EDITORIAL. CIUDADANOS, PEREIRA AL GARETE.

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La disparatada comedia de los años ochenta, ¿Y dónde está el piloto?, podría ser una referencia poco divertida de la situación actual de la Perla del Otún. En la realidad actual, el alcalde municipal, elegido para dirigir los destinos y administrar la ciudad, parece haber perdido la capacidad para pilotarla; no por haber perdido el conocimiento como los pilotos de la película, sino por estar comprometido en otros menesteres, electorales para ser precisos.

La estrategia ha sido manipular con métodos de una realidad distorsionada, mediante un ambiente festivo permanente: conciertos, fiestas etc., como si no pasara nada. La imagen  del alcalde bebiendo a pico de botella es contraria a la de un administrador serio y comprometido con la ciudad. Por otra parte, quiere hacer creer que todo va bien con intervenciones cosméticas – nos quieren hacer creer que Pereira es la capital mundial de los murales, prioriza la pintura de cebras, la demarcación de vías y el mantenimiento del aspecto de la ciudad – mientras los grandes problemas se acrecientan cada día.

Enumeremos algunos de los problemas de Pereira: violencia, alto número de homicidios en todas las zonas, a cualquier hora del día, lo que de esta ciudad la más violenta del país por número de habitantes; no habíamos vivido algo parecido, ni siquiera en la década de los ochenta, la más violenta de Colombia. Inseguridad, atracos, robos secuestros, gota a gota, extorsiones y, ahora, delincuentes en las estaciones de Megabus.

Movilidad: caos en las vías, trancones desesperantes. Invasión del espacio público, los andenes convertidos en parqueaderos y pobrecito del peatón que proteste. Persecución discriminatoria a vendedores informales, deben carnetizarse e inscribirse en bases de datos (¿votos?), de lo contrario son perseguidos  y se les incauta la mercancía.

Inversión social con los más bajos índices de los últimos 20 años; las secretarías y direcciones son inoperantes, solo politiquería. Aprovechan los programas del gobierno nacional, que fija estrategias y transfieren recursos, para hacerlos parecer logros de la actual administración. Las obras de infraestructura que cacareó desde la campaña, hoy están paradas: ni en la glorieta de Corales ni en la avenida Los Colibríes se ven obras, solo barreras de tela verde de cerramiento. Pero, eso sí, esperamos el próximo batacazo al bolsillo de los contribuyentes para las adiciones presupuestales correspondientes, para –supuestamente-  balancear el presupuesto de campaña de su esposa.

Hemos escuchado quejas sobre los manejos poco claros de recursos en Aguas y Aguas (patrimonio de los pereiranos) y el atisbo de una posibilidad de venta, previa descapitalización de la entidad. Patrocinios a entidades privadas y la aparición de la imagen de la gestora social, en esos momentos, y candidata al senado, en los recibos del agua.

Nada de lo enumerado anteriormente es normal; son las acciones y los resultados de una administración que está más interesada en monopolizar el poder en la región a través de sus familiares. La ciudad va cuesta abajo y, en su caída, quién debería guiarla, pilotarla en sus objetivos de desarrollo, está aprovechando su cuarto de hora para monopolizar el poder por intermedio de sus familiares y terceros. ¿Y dónde está el piloto?, es solo una comedia, pero lo que pasa en Pereira puede terminar en una tragedia social.

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