“La verdadera reparación sería saber por qué nos dispararon a los ojos”: Leidy Natalia Cadena, tras primera condena contra el Esmad. ______
Por: Tatiana Portela – Revista RAYA / www.latardedelotun.com ______
Desde el exilio, Leidy Natalia Cadena habló con RAYA sobre la primera condena en la justicia ordinaria de Bogotá contra un agente del ESMAD por causarle daños oculares durante el Paro Nacional de 2021. Aunque la sentencia supone un avance, Natalia advierte que la absolución del comandante del operativo deja intacta la cadena de mando y que el precio de exigir justicia ha sido el exilio.
El 28 de abril de 2021, durante la jornada inaugural del estallido social en Colombia, Leidy Natalia Cadena perdió la visión de su ojo derecho tras el impacto de un proyectil disparado por un agente del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD). Tres años después, el Juzgado 64 Penal del Circuito de Bogotá condenó a siete años de prisión al patrullero Danilo José Núñez Zabaleta por el delito de lesiones personales con perturbación funcional permanente, pero absolvió al mayor Álvaro Ramírez Castro, comandante del operativo. La decisión marcó un precedente en la justicia ordinaria de Bogotá, pero dejó abierta la discusión sobre las responsabilidades de mando en este tipo de agresiones.
El caso de Leidy Natalia no fue un episodio aislado. El informe “Tiros a la vista” lo ubica dentro de una práctica más amplia de violencia ocular durante el Paro Nacional de 2021. Según los registros de la plataforma GRITA, de la ONG Temblores, durante esas protestas se documentaron al menos 103 víctimas de trauma ocular, lo que equivale a un ataque cada 0,81 días. Amnistía Internacional también identificó un patrón recurrente en el uso de lanzagranadas Penn L140-1: disparos dirigidos horizontalmente hacia la cabeza y el tórax, en contravía de los protocolos internacionales para armas de letalidad reducida.
Esa violencia se inscribe, además, en un historial más largo. Según el informe “Represión en la mira”, entre 1999 y 2022 se registraron 179 víctimas de lesiones oculares atribuidas al ESMAD; más de un centenar ocurrieron bajo el gobierno de Iván Duque, y la mayoría afectó a jóvenes de entre 18 y 22 años.
Tras identificar al agente responsable y denunciar la sistematicidad de estos ataques, Cadena y su familia fueron víctimas de amenazas y hostigamientos que la obligaron a salir del país. En esta entrevista habla del exilio, de la justicia parcial que dejó la absolución del comandante del operativo y del largo camino que aún queda hacia una reparación integral.
RAYA: Para empezar, cuéntenos quién es usted y cómo era su vida antes de aquel 28 de abril de 2021.
Leidy Natalia Cadena: Mi nombre es Lady Natalia Cadena, tengo 27 años. Soy politóloga. Cuando sucedieron los hechos, estaba terminando mi carrera en el Politécnico Grancolombiano; estaba justo en mi último semestre. Debido a lo ocurrido, tuve que salir exiliada del país.
RAYA: ¿Qué la llevó a salir a las calles en 2021?
Leidy Natalia: Vivíamos el gobierno de Iván Duque y recién salíamos de la pandemia. Yo vengo de un barrio popular, vivía en Bosa, y veía cómo la gente la estaba pasando muy mal. El gobierno quería gravar con IVA la canasta familiar. Además, como joven de barrio, conozco la realidad de quienes no pueden entrar a la universidad pública por falta de cupos; pagar una universidad privada en Colombia sigue siendo un privilegio. Salí con mi novio, Sebastián, que es biólogo. Él apoyaba las causas contra el fracking y yo marchaba por la educación pública y contra los impuestos a la comida.
RAYA: ¿Cómo fue el momento previo al ataque y qué ocurrió ese día ?
Leidy Natalia: Salimos de Bosa en nuestras bicicletas. En el centro nos encontramos con tres amigos de la universidad de Sebastián. Como llovía muy fuerte y ya había disturbios en la Plaza de Bolívar, decidimos caminar hacia el norte por la séptima. Al llegar al Planetario, la situación se puso fea y decidimos volver a casa. Teníamos que dar la vuelta por el barrio La Macarena para recoger las bicicletas. Cerca de un restaurante, un amigo se acercó a ver si podíamos subir por una calle. Los policías se pusieron violentos y empezaron a gritarle. Mi amigo simplemente se giró y les levantó los hombros, un gesto muy inocente, y el policía se lanzó a agarrarlo. Mi novio intervino para mediar palabra y el policía respondió con violencia. Yo estaba unos pasos más atrás cuando sentí el disparo,. De inmediato comencé a sangrar por mi ojo derecho. Entre todo el shock del momento, pude recuperar la vista de mi ojo izquierdo, pero sabía que algo muy grave había pasado con el otro ojo.
RAYA: Muchos relatos se quedan en el impacto físico, pero poco en el «después inmediato». ¿Cómo fue despertar en un país que le acababa de arrebatar una parte de tu cuerpo?
Leidy Natalia: Fue muy raro. Yo había estudiado ciencia política y había hecho trabajos sobre violencia policial; conocía casos como el de Javier Ordóñez o Dilan Cruz. Al llegar al hospital, me confirmaron el estallido ocular severo. Los médicos me dijeron que probablemente no volvería a ver. Inmediatamente hice un live en Instagram contando lo que me pasó. Recibí mucho apoyo, pero esa misma noche me bloquearon mis cuentas de Instagram y Facebook.
RAYA: ¿En qué momento la búsqueda de justicia se transformó en una amenaza de muerte para usted?
