Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com – RED Noticias de Colombia. ______
Todavía no, ex presidente Uribe. Creo sinceramente que su tiempo de “descansar en paz” no ha llegado. Las alarmas están encendidas, no solo en los últimos días, desde hace meses son evidentes las señales del deterioro físico del hombre del Ubérrimo. El desgaste propio de la edad, agravado por una campaña política que se ha echado al hombro por puro terror a perder el poder, es inocultable. El cuerpo ya no acompaña al mito que el mismo construyó.
A ese desgaste se suma el estrés permanente de las múltiples campañas de la derecha, las peleas intestinas de un sector en franca decadencia y el ocaso de un proyecto político del cual fue amo y señor durante décadas, sin que nadie osara contradecirlo. Hoy, ese poder absoluto se diluye. La desesperación lo ahoga, sabe que el control que ejerció sin límites se le escapa de las manos.
Uribe enfrenta dos escenarios inevitables. Primero, una derrota estruendosa en las próximas elecciones. Segundo, la pérdida progresiva del poder que aún conserva en el Congreso y en sectores del aparato judicial. Ese derrumbe activará lo que durante años logró aplazar, las acusaciones que pesan en su contra, las investigaciones que podrían convertirse en condenas merecidas por crímenes cometidos bajo su sombra del poder, incluso con alcances internacionales. Él lo sabe. Por eso la prisa, por eso el miedo, por eso el desgaste y la decadencia.
Pero no se muera aún, doctor Uribe. Y no lo digo por misericordia, ni por conmiseración con sus deudos, ni por lástima frente a sus últimos días. No, lo digo porque deseo fervientemente que sea testigo de El Cambio del país. Que sea testigo de la derrota electoral del otrora todopoderoso malandrín que se tomó el poder en Colombia con la anuencia de las élites. Que experimente el desprecio ciudadano que durante años logro evadir.
Quiero que esté consciente cuando llegue la condena. Que pague, aunque sea un solo día, por sus múltiples crímenes. Ese día, y solo ese día podrá morir, condenado aquí y en el más allá, con la certeza de que su legado se extingue con usted. Sus herederos de sangre y políticos causarán repulsión, sus esbirros serán castigados por la falta de su mano larga de titiritero judicial, su nombre no será borrado – porque la historia no absuelve -, pero si recordado a nivel de quienes encarnaron la barbarie en Colombia, Escobar, Garavito y otros muchos, símbolos de la infamia nacional.
Cuando llegue ese día, muérase señor Uribe, muérase. Nadie lo extrañará. Pero antes, NO, por favor NO.
Su castigo final será el desprecio y el olvido

Muy buena síntesis de lo que muchos sentimos y esperamos que suceda.
Execelente tu publicación.. Uribe Vélez tiene que arrepentirse hasta los huesos de sus mugre vida
Muy buena columna, la compartí en mi página oficial de FB dando por supuesto el crédito del autor y el medio. Un fuerte abrazo,
Efraim Medina Reyes
Que buen artículo.
El matarife debe sufrir en carne propia su derrota y humillación por ser un criminal.
Maravilloso, aplausos señor Leonardo Franco.
Excelente columna,Leonardo.!!!
EXCELENTE ARTÍCULO 👏👏👏👏👏👏👏
Deacuerdo 100% y aún después de su partida NO merece PAZ
Existen más de 6402 razones para que el determinador de masacres, falsos positivos, asesinatos a contradictores, reelección con torcidos (todos sus cómplices condenados, menos el beneficiario de los torcidos) se deba podrir en una cárcel. Lo peor fue que pervirtió a la justicia, convirtió a jueces, fiscales y magistrados en clientelistas, holgazanes, mediocres y adinerados, a cambio de impunidad.