LA PRIMERA DAMA REBELDE.

Por: Gerardo Ferro Rojas – El Unicornio / www.latardedelotun.com / RED Noticias de Colombia.  ______

Colombia la mojigata, Colombia la moralista, Colombia la hipócrita, Colombia la clasista, Colombia la rezandera, Colombia la oligarca, se escandaliza con Verónica Alcocer.  ______

Desde que Petro llegó a la presidencia la odian, y ahora más. A esa Colombia «de bien» le parece inapropiado que una Primera Dama de la nación sea extrovertida, alegre, libre y empoderada como lo es Alcocer. Les molesta su espontaneidad, les da piquiña su espíritu divertido, les enfurece que baile, que se ría, que se mueva y hable sin importar protocolos y el «qué dirán» de la «gente de bien». La consideran «nada que ver», inmoral y corroncha. La ven por encima del hombro, como una advenediza que no sabe dónde está parada y está parada donde no debe.

Si Petro es el primer Presidente rebelde de Colombia (como lo calificó el New York Times), Verónica Alcocer se ha ganado también, ella solita, el título de Primera Dama rebelde. Y eso, por supuesto, causa urticaria, agrieras, envidias y hasta úlceras en el tradicionalista y conservador sistema político de Colombia. Es que Colombia la retrógrada, Colombia la reaccionaria, ha estado acostumbrada siempre a otro tipo de Primeras Damas. Esa Colombia prefiere Primeras Damas cuya función sea la de perpetuar un sistema patriarcal. Esa Colombia no le interesan Primeras Damas que subviertan el supuesto rol de las mujeres, sino las mujeres que sean prolongaciones castas y puras de Vírgenes Marías.

A esa Colombia les interesan mujeres en segundo o tercer plano, entre más invisibles mejor. Les gustan las Primeras Damas que viven encerradas en pequeños y ubérrimos latifundios de miles de hectáreas, silenciosas y sumisas, pero con apellidos de bien para ubicar a sus parientes en las juntas directivas de EPS y empresas de suministros de medicamentos.

A esa Colombia continuista le gustan las Primeras Damas que den limosnas a los pobres, que organicen cenas para recoger plata o caminatas de solidaridad para suavizar la mano criminal de sus maridos. Primeras Damas clasistas que ven en los funcionarios del Estado súbditos que le sostengan el paraguas en actos posesión y hagan volar el avión presidencial para llevarla de compras.

A esa Colombia machista le gustan las Primeras Damas que no hagan bulla, que se traguen los abusos de sus esposos los presidentes para guardar las apariencias y evitar el qué dirán; Primeras Damas que soporten con abnegación a sus esposos-tíos, esposos-pedófilos, esposos-gays, esposos-violadores de periodistas subalternas.

Esa Colombia no soporta, ni perdona, que una Primera Dama baile sin inhibición en una comparsa de Carnaval, o que muestre sin vergüenza su belleza, o que tenga un hijo de otra relación (¡enorme pecado!), o que salga de fiesta con amigos y disfrute entre risas de una cena, o que decida separarse de su esposo presidente por la razón que sea.

No, eso sí es pecado; la hipocresía y la doble moral, no, esos son valores necesarios, constitutivos, esenciales de la Colombia envidiosa, sexista y discriminatoria. Una Colombia que quiere venderse como un paraíso de la moralidad y las buenas costumbres, para ocultar su alma más corrompida y degenerada.

@GFerroRojas

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