Por: Unidad Investigativa Revista RAYA / Compartido por: www.latardedelotun.com – RED Noticias de Colombia. ______
El testimonio del teniente de la Policía, Néstor Eduardo Porras Montero, grabado por él días antes de ser asesinado en enero de 1991, revela cómo se reconfiguró la mafia y el crimen en Medellín a comienzos de los noventa con altos oficiales de la Policía en el llamado “Cartel de los Oficiales”. Porras señaló al “capitán Santoyo”. Revelamos el audio completo que también incrimina a más altos ex oficiales con larga trayectoria en esa institución.
“El capitán Santoyo le colocó una escopeta a uno [de los muertos] en las manos, que en la reunión anterior; una hora antes, habían acordado hacerlo de esta manera”. Este testimonio, grabado por el teniente Néstor Eduardo Porras Montero días antes de ser asesinado en Muzo (Boyacá), describe un episodio en el que unidades de la DIJIN y el Cuerpo Élite de la Policía fingieron un enfrentamiento en la sede de la empresa Inversiones Budapest, occidente de Medellín, para presentar como legal una masacre, a sangre fría, contra siete de los empleados de la compañía. Este crimen tuvo lugar en el complejo de edificios Villa del Aburrá, en el barrio Belén, el 4 de mayo de 1990.
https://www.youtube.com/watch?v=9WmAwl-81UE&t=8s
Ese “capitán Santoyo” podía ser, de acuerdo con el analista del conflicto colombiano Luis Fernando Quijano, el hoy general retirado Mauricio Santoyo, quien llegó a ser comandante del GAULA en Medellín y luego jefe de seguridad del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Santoyo fue extraditado a los Estados Unidos y en 2012 se declaró culpable por colaborar con la organización criminal de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias “Don Berna”, y con la llamada Oficina de Envigado. En 1990, cuando ocurrió la masacre de Budapest, Mauricio Santoyo estaba adscrito a la DIJIN.
Otra versión difundida por el diario El Tiempo en 2012 indica que la persona señalada en el audio sería su hermano, el también general retirado Julio César Santoyo Velasco, quien aparece mencionado por Porras con nombre propio al final del relato.
El testimonio tiene su origen en los últimos días de 1990, cuando el teniente Porras Montero, testigo de esos hechos y antiguo comandante de una división del Grupo Élite de la Policía en Medellín, grabó un cassette desde la cárcel de Facatativá (Cundinamarca). En el audio de 17 minutos, que hoy revela esta revista, Porras denunció una serie de masacres, asesinatos, secuestros, atentados con bombas y otros crímenes que, según su versión, fueron cometidos por integrantes de la Policía Nacional bajo el patrocinio del Cartel de Cali en su guerra contra Pablo Escobar. De esta alianza entre uniformados, agentes norteamericanos de la DEA y mafiosos habría nacido lo que Fernando Quijano llama “el Cartel de Oficiales”, una poderosa estructura criminal dentro de la Policía Nacional que, según su análisis, persiste hasta nuestros días.
Porras declaró los mismos hechos, que quedaron dentro de un expediente en un juzgado de instrucción criminal en 1990, pues alcanzó a instaurar una denuncia penal contra sus antiguos compañeros de la Policía. Varios de los oficiales por él denunciados terminaron expulsados de la Policía o con procesos ante la Procuraduría, pues se probó su participación en los crímenes.
Sin embargo, Porras fue señalado por sus excompañeros de haber cometido un secuestro, acusación que usaron para mandarlo a la cárcel de Facatativá, de la que logró fugarse el 12 de diciembre de 1990. Cuarenta días después sería asesinado en la zona esmeraldera de Boyacá, el 21 de enero de 1991.