Leidy Natalia: Todo empezó esa misma noche del live. Al tener mucha visualización, le llegó la información a la policía, a la alcaldía y a sectores de exmilitares. Al día siguiente de mi operación, mientras estaba en recuperación, mi mamá notó que policías de civil estaban preguntando por mí en el hospital. Un médico se dio cuenta del peligro y nos ayudó a salir escondidas por el parqueadero en un taxi. Luego, en mi barrio en Bosa, empezaron a pararse patrullas frente a mi casa. Alguien metió pólvora debajo de nuestra puerta e incendió el tapete. Recibía mensajes de policías uniformados en redes diciéndome que si me veían me harían lo mismo en el otro ojo. Incluso intentaron tumbar a mi mamá de su moto con machetes. Ahí entendí que ya no era solo gente detrás de una pantalla; sabían dónde vivíamos, sabían los horarios en los que nos movíamos, sabían todo.
RAYA: ¿Y en qué momento entendió que la única salida era irse del país?
Leidy Natalia: Una cosa era que me tuvieran amenazada a mí, pero otra muy distinta que se metieran con mi mamá, ahí pude entender lo grave de la situación y por qué mis denuncias estaban comprometiendo la vida de mi mamá. Ese día le dije a mi mamá que debíamos irnos del país. No tenía pasaporte, nunca había salido del país, pero decidimos vender todo para comprar los pasajes en noviembre de 2021. Cuando ya habíamos pasado migración y estábamos abordando, el manager de la aerolínea nos detuvo diciendo que la policía informaba que yo no podía salir del país. Fue un pánico total. Gracias a la presión de Amnistía Internacional, que sabía de mi caso, que me había acompañado en las denuncias y que envió una carta responsabilizando a la aerolínea si algo me pasaba esa noche, nos permitieron volar al día siguiente. Llegué a Noruega el 5 de noviembre.
RAYA: ¿Cómo ha sido cargar con las secuelas físicas y con la ausencia de atención del Estado?
Leidy Natalia: En Colombia tuve buena atención física porque mi papá me tenía en medicina prepagada; si hubiera tenido SISBEN, hoy no tendría ni mis cirugías completas. Pero la prótesis que me dieron era de un material muy malo, un plástico que me causaba ampollas por la resequedad. En cuanto a lo psicológico, el Estado me dio la espalda. Fui a una cita por la EPS y el psicólogo se dedicó a darme una clase de cómo me iba a sentir en lugar de preguntarme cómo estaba. Solo encontré alivio gracias a organizaciones como CAPS y mi psicóloga actual, Clarissa, con quien llevo cuatro años. Ha sido una organización externa la que ha suplido lo que el Estado rompió.
RAYA: Recientemente condenaron al agente del ESMAD responsable a siete años de cárcel. ¿Qué siente ante esta sentencia y qué deja pendiente la absolución de los altos mandos?
Leidy Natalia: Es insuficiente. ¿Quién dio la orden de disparar a los ojos? No fui solo yo, fuimos más de cien personas con trauma ocular. Me parece una injusticia que condenen al patrullero —un muchacho que quizás seguía órdenes— mientras sus superiores salen limpios. El comandante que estaba allí me vio herida y no llamó a una ambulancia, no hizo nada. Eso es negligencia y debería ser condenado. La justicia es ineficaz porque una condena de años no me devuelve lo que perdí. Para mí, la verdadera reparación sería la verdad: saber por qué nos dispararon como si fuéramos el enemigo.
RAYA: Usted ha hablado de una intención detrás de la violencia ocular. ¿Crees que hay un mensaje de castigo social en apuntar a los ojos?
Leidy Natalia: Sí. Es un castigo social. Querían marcar físicamente con algo visible para que la sociedad entendiera que lo que hacías estaba mal. En mi caso, yo era la única mujer en un grupo de hombres. Siento que el mensaje era: «esto te pasa por ser mujer y estar en la calle».
RAYA: ¿Qué parte de usted no pudieron cegar ni con el disparo ni con el exilio?
Leidy Natalia: Mi creencia en los derechos humanos y en que el amor puede revolucionar el mundo. El día del ataque me dispararon dos veces: en el ojo y en la pierna. Creo que querían verme tirada en el piso, pero no lo lograron. Salí de ese lugar caminando, con la frente en alto y sin derramar una lágrima. Esa dignidad no me la quitan nunca.
RAYA: ¿Cómo es su vida en el exilio? ¿Siguen vivos sus mismos sueños?
Leidy Natalia: Es frustrante. Mi proyecto de vida se detuvo. Yo quería hacer una maestría en derechos humanos y trabajar en Colombia; ahora trabajo en algo que no tiene nada que ver, lidiando con un idioma nuevo y un sistema al que no pertenezco. A veces paso de ser defensora de derechos humanos a ser vista solo como una víctima, y eso pega duro.
Sigo en reconstrucción. Me atemoriza pensar en volver porque he hablado sin tapujos contra el Estado. Pero sigo conectada con las víctimas en Colombia, exigiendo justicia por los otros «pelados» que perdieron sus ojos. Mi sentencia es solo una entre más de cien. La lucha es porque la justicia sea para todos.
RAYA: Y ya para terminar: ¿se imagina volviendo en algún momento a Colombia?
Leidy Natalia: No, la verdad es que solo pensarlo me da pánico, porque todo lo que he dicho puede jugarme en contra, Colombia no me ofrece las garantías para volver. Aún con todo lo que implica estar en exilio y tener que replantear mi vida, prefiero seguir aquí alzando la voz por todas aquellas víctimas de violencia ocular que, al estar en Colombia, no pueden hacerlo.
