¿EL MUNDO SEGÚN TRUMP?.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com / RED Noticias de Colombia.  _____

«Hagamos a Estados Unidos grande otra vez»; tras este eslogan se parapeta la ambición imperialista de Trump. La ley del más fuerte, despojada del más mínimo respeto por el derecho internacional y la libre determinación de los pueblos, es la bandera que enarbola este hombre, que se jacta de pisotear a cualquiera, sea individuo o nación, que se atreva a interponerse en su propósito expansionista que ya desborda todo control ético y diplomático.

Donald, no pide permiso, abusa de su fuerza bélica y financiera. Los ejemplos recientes son flagrantes, se metió a la fuerza a Venezuela, aprieta la pinza del bloqueo contra Cuba, amenaza con aranceles incluso a la Unión Europea y, ahora en una escalada bélica, bombardea la República Islámica de Irán de la mano de su aliado natural en prácticas inhumanas, Israel.

¿Quién o qué podría interponerse en su camino? Está claro que no será la Unión Europea, que hoy se encuentra maniatada y condescendiente ante el poder imperial; basta leer los comunicados de Ursula Von der Leyen, cuyos términos parecen legitimar  los desafueros de Trump. La ONU y demás organizaciones multilaterales han pasado a ser el hazmerreír de un hombre que, en un alarde de mesianismo, ha llegado a fundar su propia organización mundial con una figura de presidencia vitalicia “La Junta de Paz”. Estas acciones aumentan la arrogancia y el abuso de poder de un solo individuo.

Hoy por hoy, los únicos países que podrían contrarrestar el poder creciente y la ambición de Trump son China y Rusia, o en su conjunto, el bloque de los BRICS. Son ellos quienes poseen el armamento disuasivo frente a los excesos de Washintong y el poder económico como organización para proponer un orden.

Es evidente que los intereses del presidente estadounidense no coinciden con los de su país. En su jerarquía de prioridades prevalecen: su inconmensurable ambición económica y de poder; el beneficio de sus financiadores de campaña, los grandes magnates petroleros, y su anhelo de erigirse como el faro absoluto del orbe. Todo esto, mientras teje cortinas de humo para desviar la atención de sus procesos judiciales y las grietas de gobernabilidad en su propio suelo.

El temor más profundo de Trump radica en la hegemonía económica de China. Mientras la nación oriental camina hacia la autosuficiencia competitiva, el gigante del norte parece extraviar el rumbo productivo. No olvidemos que EE.UU suele equilibrar sus arcas mediante la emisión de bonos del tesoro, el asalto a las reservas minero- energéticas globales o la instigación de conflictos armados en los cinco continentes.

¿Cuánto tiempo habrá de soportar la humanidad este abuso de fuerza e irrespeto a la diplomacia? El mundo aguarda, con una mezcla de zozobra y enojo, el momento  en que la prepotencia ceda ante la cordura, antes de que el incendio que hoy es atizado por Trump y Netanyahu  termine por consumir la paz global y a la humanidad entera.

El mundo no puede ser según la voluntad y conveniencias egoístas de este soberbio reyezuelo.

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