La masacre de Budapest, de la que el teniente Porras fue partícipe y testigo, tal como lo dejó plasmado en el audio, habría tenido como objetivo asesinar a Mariano Ospina Montoya, un empresario oriundo de El Dovio (Valle del Cauca), al que la DIJIN de la Policía señalaba de ser el contador del Cartel de Medellín. Unidades del Cuerpo Élite de la Policía y de la DIJIN rodearon el complejo de apartamentos y oficinas al occidente de la capital de Antioquia, en donde funcionaba la empresa. Sobre las 11 de la mañana de ese 4 de mayo de 1990 ejecutaron el asalto a las oficinas 413 y 414 del bloque principal, desatando un tiroteo en el que mataron a Ospina Montoya y a seis de sus empleados, incluido Walter Giraldo, un primo suyo que fungía como gerente de la compañía.

Foto 1 – 2: Los diarios El Mundo y El Colombiano reportaron la masacre como un operativo del Cuerpo Élite de la Policía que buscaba capturar al empresario Mariano Ospina Montoya.
El hecho fue reportado ampliamente por la prensa local que recogió las versiones filtradas por la DIJIN, indicando que Ospina Montoya tenía órdenes de captura en su contra y que era una supuesta ficha del Cartel de Medellín. Pero el enfrentamiento no había sido tal. Según quedó plasmado en el audio del teniente Porras, la Policía fingió un cruce de disparos para encubrir lo que, en su relato, habría sido una masacre cometida contra personas desarmadas en medio de un presunto ajuste de cuentas de la mafia de Medellín y Cali.

Foto 3: Inversiones Budapest era una firma ligada a la familia Ospina Montoya, que distintas fuentes han relacionado con el narcotraficante Iván Urdinola, vinculado por la justicia al Cartel de Cali.
El audio describe cómo agentes oficiales se aliaron con los narcotraficantes, en concreto con el Cartel de Cali, con el propósito de librar una guerra frontal contra Pablo Escobar y el Cartel de Medellín a comienzos de los 90. De esta alianza, conocida como los Perseguidos por Pablo Escobar o “Los PEPES”, nacerían luego poderosas estructuras criminales y paramilitares que mantuvieron por décadas estrechos vínculos con la Fuerza Pública y la institucionalidad, entre ellas, las Autodefensas Unidas de Colombia lideradas por Vicente y Carlos Castaño, así como la temida Oficina de Envigado, en cabeza de Diego Fernando Murillo Bejarano “Don Berna”, que continuó con el narcotráfico a sus anchas.
En el relato de Porras figuran altos oficiales de la institución que terminaron con enredos judiciales: el coronel Lino Pinzón Naranjo, a quien luego la Procuraduría le formuló cargos por una fallida operación de rescate que terminó en la muerte de la periodista Diana Turbay; el general Óscar Peláez Carmona, comandante de la DIJIN en esos años, vinculado posteriormente a investigaciones por el magnicidio del excandidato presidencial Luis Carlos Galán; el mayor Hugo Aguilar, quien ha sostenido públicamente que disparó el arma con la que cayó asesinado Pablo Escobar y quien luego fue gobernador de Santander condenado por sus vínculos con los paramilitares. Porras también menciona en el audio al agente José Nelson Abril Cadena, años más tarde aquel sería colaborador de Aguilar en su paso por la Gobernación de Santander. También habló del capitán Javier Ñáñez Erazo y el subteniente Víctor Hugo Ruiz Sarmiento, de quienes la Procuraduría solicitó su destitución años más tarde por la masacre de Budapest.
Otros mencionados en el audio no aparecen vinculados a procesos judiciales conocidos por estos hechos, como el fallecido general Hugo Martínez Poveda, jefe del Bloque de Búsqueda que años más tarde dio de baja a Pablo Escobar; el coronel Álvaro Bahamón Vega, quien llegó a ser director de la Policía en el Chocó durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, el general Ricardo Londoño Restrepo, antiguo comandante de antinarcóticos durante el gobierno Santos, y el entonces capitán Julio César Santoyo Velasco, hermano del general retirado Mauricio Santoyo, mencionado al final del relato de Porras como uno de los oficiales que participó en masacres y actos terroristas en Medellín a comienzos de los 90. Julio César llegó al grado de general antes de su retiro y fue el jefe de seguridad del prófugo ex comisionado de paz Luis Carlos Restrepo durante los diálogos entre Uribe y los paramilitares en San José de Ralito.
