MEMORIA CONTRA EL CINISMO.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com  ______

La verdad no se negocia, se afronta, es lo que dirían los mayores y la gente decente, con principios. Hay verdades que duelen, que escuecen la piel de quienes han construido su prestigio y una falsa historia, sobre el silencio y el olvido. Pero la verdad verdadera, esa que no admite maquillajes de oficina de prensa ni tampoco indignaciones libreteadas, es la que hoy intentan amordazar, manosear y ocultar como en los “siempre” repetidos.

El que quiera escuchar, que escuche. El que quiera entender, que entienda. Especialmente en Antioquia. Que no vengan ahora, con el cinismo enquistado, a manipular lo que alguien se atreve a decir con claridad meridiana.

Lo expresado por el senador y candidato presidencial Iván Cepeda en la tarima del parque Berrio no es un invento de campaña, tampoco una afrenta al pueblo antioqueño, como quieren hacer creer los que saltan desaforados a las redes sociales o desde medios tradicionales como El Colombiano, El Tiempo o Semana, rasgándose las vestiduras y señalando de manera calumniosa al hombre.

Es, un ejercicio de memoria histórica que les aterra. Decir que Antioquia se convirtió años atrás en la cuna de la narco economía y del terrorismo de Estado no es un insulto al carácter o la “pujanza” paisa, es describir con todas las letras la herida abierta que gangrenó a este país desde sus entrañas.

Veamos, fue en el Magdalena medio y en el corazón de Antioquia donde el modelo paramilitar pasó de ser una idea de autodefensa campesina a una maquinaria de guerra financiada por el narcotráfico y amparada, en muchos casos, por sectores de la fuerza pública. Las Convivir no nacieron por generación espontánea, fueron el brazo legalizado desde la gobernación del departamento, de un fenómeno que terminó suplantando la institucionalidad. Y en este epicentro, guste o no, aparece la figura de Álvaro Uribe, ligado por los hilos de la historia a ese proceso de consolidación terrateniente y paramilitar que desangró vastos territorios.

Pero ahí es donde se esconde la trampa de los manipuladores de oficio, recortan el discurso para vender la narrativa del odio. Omiten, con destreza delictiva, que Cepeda también exaltó la identidad regional que tanto los enorgullece. Habló de laboriosidad como virtud, del espíritu empresarial que puso a los paisas en el mapa del desarrollo y de figuras como Carlos Gaviria, quien representa la otra cara de Antioquia, la de la decencia, la ley y la esperanza.

Asustados están y se les nota, cuando intentan tergiversas las palabras, les aterra que El Cambio avance y que se hable de frente sobre como el cartel de Medellín industrializó la muerte mientras algunos miraban para otro lado o cobraban peaje. La historia no se borra con comunicados de indignación oportunista, se supera aceptando las culpas para no repetirlas.

Antioquia es mucho más que esa sombra oscura que la persigue, pero para limpiar la casa, primero hay que saber en donde está la basura. En estos territorios hay personas enquistadas en el poder económico y político que no permiten avanzar, los monopolios son conocidos y los operadores de estos grandes capitales también, basta escuchar las declaraciones de Fico y Rendón.

El golpe contundente que sufrió la derecha encabezada por el CD en las elecciones del 8 de marzo en Antioquia, los puso a temblar y a ponerle el pie en el acelerador a los bulos y fake news.

Sintetizando, Antioquia se convirtió en cuna de la parapolítica, de la narco economía, y del terrorismo de Estado. Cabe decir, que hoy son los negocios de algunos, la gran mayoría de los antioqueños es gente decente, trabajadora y honesta. Pero que no se dejen “cabrestear”.

Cepeda en primera, digan lo que inventen. Hay que tener presente que la verdad, por más que intenten sepultarla bajo una montaña de mentiras y manipulaciones, siempre termina por asomar la cabeza.

 

 

 

 

 

 

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