EL RUIDO QUE INTENTA TAPAR LO IMPORTANTE ¡BASTA YÁ!

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com – RED Noticias de Colombia._____

En nuestro país se ha vuelto rutinario, levantarse cada día con una nueva narrativa de ataques personales en contra del Presidente Gustavo Petro, su – todavía esposa – Verónica Alcocer, hacia sus hijos y en general a todo su círculo más cercano._____

Estos episodios recurrentes no tratan de debates sobre políticas públicas, discrepancias ideológicas o discusiones serias sobre el rumbo del país – como debería corresponder en los escenarios de una democracia madura –  es, y solo se limita, a la ilación de una cadena de insinuaciones, rumores y falsos señalamientos diseñados para desgastar la imagen del primer mandatario, más que informar a la ciudadanía. Es sin lugar a dudas una estrategia mezquina cuando la política se reduce al ataque diario a chismes y falsas narrativas sobre las personas.

Hay algo revelador en la manera como sectores de la derecha colombiana, amplificados por los medios de comunicación hegemónicos, columnistas y bodegas uribistas, atacan al presidente Petro, no desde las ideas, sus políticas o sus ejecuciones, lo hacen desde la trinchera más cómoda y miserable, ataque personal, repetitivo y sin sustento, dirigido contra él, Verónica y familiares, incluso menores de edad –recordemos a la insufrible Salud Hernández –  y sus ataques reiterativos hacia la hija adolescente.

La llamada oposición renunció al debate serio porque están conscientes que en el terreno de lo argumental y de razones ciertas y concretas se quedan cortos. Para esta jauría es más sencillo levantar sospechas que probarlas, fabricar bulos y chimes de tienda, que hacer un trabajo como les corresponde desde esa orilla, pensando en un mejor país. Es la razón por la cual cada día llegan con una nueva andanada de acusaciones, insinuaciones desprolijas, negligentes y de mala leche, de “datos” de pasillo, de supuestos encontrados en redes sociales, todo amplificado por micrófonos dóciles y vendidos, con el objetivo de desgastar y manchar la imagen del gobernante. La información veraz no importa. «de la calumnia algo queda» expresión latina popularizada por Francis Bacon, potenciada por Goebbels en la Alemania nazi y utilizada frecuentemente por la derecha en nuestro país en su histórico acontecer político.

La fórmula está inventada y es muy sencilla, si no pueden demostrar nada, intentan establecer la idea que “todo va mal, porque algo debe haber”. La realidad es que nunca aparece nada y al contrario la verdad se conoce en algún momento. Para esta facción irascible y violenta lo importante es erosionar, filtrar dudas, que la nación se enfoque en rumores en vez de centrarse en lo importante, las reformas, los grandes avances de Colombia, poner al país a hablar de supuestos como gastos, amantes, fiestas y otras arbitrariedades; a no pensar en transición energética, educación, avances del turismo entre muchos logros y adelantos contenidos en la agenda social del gobierno.

La forma de vestir del presidente los atormenta, si es sencillo malo, si es de marca, malo, que el reloj, los zapatos, entre otras cosas. Algunas veces difunden que es mujeriego, en otras que le gustan los travestis, que toma trago, que es drogadicto. En fin, cualquier tema por baladí que parezca es una excusa para agredir sin que sea importante el respeto a la persona y su dignidad, el fin es destruir.

No es casualidad esta lógica toxica y denigrante, es la respuesta desesperada al hecho demostrado, que por más que le han esculcado la vida al presidente desde hace muchos años, no han encontrado absolutamente nada, un acto de corrupción o una conducta indebida como senador y ahora en el ejercicio del poder como presidente. Esa frustración se les convirtió en obsesión y esta obsesión les lleva a validar cualquier estrategia por burda e insana que sea para tratar de perjudicarlo, pero son tácticas que solo producen ruido.

Mientras tanto la democracia puede lesionarse, en un país se hace difícil pensar en avances para un mejor futuro si los medios de comunicación cooptados, desde sus micrófonos se dedican a diario a comentar el último rumor en vez de examinar el último decreto o los éxitos logrados.

Por último, la ciudadanía ahora no es tan ingenua, ha abierto los ojos, se está educando y está leyendo. Hoy puede no estar de acuerdo con todas las decisiones del gobierno, puede criticar, puede disentir, pero sabe reconocer la diferencia entre la crítica honesta y el ataque sistemático, la fiscalización y la difamación, el debate serio, constructivo y la guerra sucia. Pero sobre todo, está consciente de El Cambio que se está construyendo.

Insistir en falsas narrativas que no reemplazan la falta de argumentos, porfiar en el escándalo no cura la anemia política, es perverso e inútil. Y seguir atacando al Presidente y su familia de manera infame, solo confirma que cuando no hay cómo desmontar un proyecto político con ideas, se intenta hacerlo con mentiras y violencia.

La historia será justa con sus protagonistas, además, en la política como en la vida, cada cual queda retratado por el nivel de sus batallas y ejecutorías. La bilis, la hiel que destilan, la mala intención, la alevosía de los ataques; el maquiavélico tono condescendiente y burlesco de periodistas y personajes de la derecha colombiana ya está  detectado por el pueblo y como dice la arenga, “En las urnas nos vemos” que se tengan fino.

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