Mauricio Santoyo fue condenado y pagó una pena de prisión en los Estados Unidos por sus vínculos con la mafia de Medellín y la llamada Oficina de Envigado. En versiones entregadas por el exjefe paramilitar Diego Fernando Murillo Bejarano, alias “Don Berna”, Santoyo habría colaborado estrechamente con la criminalidad para cometer todo tipo de agresiones hacia organizaciones de izquierda, defensores de derechos humanos y líderes de oposición durante los años 90.
https://www.youtube.com/watch?v=Fg2baDj4Zs0&t=4s
Santoyo aceptó su culpabilidad en Estados Unidos, pero se niega a contar lo que sabe al respecto ante la Justicia Especial para la Paz (JEP) en Colombia, por ello fue expulsado de esa jurisdicción y podría enfrentar una larga pena de prisión por dos juicios en los que la Fiscalía ha pedido su condena: la desaparición forzada de los defensores de derechos humanos Claudia Patricia Monsalve y Ángel Quintero, dos miembros de la organización Asociación de Familiares de Desaparecidos (ASFADES). Además, el ente investigador lo acusa de enriquecimiento ilícito por millonarias sumas de la mafia que habrían terminado en poder de sus allegados mientras él fue coronel y general de la Policía Nacional durante el gobierno del expresidente Álvaro Uribe.

Foto 4.
Mauricio Santoyo es señalado por las agresiones contra el Instituto Popular de Capacitación, entre ellas el secuestro de sus investigadores. El IPC es una organización de Derechos Humanos con cuatro décadas de trayectoria en Medellín.
Foto 5.

Santoyo tuvo una carrera meteórica dentro de la Policía Nacional, pues fue director del GAULA en Medellín y el Valle de Aburrá a finales de los 90 y posteriormente fue jefe de seguridad de Álvaro Uribe Vélez durante su primera presidencia. El exjefe paramilitar alias “Don Berna” lo señaló de colaborar con múltiples crímenes, entre ellos, los hostigamientos en contra del Instituto Popular de Capacitación (IPC), una organización de derechos humanos de Antioquia que fue interceptada ilegalmente por el GAULA en los años noventa y cuyos investigadores luego fueron secuestrados en enero de 1999 por hombres de la temida banda La Terraza, una estructura criminal que trabajaba para “Don Berna” y el jefe paramilitar Carlos Castaño.
Además, Santoyo ha sido señalado como responsable de la desaparición forzada de Jairo Bedoya, según el testimonio de “Don Berna” ante los tribunales de Justicia y Paz. Bedoya era un abogado paisa que trabajaba con la Organización Indígena de Antioquia (OIA).

Foto 6 El teniente Néstor Eduardo Porras fue asesinado pocos días después de grabar su testimonio, que además era consistente con lo que había declarado antes bajo juramento en un juzgado de instrucción criminal de Bogotá.
A continuación, RAYA publica el audio y la transcripción completa de la grabación rendida en diciembre de 1990 por el teniente Néstor Eduardo Porras Montero (Q.E.P.D.). Sus palabras alertaron sobre la naciente estructura criminal que se estaba conformando en Medellín entre altos oficiales de la Policía Nacional y sectores de la mafia.
Testimonio del teniente Porras, Facatativá, noviembre o diciembre de 1990.
Soy el teniente Néstor Eduardo Porras Montero, 24 años de edad, nacido en Boyacá, oficial de la Policía Nacional. El último cargo que desempeñé fue comandante de una compañía del Cuerpo Élite.
https://www.youtube.com/watch?v=uIcuRTx0dyY&t=2s
Fui trasladado al (…) especial armado, con fecha del cinco de diciembre del año de 1989. Recibí una sección de la Séptima Compañía del cuerpo armado, con ella realicé planes (…) enero 14, o sea un retén, hasta el 28 de enero de 1990. El 28 de enero nos trasladamos a la ciudad de Medellín y en el sitio denominado Santuario fuimos emboscados por personal del ELN. No se presentó ningúna novedad, se decomisaron armas y uniformes y un dinero que habían robado del peaje.
