¿HAY FESTIVAL?

Por: Efraim Medina Reyes – La Nueva Prensa / www.latardedelotun.com – RED Noticias de Colombia.  _______

Nunca hubo Hay Festival, siempre ha sido una fiesta neocolonial, clasista y excluyente. Siempre ha sido el negocio de un grupo de empresarios españoles e ingleses disfrazados de gestores culturales en alianza con intelectuales colombianos y de otros lugares a quienes une su falsedad y arribismo. Intelectuales de bolsillo (en todos los sentidos) que fungen de autoridad moral portátil según sople el viento. El Hay Festival se realiza solo geográficamente en Cartagena porque no es un evento abierto a la ciudad ni jamás se ha interesado por debatir sus problemáticas (que son tantas e infernales) ni ha incluido en su agenda o programación con continuidad y decisión a los intelectuales y activistas que allí habitan. Cierto, algunos han sido invitados porque la verdadera exclusión se práctica “no excluyendo” selectivamente como hacen los gringos en sus series y películas donde nunca falta el negro, el asiático, etc. Una corte necesita todos sus muñequitos en orden.

El Hay Festival, igual que otros eventos de su índole, simplemente alquila la ciudad (ese viejo casco colonial) como el burdel turístico que es para hacer su fiesta privada. Invitados y público llegan religiosamente por vía área y así mismo se limpian el fondillo y se largan. Por supuesto, crean, a través de forzadas presentaciones “alternativas”, la fachada de evento cultural que va a los barrios, involucra a los cartageneros más pobres, a los infelices caribeños, etc. Pero es pura y física mierda, lo saben bien los putos intelectuales cachacos y afines que siempre se han prestado al juego y lo saben todos: una horrenda comparsa de inutilidad y mentiras para justificar la juerga de los idiotas ilustrados que luego, como en el reciente caso de Laura Restrepo y quienes le han hecho coro, se “rebelan” y posan de indignados porque invitaron a alguien que no es de su agrado. En otras palabras: censuran a alguien que les da la oportunidad de, al menos por una vez, tener un debate serio y profundo en ese evento y lo hacen, según ellos, en defensa de la libertad, la democracia y la autodeterminación.

No creo en esos arranques de “mediática dignidad”, no creo en ningún tipo de censura ni pienso que nadie pueda autoproclamarse autoridad moral para decidir sobre qué es y dónde empieza o termina el albedrío de los otros. Qué la señora María Corina Machado sea despreciable no lo discuto, que se haya rebajado humanamente al punto de convertirse en un eslogan viviente de la política criminal y neocolonialista de Trump es horrible, pero nada de esto justifica cerrarle las puertas al diálogo. Más aun teniendo en cuenta que quienes claman hoy contra María Corina deberían reflexionar un poquito sobre cuán despreciables son habiendo sido ellos arte y parte de ese evento por años.

La lista de gente invitada al Hay Festival que yo, personalmente, podría considerar despreciable es muy larga. Todos tenemos visiones y opiniones, de eso trata la vida y, sobre todo, de eso trata el debate y las ideas. ¿Cómo podemos ser tan pendejos de invocar el espíritu democrático usando la censura como instrumento?

Y si hablamos de pendejos no podemos excluir a quienes de repente le están dando a Laura Restrepo la categoría de heroína nacional por censurar a otra mujer con ideas políticas diferentes a las suyas e imagino que lo hacen porque consideran que eso es “muy progre”. Serán sin duda los mismos que señalan de estúpido al pueblo chileno por elegir a un representante de la derecha. Como si cada pueblo no fuera dueño de su propia voluntad y destino. ¿O acaso era Chile el pueblo más inteligente del mundo cuando eligió la izquierda? Muy fácil eso de “todos pueden opinar, pero solo yo tengo la razón”.

Hablar de ética y de libertad es muy complejo y hay que ir siempre con cuidado. En una reciente columna de El Espectador el historiador cartagenero Javier Ortiz Cassiani que también ha rechazado la presencia de María Corina Machado en el Hay Festival y ha decido por esto no ir (alude entre otras cosas la Doctrina Monroe para justificar su decisión) escribe lo siguiente: “He estado como invitado en cuatro versiones del Hay Festival en Cartagena de Indias, pero en esta ocasión no aceptaré participar en los tres eventos en los que estaba programado. Vendrán más versiones de un evento necesario, en las que -como ha sucedido años atrás- mi participación no entrará en conflicto con mis principios éticos.” ¿No les parece increíble? Ortiz Cassiani ha descubierto un tipo de ética intermitente que funciona con su propio interruptor. Si está María Corina el evento es incompatible con su ética y cuando no esté María Corina el evento, que avaló la presencia de María Corina, de nuevo será compatible con su ética. Es más o menos y guardando las proporciones (si las hay) que si yo mato hoy a alguien soy asesino y si mañana no mato a nadie dejo de ser asesino. Un tipo de ética no solo intermitente sino elástica y muy oportuna para no dejar de ser en el futuro parte del evento que invitó a María Corina.

Como Ortiz Cassiani soy de Cartagena, mi familia vive allí y también mis amigos esenciales de toda la vida. La visito regularmente y conozco sus grandes problemas y el Hay Festival no es uno de ellos. Es un pequeño negocio como hay tantos, una fiesta privada con fachada de pública que, como ya dije, elige a sus invitados y su público. Y ya que Laura Restrepo es, como dice, tan amiga de la directora del evento puede más bien dedicarse con ella a restringir la lista de invitados “éticos” futuros como le venga en gana igual que con discutible sutileza y “buenas maneras” los organizadores del Hay Festival restringen el ingreso del pueblo cartagenero y con “restringen” no me refiero solo a las insulsas chácharas sino a la fiesta y fiestas que, según he escuchado, son lo único que vale la pena.

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