Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com _____
El candidato presidencial Carlos Caicedo, reaccionó al llamado que hizo Gustavo Bolívar a varios candidatos del progresismo para consolidar una alianza junto a Iván Cepeda, dejó en claro que, aunque coincide en el objetivo, no comparte la forma de alcanzarlo. ______
En política, y más aún cuando se transita por la senda espinosa de una transformación histórica como la que vive Colombia, las palabras nunca son inocentes o inocuas. Bajo la retórica de “diversidad” y “autonomía regional”, algunos liderazgos parecen estar comprometidos, más que en una propuesta de unión y consolidación, en causar una fractura innecesaria a lo que es el bloque de unidad de El Cambio.
Parecen las recientes declaraciones de Caicedo, estar envueltas en un lenguaje que es peligrosamente funcional a los contradictores del actual proyecto popular e invitan a una reflexión urgente sobre estos hechos. Hablar de que la unidad “no es concentración” suena bien en el papel, pero en la práctica política, frente a una derecha que se agrupa y responde con ferocidad, la dispersión no puede ser un buen mensaje.
Desde la tribuna de opinión de La Tarde del Otún. Siempre hemos defendido la importancia de las regiones, pero no podemos confundir el sano regionalismo con el aislamiento táctico como maniobra estratégica.
¿hasta que punto es realmente el “centralismo” el enemigo, o es la resistencia a someter los egos individuales a un liderazgo nacional cohesionado? Cuestionar acuerdos de cúpula como si fueran ajenos del poder es desconocer que la gobernabilidad de un país no se improvisa, sino que se articula con disciplina y generosidad política.
Sostener que un acuerdo entre líderes no representa la unidad popular, es una verdad de Perogrullo, que esconde una intención de posible división. La unidad popular se refrenda en las urnas y se sostiene con la lealtad a un programa de gobierno, NO con las constantes “líneas propias” que debilitan el frente común. El Cambio no es una sumatoria de feudos, es un proyecto de Nación de largo aliento.
NO es el momento de “matices” que fragmenten la unidad, sino de acuerdos que unifiquen. La Colombia profunda no pide líderes que se diferencientre si para figurar en el tarjetero electoral del mañana, pide una izquierda sólida y cohesionada, sin fisuras retóricas que oxigenen a quienes quieren volver para restaurar el viejo orden. Jugar a la diversidad cuando se requiere el puño cerrado, es una mala estrategia que el pueblo colombiano no se puede permitir.
El ejemplo claro esta en las elecciones del 8 de marzo, Fuerza ciudadana salió apaleado en las urnas. Esa debe ser una alerta para Caicedo
