A PROPÓSITO DE LA SEMANA SANTA.

De la resistencia espiritual a la lucha institucional: confrontar el poder en dos épocas______

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com  _____

Desde una mirada crítica y reflexiva, aproximarse a la figura de Jesús de Nazaret implica más que un ejercicio de fe, una lectura política del poder en su tiempo. Al contrastarlo con la labor de Iván Cepeda Castro en nuestro tiempo, emerge una pregunta incómoda pero necesaria sobre cómo, en distintas épocas, quienes desafían el orden establecido terminan revelando las tensiones entre justicia, verdad y poder.

De acuerdo a los relatos de la Biblia, y a una visión del estatus quo existente en las diferentes épocas, Jesús de Nazaret y sus doce apóstoles representaron una ruptura profunda con el orden político y religioso de su tiempo. En un contexto dominado por el Imperio romano y élites religiosas, conformadas por grupos con autoridad espiritual, social y también política dentro del pueblo judío que legitimaban las desigualdades: los saduceos, los fariseos, los escribas y el sumo sacerdote, que no solo lideraba el culto, sino que también actuaba como intermediario con las autoridades romanas.  Estas élites religiosas no solo guiaban la fe, sostenían un orden social y político que el Nazareno cuestionó profundamente.

Jesús controvirtió estas estructuras de poder que excluían a amplios sectores de la población, su mensaje, aunque espiritual en apariencia, implicaba una crítica directa a la injusticia social y a la concentración de poder. Los apóstoles continuaron esa labor, expandiendo una visión que desafiaba tanto la autoridad política como la religiosa.

Por otro lado, Iván Cepeda Castro y sus colaboradores cercanos encarnan una forma contemporánea de confrontar el estatus quo desde dentro del sistema, lo que supone una estrategia compleja pero potencialmente más efectiva en contextos democráticos. En un país marcado por desigualdades históricas y conflictos armados, Cepeda ha mantenido una postura consistente en la defensa de los derechos humanos, la verdad y la justicia, enfrentando sectores de poder que han buscado perpetuar privilegios y narrativas oficiales.

A diferencia de una oposición meramente retórica, su acción política ha estado respaldada por investigaciones, denuncias y acompañamiento a víctimas, lo que le otorga legitimidad y profundidad a su crítica.

Jesús utilizó la enseñanza, la acción simbólica y la construcción de comunidad como herramientas para evidenciar la injusticia del sistema, situándose deliberadamente al margen de las estructuras de poder. En contraste, Cepeda ha optado por una confrontación estratégica desde el interior de las instituciones, aprovechando los mecanismos legales y democráticos para impulsar cambios. Lejos de ser una limitación, esta vía permite traducir la crítica en acciones concretas, debates parlamentarios, procesos judiciales y visibilización pública. En este sentido, su forma de confrontación no solo denuncia, sino que también busca transformar de manera tangible las condiciones que sostienen el estatus quo.

En todas las épocas, el enfrentamiento con estructuras de poder conlleva riesgos. Jesús fue ejecutado, y sus seguidores perseguidos, como respuesta a una amenaza que desbordaba los límites tolerables del sistema. En el caso de Iván Cepeda, aunque se mueve en un marco democrático, ha enfrentado amenazas, estigmatización y riesgos personales en un contexto de conflicto y polarización política. Campañas de desprestigio y riesgos personales graves de manera constante. Esto pone en evidencia que, cuestionar intereses establecidos sigue teniendo un alto costo, lo que refuerza la idea de que su labor no es meramente formal, sino profundamente desafiante al sistema.

Entonces, tanto Jesús y los apóstoles como Cepeda y sus colaboradores, comparten el compromiso de confrontar estructuras injustas, en el caso de Cepeda resalta la posibilidad de impulsar transformaciones reales desde dentro del sistema. Mientras la ruptura de Jesús fue radical y externa, la acción de Cepeda demuestra que la persistencia, el uso de herramientas institucionales y el respaldo a las víctimas pueden generar cambios sostenidos. En contextos contemporáneos, donde las reglas democráticas ofrecen espacios de disputa, su enfoque representa una forma eficaz y legítima de desafiar el poder establecido sin renunciar a la transformación social. Aunque separados por siglos y contextos radicalmente distintos, ambos casos reflejan cómo el cuestionamiento del orden establecido suele implicar, lucha, resistencia y compromiso con una causa transformadora.

 

 

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