Comenzamos a laborar días después en allanamientos y registros en toda el área metropolitana, inclusive área rural de Medellín, en los cuáles al principio se procedió de forma normal, pero después se comenzaron a (…) en conjunto con el personal de la DIJIN, y pudimos observar con extrañeza cómo dicho personal capturaba personas, las golpeaba, amarraba y desaparecía, además de eso también saqueaban sus hogares.
Ellos se dedicaban a robar y a saquear, todo lo que era de valor se lo robaban en los lugares que allanaban. Valga mencionar una finca que queda en la parte alta del barrio El Poblado, de propiedad de Gustavo Gaviria. En dicho lugar me acuerdo que cogieron al mayordomo, un señor de tez algo oscura, al cual amarraron de pies y manos y le pusieron una cuerda al cuello y lo izaron, lo levantaron varias veces. Eso lo hizo un conductor de la DIJIN, al mando del coronel Martínez Poveda, a este lo elevaron en una viga que había en la parte de adentro de la casa para que él hablara y dijera todo lo que ellos le estaban preguntando. Después no sé qué hicieron con él, sé que lo subieron al vehículo y se lo llevaron, no sé qué pasaría con él.
(…) unos morrales que llevaban en la espalda, no sé qué le echarían a los morrales, pero cuando llegaron, llegaron con los morrales desocupados y después totalmente llenos. Inclusive mi coronel Martínez se llevó una grabadora y dijo que era dizque un radio. Es de anotar que al inicio del allanamiento la pieza principal, supuestamente de Gustavo Gaviria, se encontraba bien adornada, con bastantes lujos, y al término del allanamiento estaba totalmente desvalijada. También recuerdo un Buda de color amarillo, bastante grande, que estaba a la entrada, donde habían unos billares y un bar. Ese Buda tenía un candado el cuál fue violentado y sacado de él unos dineros, había bastante cantidad, inclusive dejaron algunos billetes botados en el piso, después fueron recogidos y entregados posteriormente a mi coronel Martínez.
Al otro día me ordenaron que firmara el allanamiento por el cuál se allanó esa casa, el acta de allanamiento, entonces yo me negué puesto que se habían cometido muchas arbitrariedades, por esto tuve fuertes discusiones con el capitán Salcedo León Miguel, que pertenecía al Cuerpo Élite, y con el coronel Martínez Poveda de la DIJIN. De todas formas me negué a firmar.
Recuerdo que en la escuela Carlos Holguín había un subteniente hostil, de cabello algo mono, él es del curso 58 de oficiales y una madrugada él le estaba dando parte al mayor Toscano y al mayor González de un individuo que tenía él, que lo estaban torturando, y que hacía como tres días que no le daban de comer. Al parecer se encontraba muy mal. Yo traté de hablar con ese oficial, a ver qué podía averiguar, pero él me sacó el cuerpo, no me quiso decir qué era lo que estaba sucediendo.
Después en otra conversación entre el señor capitán Vera y otros oficiales, el capitán Gualteros y otros, dicen que ellos habían sido los que habían hecho la masacre de La Ramada, que habían quemado una colección de vehículos que había en una finca que quedaba en la parte alta del barrio EL Poblado, cerca a la finca de Gustavo Gaviria que mencioné al principio.
Después fui trasladado a una compañía que quedaba en la Estación de La Candelaria en servicios especializados y allí supe cuando la DIJIN le colocó una bomba a COLMUNDO RADIO, todo esto se comentó en las reuniones de oficiales que hacíamos.
Después se hizo un operativo en un edificio, me acuerdo, a una oficina que se llamaba BUDAPEST, que quedaba en un cuarto piso. Allí se masacraron ocho personas, esto lo hizo el personal de la DIJIN y el personal del [Grupo] Élite siempre era el encargado de llegar y acordonar el lugar para que ellos pudieran matar a esas personas. Me acuerdo que esas personas se encontraban totalmente indefensas y ellos entraron, los mataron y luego les colocaron armas en las manos.

Foto 7.
El capitán Santoyo le colocó una escopeta a uno en las manos, que en la reunión anteriormente, una hora antes, habían acordado hacerlo de esta manera. Inclusive una granada, de las mismas que nosotros utilizamos, se la colocaron a uno de los que estaba ahí. Ahí se nos dijo en la reunión de oficiales una hora antes cómo se iba a realizar el operativo y se (…) cada quién su responsabilidad, a última hora nadie quería firmar el acta de allanamiento; el teniente Garzón se negó, el teniente Robayo también y yo también me negué, por lo cuál dijeron que lo haga el capitán Ñáñez y ahora como premio lo tienen en la DIJIN, trabajando en la DIJIN.
Recuerdo también, del edificio de Budapest había dos secretarias que quedaron vivas, también fueron testigos de ese hecho.
Recuerdo también en la noche cuando colocaron la bomba al hotel Intercontinental, que murió el teniente Santana, un sargento Potosí y un agente Villa, esa noche mandaron una comisión especial al mando del teniente Bahamón Vega Álvaro, y a Cadena José Nelson y un subteniente Mesa de la DIJIN, ellos venían con unos cien agentes aproximadamente, suboficiales y agentes, me acuerdo que en esos tres días, tres o cuatro días, masacraron cerca de 150 personas, las cuáles dejaban botadas por algunos lugares y por los barrios populares, según ellos era porque era el desquite de lo que nos habían hecho, yo nunca estuve de acuerdo con eso, inclusive cruzamos algunas palabras con algunos de ellos, porque son compañeros de curso.
También me acuerdo que esa misma noche le colocaron una bomba a un edificio que, supuestamente, era dizque de Pablo Escobar. Llegaron y retiraron al vigilante y colocaron la bomba. Todo esto lo hizo el personal de DIJIN.
Me acuerdo cuando el capitán (…) trabajaba en la Estación de La Candelaria, él junto con otro compañero, López Muñoz Pedro Antonio, se encontraban dialogando. Yo me acerqué, escuché la conversación y decidí entablar también conversación con ellos, me contaron, el capitán me contó que él había capturado a unos de la DIJIN que estaban matando policías en Medellín, y que no eran del Cartel como estaban diciendo, sino que eran los mismos de la DIJIN. Ante esto pues él me contó que él había llevado a esos de la DIJIN y se los había entregado a mi general Camelo, que el coronel al otro día lo había mandado a llevar y que lo habían golpeado a él en la oficina de la DIJIN, que él no se aguantó también y trató de golpear a uno de ellos, le hicieron un disparo e hirieron a un cabo de la DIJIN. Entonces él fue y le dio las quejas a mi general Camelo, el cuál le dijo que eso le pasaba por bobo, que aterrizara, que él ya estaba bastante antiguo, entonces mi capitán dejó eso así. Eso era lo que él comentaba.
Después me habían trasladado para Bogotá, recuerdo que los primeros días de julio yo me encontraba con un personal en el centro social de agentes en Bogotá, en esos días me comunicaron que habían matado al teniente Garzón, él antes me había dicho que tuviéramos cuidado, que nos iban a matar, lo iban a matar a él, me iban a matar a mí y al teniente Robayo. Estuve averiguando y otros oficiales del cuerpo ahí comentaban en una forma muy silenciosa, que nadie supiera, que al teniente Garzón lo había matado el personal de la DIJIN puesto que decían que él estaba colaborando con el Cartel de Medellín, todo esto era mentira, todo esto porque nos negábamos a firmar, entonces supuestamente éramos del Cartel, eso era lo que sucedía.
Foto 8.

Ellos argumentaban que nosotros no les colaborábamos, de ahí fue que yo pues pensé en que todo esto estaba muy mal, no se justificaba la muerte de personal inocente, que las órdenes de captura en Medellín se estaban volviendo órdenes de asesinato, que se estaba levantando a cualquier persona, luego se le asesinaba y se le botaba en cualquier parte.
