en el chantaje, las mentiras, el enfoque punitivo y la amenaza del garrote en diferentes zonas del planeta: intervención en Irán, apoyo al genocidio contra el pueblo palestino, amenazas de aranceles a los países que no se condicionen a sus pretensiones, chantajes a gobiernos de Latinoamérica, África y otras regiones.

La manipulación a los organismos multilaterales es evidente para bloquear cualquier iniciativa económica o humanitaria. También ha habido amenazas a sus vecinos y aliados históricos, México y Canadá: cierre de fronteras, aumento de aranceles, entre otros. A Panamá lo tiene arrinconado, exprimiéndolo al máximo con la amenaza de apoderarse nuevamente del canal. A nuestro país lo ha amenazado en varias oportunidades, la última vez, llamando a consultas al encargado de las relaciones comerciales, MacNamara. Nuestro presidente ha respondido a cada acción con la misma moneda y las cosas han vuelto a su cauce.

Los apóstoles del apocalipsis en Colombia han encontrado una excusa para aumentar la gravedad de los hechos, aún antes de que sucedan, buscando crear miedo. Los decretos que de manera permanente expide el presidente de EE.UU. y muchas veces demandados por los legisladores demócratas, exponen su carácter casi dictatorial. La activación de las leyes en contra de los migrantes, aun aquellos que tienen un estatus definido como ciudadanos estadounidenses, invoca un principio inexistente en la constitución de ese país.

En esta misma línea, las redadas masivas de ICE y el despliegue de militares durante las protestas en Los Ángeles tienen características de autoritarismo. Veamos: el politólogo español Juan José Linz definió cuatro características de un régimen autoritario: 1. Restricciones al Poder Legislativo, a los partidos políticos y a los grupos de interés. 2. Legitimidad política basada en apelaciones emocionales y en la identificación del régimen como un mal necesario para combatir «problemas sociales fácilmente reconocibles». 3. Supresión de actividades contrarias al régimen. 4. Ampliación del Poder Ejecutivo.

Creo que en el escenario político de esa nación y bajo el poder actual se configura este modelo

La derecha colombiana trata al gobierno del presidente Petro de dictadura y además lo tilda de torpe por no arrodillarse ante el gobernante de una nación que pasa por encima de cualquier país, sin respetar la condición de Estado soberano. En este contexto, hay razones que conducen a una sola realidad: el afán de desprestigiar y acabar con el gobierno progresista actual, cambiando ladinamente los conceptos verdaderos, mediante falsas narrativas, exponiendo lo que es malo como bueno y viceversa.

¡NO pasarán!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *