LO QUE NOS DEJÓ SEMANA SANTA: EL BANQUETE DE LOS ALGORITMOS.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com  _____

En la “semana mayor”, los feligreses, creyentes religiosos, conmemoraron dentro de toda la gran liturgia el milagro de la multiplicación de los panes. En los espacios de la alta política de la derecha colombiana y los búnkeres tecnológicos de los Bautista estaba en proceso un milagro mucho más profano y terrenal, la multiplicación de los algoritmos.  ______

Podemos indicar que la diferencia es abismal, perversa y maquiavélica, si en el pasaje bíblico se trataba de saciar el hambre de multitudes desamparadas, el prodigio digital de Greg and Sons que es amparar presumiblemente la ambición de De La Espriella, está diseñado para saciar el hambre de poder de unos pocos. Allí hubo cinco panes y dos peces, aquí hay líneas de código y bases de datos. Resumiendo, en el primero hubo fe. En el segundo, sospechas con olor a azufre.

En la Judea de hace dos milenios, el milagro fue público y a plena luz del día; en la registraduría colombiana del siglo XXI, el «milagro» electoral se pretende cocinar en la sombra de un software privado, inaccesible al ojo del común.

Resulta entonces que la democracia de nuestro país no se diligencia en las urnas, sino en el silencio de un código fuente. La denuncia conocida sobre el presunto y perverso maridaje para el delito, entre el histriónico candidato de la derecha Abelardo de la Espriella y los señores Bautista, dueños y señores de esa operativa registraduría a la sombra llamada Thomas Greg & Sons, nos pone frente a un espejo roto, una imagen deformada de la realidad y a la pérdida de la identidad ética de un sector político en nuestro país. Traman un fraude con la misma facilidad en la que se ponen de acuerdo para recuperar y firmar un contrato de pasaportes.

Y ahora según los medios y los mismos políticos de esa corriente, salen a vociferar asegurando que el delito está en otra acción. En el cómo y el cuándo se destapó esta olla podrida y por parte de quién.

Surge entonces la pregunta de rigor, ¿qué es más relevante? ¿Qué un juez, en medio de las pesquisas judiciales contra los Bautista, haya encontrado el hilo en la madeja, o que la noticia la hayan hecho pública para que el ciudadano de a pie sepa a qué atenerse?

La respuesta es clara: el descubrimiento judicial es un hecho técnico, pero la denuncia pública es un hecho político que salva el sistema. Si este hallazgo se queda durmiendo el sueño de los justos en un expediente de 500 folios en el escritorio de un despacho en Bogotá, la democracia habría muerto en la oscuridad. El descubrimiento por parte del juez es la prueba reina, se topó con el delito, el cáncer de la corrupción.

En este país donde los expedientes se “embolatan” o las investigaciones caducan – por vencimiento de términos- darlo a conocer a la opinión pública es el único antídoto contra la impunidad.

No nos llamemos a engaños, De la Espriella con su estilo farandulero de dandi de opereta, sale a vociferar que es un “montaje” de la Casa de Nariño. Los Bautista, por su parte, guardan ese tal “silencio corporativo” que suele ser el preludio de un gran negocio o de una gran huida. Colombia ya escuchó, el ruido ya está hecho.

Si el juez encontró el rastro mientras investigaba otras andanzas de estos señores de los pasaportes, cumplió con su deber. Pero que la prensa alternativa y la ciudadanía lo discutan es lo que realmente le pone los pelos de punta a quienes creen que pueden comprar la voluntad popular con un clic.

Al final, de nada sirve descubrir que el lobo está en el gallinero si no se da la alarma a tiempo. En esta trama, la luz del sol sigue siendo el mejor desinfectante, por más que a algunos les moleste el resplandor.

Santo Abelardo y los mercaderes del templo, se equivocaron de época y de milagro. Ahora la Fiscal general tiene la palabra, la Nación estará atenta.

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