Entonces ante esto, no sé, no me pareció muy acorde, nunca estuve de acuerdo. Decidí instaurar una denuncia penal contra este personal, pero no había algo que me incentivara a hacerlo en una forma directa, me sentía algo temeroso de hacerlo. Sólo fue que salí a vacaciones y regresé los primeros días de septiembre, el día doce de septiembre me capturó un personal de contrainteligencia de la DIJIN, al mando del capitán Rojas Betancourt Pedro y el teniente Burgos Guzmán Luis, me acusaron de secuestro y porte ilegal de armas, me cargaron con una ametralladora y me trajeron aquí al centro de reclusión, duré dos días encalabozado en la SIJIN, luego vine acá al centro de reclusión, donde llevo ya cerca de dos meses. Me están acusando de secuestro extorsivo y porte ilegal de armas, lo cual no es cierto y en lo cual no tengo ninguna responsabilidad.
Lo que si es seguro es que todo esto se debe a que el Cartel de Cali está pagando numerosas cantidades de dinero, grandes cantidades de dinero, al personal de la DIJIN, para que ellos asesinen gente inocente en Medellín y fomenten el terrorismo. ¿Para qué? Para que el gobierno centre su atención en Medellín y así mismo se de lugar para que el Cartel de Cali trabaje normalmente y libre, y también a sus anchas.
Esta es una forma de desviar las operaciones militares hacia la ciudad de Medellín, por eso podemos ver que en Cali nunca se captura personal del Cartel de Cali, y capturan personal del Cartel de Medellín en Cali, pero no son capaces de capturar a los mismos mafiosos de ahí del Cartel de Cali, teniéndolos en la mano. ¿Por qué? Porque están trabajando acorde con ellos.
A continuación voy a dar la lista del personal de oficiales que intervinieron en todas estas masacres en la ciudad de Medellín. Además estoy dispuesto a entablar denuncias en cualquier juzgado y a señalar cuando sea necesario, rendir todas las declaraciones a las que haya lugar, porque todo esto fue cierto, yo presencié la muerte de los ocho señores que se encontraban en la oficina de Budapest, puesto que a mí me correspondía la parte de abajo y me dio por subir y observé eso.
Todo eso, ahí cerca a la escuela tenían una casa donde estaban torturando a la gente. Lo que pasó fue que no pude localizarla, pero que sí la había, la había, porque el subteniente Ortiz era el encargado de eso. Allí traían personal que habían encontrado en las caletas, lo torturaban, lo amarraban, los golpeaban y luego los mataban, recuerdo un día que la Procuraduría llegó allá, por un afectado, un familiar de un desaparecido, vio a un policía con una camisa de uno que supuestamente lo estaban torturando, y sí era cierto porque después en reunión de oficiales se habló de eso, que sí era cierto que la Procuraduría había estado ahí, que era verdad todo eso y que había sido un error de un teniente que le había regalado la camisa al agente, entonces el agente se puso a jugar con ella futbol y lo vieron con la camisa puesta. No sé cómo harían para justificar ese caso, pero la camisa sí era del secuestrado, el cual ya habían asesinado.
En las reuniones siempre se nos decía que el trabajo estaba bajo inspección de mi coronel Oscar Eduardo Peláez Cardona, el cual yo considero como autor intelectual de todas estas masacres, las órdenes venían directamente de él, venían a veces por fax, por teléfono, él tenía unos teléfonos especiales ahí en el comando. A él lo secundaba el coronel Martínez Poveda Hugo, que era el encargado de la comisión especial ahí en Medellín. Estaba el teniente Abril Cadena José Nelson y el teniente Bahamón Vega Álvaro y el subteniente Mesa, que fueron los tres que llegaron en comisión cuando los 150 muertos. Estaba también el teniente Ortiz, no me acuerdo el otro nombre, él está ahora en el COPES, él pertenece al COPES, él era el encargado de las torturas, sé que después tenían también una casa de torturas cerca a la escuela Carlos E. Restrepo, al lado de La Estrella, porque una vez me llamaron allá para que fuera a rodear una casa, no sé qué era lo que iban a hacer. Cuando yo llegué allá a la escuela no sabía cuál era el lugar (…) como no sabía se me ordenó que regresara nuevamente, lo cuál se cumplió a cabalidad, pero sé que allí algún operativo estaban haciendo y tenían a alguien amarrado porque eso alcancé a escuchar por radio.
