Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com ______
Resulta a todas luces un despropósito, por no decir una bofetada a la inteligencia de} todos los pereiranos, que mientras las calles de nuestra amada «Perla del Otún» se tiñen de sangre con una frecuencia que espanta —dos y tres asesinados por jornada—, desde la comodidad de los despachos oficiales y las mullidas sillas de los clubes, se pretenda dibujar una ciudad de fantasía.
Es la inoperancia hecha gobierno. El alcalde Mauricio Salazar parece extraviado en un laberinto de promesas de campaña que hoy, dos años después de haberse posesionado, ante la cruda realidad de los asesinatos por encargo, los atracos a plena luz del día y la práctica diaria de la extorsión que ya es «impuesto» obligado para el comerciante, transportadores públicos o de logística, sea el pan de cada día en la ciudad. La seguridad en Pereira no es un asunto de percepción, es una cuestión de supervivencia.
Pero lo que raya en el cinismo es la reciente salida del secretario de Gobierno, Jorge Mario Trejos en rueda de prensa, con la frialdad de quien lee una lista de mercado, declarar que la situación «está controlada» y que los homicidios han bajado un 30%, es desconocer el llanto de las familias en las comunas y el miedo que camina por nuestras calles. ¿De qué ciudad habla el secretario? ¿En qué Pereira viven ellos?
Sus cifras, señor secretario, no detienen las balas. Su discurso de «reducción histórica» es un insulto cuando el balance real se mide en entierros diarios y en una ciudadanía que se encierra cada noche más temprano. Mientras en el Palacio Municipal celebran estadísticas dudosas, en las esquinas se sigue pagando la cuota de sangre.
Alcalde, la ciudad se le salió de las manos. Menos retórica de redes y medios, más autoridad real, porque a este paso, lo único que estará «controlado» en Pereira será el silencio de los cementerios. ¡Ya basta de cuentos!
¿Qué acciones concretas y diferentes a las actuales planea para frenar esta ola de violencia? Estamos atentos.
