PEREIRA ENTRE UNA MALA ADMINISTRACIÓN Y LA AMBICIÓN DE PODER.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com – RED Noticias de Colombia. ______

En política nada está escrito, lo cierto es que el poder no se debe heredar, se debe administrar, pero cuando se administra mal y se pretende tener herederos, se convierte no solo en una tentación peligrosa sino en una aberrante práctica en contra de los ciudadanos y su calidad de vida. ______

Eso parece estar ocurriendo en la Perla del Otún bajo la dirección del alcalde Mauricio Salazar Peláez, una administración que previo a ser elegida, prometió orden, eficiencia y gerencia empresarial, pero que hoy navega entre investigaciones disciplinarias, cuestionamientos fiscales y una creciente sensación de desgobierno en las calles.

Los hechos saltan a simple vista, la Procuraduría General de la Nación abrió investigación disciplinaria por presunta participación indebida en política, a favor de su esposa María Irma Noreña en campaña al senado. Con el agravante, de la solicitud de un alcalde ad doc tras reconocer impedimentos, esto deja sin lugar a dudas una sombra institucional que la ciudad no merece.

Cuando un gobernante debe apartarse por vínculos electorales familiares, la línea entre lo público y lo privado (familiar) se pierde y se convierte en una fisura grave para una administración.

Por norma constitucional, la neutralidad de los mandatarios en los escenarios políticos es obligatoria para garantizar equidad, imparcialidad y transparencia en los procesos electorales. Tienen prohibido utilizar su cargo, recursos del Estado, o influir en subalternos para favorecer partidos o candidatos, en este caso a su cónyuge.

Al mismo tiempo surge otro frente igual de inquietante, el contrato de alumbrado público que está bajo la lupa de la Contraloría General de la Nación, concesión multimillonaria, proyectada para 25 años, que contó con el aplausometro y aprobación del Concejo municipal en tiempo record. Aunque el alcalde ha tratado de desvirtuar lo anunciado por el Contralor y desviar la atención con ruedas de prensa de los medios amigos, es claro que se han presentado hallazgos sobre ejecución, destinación de recursos y falencias técnicas. ¿Cómo justificar que recursos de un servicio esencial se mezclen con gastos ornamentales? ¿Está la ciudad hipotecando décadas de recaudos bajo decisiones que aún no convencen ni técnica ni éticamente? Este no es un capítulo cerrado.

Abordando otro tema álgido en la capital de Risaralda, vemos, que si en los hogares y oficinas hay dudas sobre la corrupción, en las calles hay miedo. Más allá de las cifras oficiales que intentan demostrar reducciones selectivas, el ciudadano percibe otra realidad muy distinta, el alto índice de homicidios, ajustes de cuentas en barrios populares y enfrentamientos entre bandas delincuenciales que se disputan el control territorial.

El microtráfico no retrocede y por el contrario se ha ido enquistando en sectores residenciales, parques y entornos escolares; la realidad es que en la ciudad se vive una guerra silenciosa y violenta que no aparece en los boletines; en los barrios, ya los comerciantes cierran más temprano, las personas evitan ciertos sectores y nuestros jóvenes crecen en entornos dónde la oferta ilegal de sustancias psicoactivas están a la orden del día. El miedo se ha hecho cotidiano y ronda por las diferentes zonas de Pereira.

Alcalde, no basta con entregar motocicletas o anunciar operativos esporádicos o falsos positivos judiciales, amplificados en redes como tiktoker, cuando, como ahora, la violencia y el microtráfico se disparan y las bandas se enfrentan por el control de zonas de la ciudad, estamos los ciudadanos a merced de un fenómeno estructural que exige acciones y compromiso de las autoridades en cabeza suya; inteligencia, articulación social y un liderazgo firme. La ciudad no puede resignarse a normalizar estos tipos de violencias.

Gobernar, no es administrar estadísticas, destacarse en redes sociales o manipular la ciudadanía con fiestas, conciertos y obritas cosméticas, es garantizarle a la ciudadanía que lo eligió, seguridad real, no cuentos ni cortinas de humo.

De otra parte hay inquietud entre los pereiranos por la utilización del aparato administrativo como plataforma política en beneficio de dos candidaturas, Senado y Cámara de representantes, en cabeza de su esposa y su pupila por el partido de la U. La sola sospecha de presiones a contratistas o funcionarios de la administración local para respaldar proyectos electorales erosiona la confianza pública, existen numerosas quejas y denuncias sobre constreñimiento al elector en la alcaldía. El poder que ahora ostenta no puede utilizarse como maquinaria para intereses políticos y como plataforma para impulsar a sus allegados. Tenga presente que son delitos contra el sufragio y el erario.

Pereira no necesita discursos cuidadosamente editados en rendición de cuentas, los ciudadanos exigimos transparencia en todas las actuaciones del gobernante local, en los contratos, en la separación entre gobierno y campañas, en estrategias integrales contra el crimen organizado y el microtráfico y efectivas estrategias sociales de gobierno.

Recuerde alcalde que usted está allá porque la mayoría de los ciudadanos lo eligieron, no nos quiera meter los dedos a la boca con discursos y campañas mediáticas pagas con los recursos públicos, para limpiar la deteriorada imagen que tiene usted en la mitad de su mandato. La realidad no la sostienen los titulares, ¡Pereira se quiere y se respeta!

 

 

 

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