Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com _____
Con ese aire de parsimonia académica que lo caracteriza, el candidato presidencial del Pacto Histórico llegó a Medellín, no a pedir cacao, sino a ratificar su posición de manera clara y contundente; “No vengo a retractarme”, de inmediato, en el ambiente de la plaza San Antonio y a través de las redes sociales se notó como el ambiente comenzó a caldearse apenas Cepeda dijo esto, como preparando el multitudinario auditorio a la descarga que se vendría y de la que haríamos parte.
Así fue, ese sábado 28 de marzo en Medellín, no hubo lugar a los matices cómodos ni a frases tibias. Iván Cepeda llegó con un discurso titulado, sin ambigüedades, “Con el poder de la verdad alcanzaremos la reconciliación de Antioquia y de Colombia”, y desde esa primera línea dejó claro que no venía a pedir permiso, para decir, sin ambages, lo que muchos saben y prefieren callar.
A lo largo y ancho de este país, Antioquia no es excepción, se vive una disputa silenciosa y feroz: la de LA MEMORIA. El Candidato lo dijo sin rodeos ni adornos, sectores del poder han intentado reescribir la historia, borrar desde la masacre de las bananeras, hasta lo que se denomina, el reciente genocidio de la Unión Patriótica. El negacionismo no es un asunto menor, negar la verdad como él señaló, es suprimir la historia de las luchas en Colombia. Resumen del drama nacional.
En una intervención con tono firme y profundamente político, expresó sin embagues, “Hoy no vengo a retractarme, ni arrepentirme, ni a rectificar”, lo que siguió fue la reafirmación con detalle y contundencia de sus denuncias sobre el origen de ciertos poderes en Antioquia. Cepeda apuntó firme sobre como fue el ascenso político de Álvaro Uribe Vélez en las décadas de los 80’s y 90´s, de la mano de clanes familiares asociados al cartel de Medellín. Lo dijo con todas las letras, sus relaciones con estructuras como los Ochoa, los Gallón Henao, los Villegas Uribe y los Cifuentes Villa, apellidos reconocidos en el ámbito del narcotráfico y el paramilitarismo en Colombia. Le alcanzó incluso para señalar a Santiago Uribe Vélez como cabeza de los 12 apóstoles. No fue una acusación nueva, pero si una que estremeció la plaza y al país en general por la contundencia de sus palabras, tocó el centro de esa narrativa perniciosa que durante años se ha blindado con el poder político, mediático y económico para mantener oculta la verdad.
Fico Gutiérrez y Andrés Rendón, mandatarios en ese departamento también fueron expuestos, lo mismo que El Colombiano, uno de los principales medios de comunicación hegemónicos de Antioquia y creador permanente de falsas narrativas. Los ataques y respuestas al discurso no tardaron en aparecer, por parte de los gobernantes quienes con voces destempladas, recurrieron al llamado de, “solidaridad antioqueña en contra de una persona que los odia”. También abrió la boca el “energúmeno concejal”, quien recurriendo a su verborrea de malandro, mandó a “comer mierda” a Cepeda.
Ese es el nivel de debate que plantea la oposición y la extrema derecha de ese territorio. Uribe Vélez también ripostó desde sus cuentas en redes, llamándolo “bandido” pero no ha negado nada, tampoco amenazó con demandas por calumnia, solo dijo, “que atentaba contra su honra y buen nombre” ¡Vaya desfachatez!
A ellos, el senador previamente les había respondido desde la tarima de la Plaza, “lo que realmente les preocupa…es el despertar democrático de la ciudadanía” Ahí, es donde radicó el punto más poderoso de su discurso, porque no es solo lo que dijo, sino, la incomodidad que causaron sus verdades. Cuando la verdad se percibe como amenaza, es porque toca intereses reales.
Es importante tener en cuenta que el candidato Cepeda no se quedó en la denuncia, de manera sincera intentó elevar la conversación, expresando que la exigencia de la verdad no es para alimentar divisiones y convocó a empresarios, sectores políticos y a la sociedad en general a dar un paso hacia la reconciliación.
¿Se puede construir unidad sobre verdades que aún duelen y que aún dividen? Ese es el reto, Cepeda apuesta a que si es posible bajo una premisa, “la verdad no se negocia”. Es importante resaltar el reconocimiento hecho al pueblo antioqueño como resiliente, resistente y firme en sus convicciones. No fue un detalle menor en una plaza donde la identidad regional suele ser utilizada como escudo político y él intentó separar al pueblo de las élites que critica. En el cierre dejó una frase de campaña, “ganaremos en primera vuelta” una declaración de fuerza.
Lo ocurrido en Medellín el sábado pasado no fue solo un discurso y una convocatoria más, fue el hecho de plantarse en una región a la que han querido manipular estratégicamente para que marque un rumbo político en Colombia; fue el hecho de hablar duro sobre verdades ocultas y narrativas convenientes para una élite; es enterar al pueblo, del relato pormenorizado de la historia del país, incomodando a los elegidos, la lectura a fondo de la memoria nacional.
Cepeda habló duro con verdades, les llegó a la casa de los intocables y se pronunció sobre sus pecados y los bulos y verdades a medias con las que se ufanan; los señaló con nombres propios y los dejó expuestos ante la mirada inquisidora del común. Espoleó la multitud con sinceridad y valentía, demostrando que las personas non gratas para ese pueblo son otras.
Adelante El Cambio en primera.
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