De una conversación entre Petro y Rodríguez Zapatero sobre Estados Unidos y América Latina.

Por: León Valencia – Revista Cambio / www.latardedelotun.com – RED Noticias de Colombia.  ______

Dijo José Luís Rodríguez Zapatero, expresidente de España, que era improbable que el Gobierno de los Estados Unidos realizara una intervención militar en territorio venezolano para derrocar a Maduro. La verdad, esa expresión me tranquilizó un poco. Estos meses han sido de verdadera zozobra. Sé, por mi vida y mi experiencia, la tragedia que significaría para nuestro país que se desate un conflicto armado en el territorio de Venezuela y eso, seguramente, ocurriría si Donald Trump y Marco Rubio cumplen sus amenazas

La afirmación ocurrió a principios de la semana pasada, en una agradable comida en compañía del presidente Gustavo Petro en la que ambos mandatarios desplegaron sus apreciaciones sobre la situación de la región en esta hora crucial en la que el Gobierno de los Estados Unidos ha hecho un gran viraje en su política de seguridad nacional.

Rodríguez Zapatero demostró en la conversación su gran conocimiento de la realidad de Venezuela y también de la política norteamericana. También me sorprendió Gustavo Petro y sus apreciaciones sobre lo que ocurre al interior de Estados Unidos y sobre los designios de Washington para América Latina y la perentoria necesidad de buscar lazos de unidad entre las fuerzas democráticas del país del norte y los gobiernos progresistas del continente.

Petro le preguntó a Rodríguez Zapatero cómo haría Donald Trump para desistir de la intervención y regresar el enorme arsenal que ha desplegado en aguas del Caribe, y el expresidente dijo que, después de múltiples acciones intimidatorias, Trump bien podría declarar que cumplió con el objetivo de disuasión y con el freno a los carteles y a la ola migratoria.

Me gusta pensar que el desenlace de la grave amenaza de intervención militar en Venezuela y Colombia será el retiro de la armada de los Estados Unidos del Caribe después de las escabrosas acciones sobre embarcaciones en alta mar, a todas luces violatorias de los derechos humanos y del derecho internacional. Si estas acciones y otras que se realicen en las próximas semanas se quedan solo en presiones sobre el régimen de Maduro y no llegan a una abierta intervención, la región se habrá librado de una guerra de impredecibles consecuencias.

Aun así, la situación no se tranquilizará. Estamos lejos de conquistar una normalidad de las relaciones diplomáticas entre los países de América Latina y el Gobierno de Donald Trump. La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos publicada el viernes 5 de diciembre de 2025 es un viraje completo a la política exterior del país del norte y trae inquietantes líneas de actuación sobre el hemisferio occidental.

Voy a hacer una larga cita (traducción no oficial) de la crítica de la administración Trump a lo que ha sido la política de seguridad de los Estados Unidos y su correlativa política exterior después de la segunda gue

“Nuestras élites sobreestimaron la capacidad del país para financiar simultáneamente un enorme Estado de bienestar-regulatorio-administrativo junto a un enorme complejo militar, diplomático, de inteligencia y de ayuda exterior. Apostaron de forma profundamente equivocada y destructiva por el globalismo y el llamado ‘libre comercio’, que vaciaron la misma clase media y la base industrial de las que depende la preeminencia económica y militar de Estados Unidos. Permitieron que aliados y socios trasladaran a los estadounidenses el costo de su defensa y, en ocasiones, que nos arrastraran a conflictos y controversias centrales para sus intereses pero periféricas o irrelevantes para los nuestros. Y ataron la política estadounidense a una red de instituciones internacionales, algunas de las cuales están impulsadas por un abierto sentimiento antiestadounidense y muchas por un transnacionalismo que busca explícitamente disolver la soberanía de los Estados individuales”.

Sobre la base de esta visión se trazan las líneas de la nueva estrategia. En realidad pusieron negro sobre blanco lo que ha sido la actuación de Donald Trump y Marco Rubio a lo largo de este primer año del segundo mandato de Trump. Una política que ha sorprendido al mundo y que ha roto en mil pedazos el consenso liberal que había guiado las relaciones internacionales y el tratamiento de numerosos conflictos surgidos a lo largo de estos ochenta años. Nada esplendoroso. Nada para defender a ultranza. Pero, al menos, un tratado de reglas -no siempre respetadas- para tratar las enormes diferencias y las confrontaciones que aquejan las relaciones entre los países poderosos y los débiles, los del centro y los de la periferia, los pobres y los ricos.

Resalto los puntos claves y determinantes para nuestra región, una versión aún más radical de la doctrina Monroe proclamada en 1823.

  1. América primero (América First), en realidad un amenazante nacionalismo.
  2. Paz mediante la fuerza.
  3. Primacía de las naciones.
  4. Terminar con la migración masiva.
  5. Control del hemisferio occidental (corolario de Trump a la Doctrina Monroe).
  6. Reclutar, entrenar, equipar y desplegar las fuerzas armadas más poderosas, letales y tecnológicamente avanzadas del mundo.
  7. Dominio energético mediante petróleo, gas, carbón y energía nuclear.
  8. Disputar el liderazgo del mundo (especialmente hacerle frente al ascenso de China) a partir de una posición de fuerza.

En esta política no hay mención alguna al  gran reto del planeta: el freno al desastre que está desatando la crisis climática y la urgencia de una transición energética que lleve a un cambio profundo en la cultura y en los modelos económicos.

Tampoco hay mención alguna a la lucha contra el hambre y la pobreza, la solución negociada de los conflictos y el respeto a los organismos multilaterales y al derecho internacional, postulados que han guiado a la Organización de las Naciones Unidas en las últimas décadas.

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