Me acuerdo, hay otros oficiales, otros oficiales más de la DIJIN, en este momento no puedo suministrar nombres, porque no los sé, pero yo los recuerdo fácilmente.
Es de anotar también que dichos oficiales ahora se encuentran trasladados a otros departamentos y otras unidades, para que no se les pueda encontrar, para tratar de desviar un poquito las investigaciones, así como el capitán Ñáñez se encuentra en la DIJIN, así como el coronel Gantiva que se encuentra segundo en el Meta o en el Cauca, no sé, así han hecho con la mayoría de oficiales, los han cambiado a diferentes lugares para que no puedan localizarlos.
Lo que sí sé es que todos ellos están laborando y han sido pagados por el Cartel de Cali. Les han dado fuertes sumas de dinero para que realizaran todos estos eventos allá en Medellín. Por eso, repito nuevamente, todas las masacres que se realizaron en Medellín fueron bajo órdenes del señor Óscar Eduardo Peláez Carmona, director de la DIJIN, cuando yo fui llevado al cuartel de la DIJIN se me ofrecieron cantidades de dinero, la libertad inclusive, si me quedaba callado. Pero como no accedí a dichos ofrecimientos, me encuentro aquí recluido en Facatativá.
Desde mayo se nos ordenó hacer un operativo en el barrio El Poblado, con el fin no de capturar, sino de matar al señor John Jairo Arias Tascón, alias “Pinina”, la orden era simplemente de llegar a una casa, rodearla, para que el reconocido grupo de la DIJIN que siempre actuaba diera de baja a John Jairo Arias Tascón. Este operativo también se encomendó con el señor capitán Salcedo León Miguel, con un grupo de 35 agentes del Cuerpo Élite. La orden era rodear la casa mientras que ellos entraban y mataban a los que estaban adentro. Esa muerte, los causantes son el mismo grupo, al mando del coronel Gantiva y el coronel Lino Pinzón Naranjo, los antes ya nombrados.
Todo esto que estoy diciendo en este momento, estoy diciendo a decirlo, a ratificarme, si es necesario por televisión, ante la Procuraduría, derechos humanos, radio y lo que cualquier medio, para que todo el mundo sepa qué fue lo que realmente pasó, y que tengan en cuenta que las masacres siempre las realizaba el grupo de la DIJIN antes mencionado, ahí no había nadie más. El personal del Grupo Élite se encargaba de rodear los lugares para que ellos hicieran estas masacres.
Foto 9

Esta es una forma de desviar las operaciones militares hacia la ciudad de Medellín, por eso podemos ver que en Cali nunca se captura personal del Cartel de Cali, y capturan personal del Cartel de Medellín en Cali, pero no son capaces de capturar a los mismos mafiosos de ahí del Cartel de Cali, teniéndolos en la mano. ¿Por qué? Porque están trabajando acorde con ellos.
A continuación voy a dar la lista del personal de oficiales que intervinieron en todas estas masacres en la ciudad de Medellín. Además estoy dispuesto a entablar denuncias en cualquier juzgado y a señalar cuando sea necesario, rendir todas las declaraciones a las que haya lugar, porque todo esto fue cierto, yo presencié la muerte de los ocho señores que se encontraban en la oficina de Budapest, puesto que a mí me correspondía la parte de abajo y me dio por subir y observé eso.
Todo eso, ahí cerca a la escuela tenían una casa donde estaban torturando a la gente. Lo que pasó fue que no pude localizarla, pero que sí la había, la había, porque el subteniente Ortiz era el encargado de eso. Allí traían personal que habían encontrado en las caletas, lo torturaban, lo amarraban, los golpeaban y luego los mataban, recuerdo un día que la Procuraduría llegó allá, por un afectado, un familiar de un desaparecido, vio a un policía con una camisa de uno que supuestamente lo estaban torturando, y sí era cierto porque después en reunión de oficiales se habló de eso, que sí era cierto que la Procuraduría había estado ahí, que era verdad todo eso y que había sido un error de un teniente que le había regalado la camisa al agente, entonces el agente se puso a jugar con ella futbol y lo vieron con la camisa puesta. No sé cómo harían para justificar ese caso, pero la camisa sí era del secuestrado, el cual ya habían asesinado.
