Por: Leonardo Franco Arenas – www.latardedelotun.com / RED Noticias de Colombia. _____
Los bombardeos, como lo expresó antes y después de realizados el presidente Gustavo Petro, y lo reiteró el más opcionado candidato a reemplazarlo en la Casa de Nariño, Iván Cepeda, son la opción más extrema que se debe emplear en un conflicto irregular, como en esta situación contra la disidencias de las FARC comandadas por Iván “Mordisco”, por los riesgos que implican, en este caso, la muerte de siete menores de edad reclutados voluntariamente o a la fuerza por estos grupos. Con bombardeos, el riesgo siempre existirá.
Hay que tener en cuenta que estas estructuras delincuenciales abandonaron desde hace varios años la lucha guerrillera para convertirse en los brazos armados de los carteles transnacionales del narcotráfico y sus respaldos en la ultraderecha colombiana. Allí radica el poderío de estas bandas. Tras este injustificable resultado, producto del perverso manejo de menores por parte de las disidencias, saltan desde diferentes orillas -especialmente desde los medios tradicionales y los representantes de la derecha- a manipular la opinión pública mediante comentarios y narrativas sesgadas.
Diversas columnas de opinión, artículos en revistas y comentarios en noticieros, entre otros, señalan al gobierno con el único propósito de lograr réditos políticos en la presente campaña, en la cual sus candidatos están desdibujados, maltrechos y no cuajan. Es parte del desespero.
No se puede pasar por alto la muerte de estos menores de edad en el bombardeo ejecutado por las Fuerzas Militares contra disidencias de ‘Iván Mordisco’ en zona rural del Guaviare. Es un alto costo desde todo punto de vista. Este bombardeo iba dirigido contra alias Pescado y alias Jimmy Martínez, segundos de “Mordisco”, según informó el alto mando militar.
En el Derecho Internacional Humanitario está contemplada la protección de menores en todo conflicto armado, no solo para los Estados, sino también para los grupos armados no gubernamentales. Los Convenios de Ginebra de 1949, sus dos Protocolos adicionales, de 1977 y el Protocolo adicional III de 2005, confieren protección a todas las personas afectadas por los conflictos armados y contiene disposiciones referidas específicamente a los niños.
Generalmente, los menores son víctimas. Los grupos armados los han involucrado de diferentes maneras: reclutados, por decisión propia, y hay otros que son hijos de guerrilleros e ingresan a las filas de estas estructuras para seguir con un “legado” de sus padres. En Colombia, el reclutamiento forzado se ha venido reduciendo con la presencia del Estado en los territorios, pero aún existen rezagos de esta inhumana práctica.
Los menores son instrumentalizados como escudos humanos por parte de estos delincuentes. Así se haga un meticuloso trabajo de inteligencia, es difícil verificar si en estos campamentos hay o no menores de edad, quienes de una manera u otra han sido entrenados y hacen parte de estos ejércitos irregulares.
Los congresistas de derecha han encontrado la excusa perfecta para atacar tanto al ministro de defensa como al presidente, quienes han sido -especialmente Gustavo Petro- defensor de los derechos humanos de los colombianos, especialmente de los niños y jóvenes de la Nación.
Palo porque bogas y palo porque no. Hay que tener presente que el gobierno advirtió, que el tiempo de diálogo con estos reductos se terminó. Ahora es encontrar cómo combatirlos sin que sucedan estos lamentables episodios.