En las reuniones siempre se nos decía que el trabajo estaba bajo inspección de mi coronel Oscar Eduardo Peláez Cardona, el cual yo considero como autor intelectual de todas estas masacres, las órdenes venían directamente de él, venían a veces por fax, por teléfono, él tenía unos teléfonos especiales ahí en el comando. A él lo secundaba el coronel Martínez Poveda Hugo, que era el encargado de la comisión especial ahí en Medellín. Estaba el teniente Abril Cadena José Nelson y el teniente Bahamón Vega Álvaro y el subteniente Mesa, que fueron los tres que llegaron en comisión cuando los 150 muertos. Estaba también el teniente Ortiz, no me acuerdo el otro nombre, él está ahora en el COPES, él pertenece al COPES, él era el encargado de las torturas, sé que después tenían también una casa de torturas cerca a la escuela Carlos E. Restrepo, al lado de La Estrella, porque una vez me llamaron allá para que fuera a rodear una casa, no sé qué era lo que iban a hacer. Cuando yo llegué allá a la escuela no sabía cuál era el lugar (…) como no sabía se me ordenó que regresara nuevamente, lo cuál se cumplió a cabalidad, pero sé que allí algún operativo estaban haciendo y tenían a alguien amarrado porque eso alcancé a escuchar por radio.
Me acuerdo, hay otros oficiales, otros oficiales más de la DIJIN, en este momento no puedo suministrar nombres, porque no los sé, pero yo los recuerdo fácilmente.
Es de anotar también que dichos oficiales ahora se encuentran trasladados a otros departamentos y otras unidades, para que no se les pueda encontrar, para tratar de desviar un poquito las investigaciones, así como el capitán Ñáñez se encuentra en la DIJIN, así como el coronel Gantiva que se encuentra segundo en el Meta o en el Cauca, no sé, así han hecho con la mayoría de oficiales, los han cambiado a diferentes lugares para que no puedan localizarlos.
Lo que sí sé es que todos ellos están laborando y han sido pagados por el Cartel de Cali. Les han dado fuertes sumas de dinero para que realizaran todos estos eventos allá en Medellín. Por eso, repito nuevamente, todas las masacres que se realizaron en Medellín fueron bajo órdenes del señor Óscar Eduardo Peláez Carmona, director de la DIJIN, cuando yo fui llevado al cuartel de la DIJIN se me ofrecieron cantidades de dinero, la libertad inclusive, si me quedaba callado. Pero como no accedí a dichos ofrecimientos, me encuentro aquí recluido en Facatativá.
Desde mayo se nos ordenó hacer un operativo en el barrio El Poblado, con el fin no de capturar, sino de matar al señor John Jairo Arias Tascón, alias “Pinina”, la orden era simplemente de llegar a una casa, rodearla, para que el reconocido grupo de la DIJIN que siempre actuaba diera de baja a John Jairo Arias Tascón. Este operativo también se encomendó con el señor capitán Salcedo León Miguel, con un grupo de 35 agentes del Cuerpo Élite. La orden era rodear la casa mientras que ellos entraban y mataban a los que estaban adentro. Esa muerte, los causantes son el mismo grupo, al mando del coronel Gantiva y el coronel Lino Pinzón Naranjo, los antes ya nombrados.
Todo esto que estoy diciendo en este momento, estoy diciendo a decirlo, a ratificarme, si es necesario por televisión, ante la Procuraduría, derechos humanos, radio y lo que cualquier medio, para que todo el mundo sepa qué fue lo que realmente pasó, y que tengan en cuenta que las masacres siempre las realizaba el grupo de la DIJIN antes mencionado, ahí no había nadie más. El personal del Grupo Élite se encargaba de rodear los lugares para que ellos hicieran estas masac
