UN VIRREY DE CARICATURA: EL ABISMO ÉTICO DE ABELARDO.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com  _______

El panorama político colombiano afronta uno de los mayores retos democráticos de los últimos años, gracias a la no muy atinada aparición de Abelardo de la Espriella en el escenario electoral colombiano. Lo que inicialmente se tomó como una puesta en escena, una especie de performance con una propuesta de exceso y opulencia teatral, se ha convertido en una realidad de liderazgo caracterizado por la violencia verbal, la soberbia y un reconocido desconocimiento de la realidad del país. Puede decirse que este candidato se ha convertido en una seria amenaza a la estabilidad institucional de la Nación con su burdo remedo de las posiciones antidemocráticas de Milei y Trump.

A este pretencioso “virrey de las indias occidentales” no le importan las formas, la ética ni las buenas maneras. Su estilo de filipichín de Rebolo nos hace evocar las páginas más oscuras del sectarismo conservador de antaño. Su retórica violenta ha llegado a proponer “destripar” a la izquierda colombiana describiéndola como un «cáncer» que debe ser erradicado» en contexto, no significa una simple provocación electoral, es una incitación directa a la eliminación del contradictor político. Colombia aun intenta sanar las heridas de un pasado violento, de un conflicto armado de más de medio siglo, la validación de este tipo de discursos, implica un retroceso hacia la barbarie.

Sus recientes salidas en falso, han dejado al descubierto una faceta mucho mas peligrosa, la misoginia, el machismo, el irrespeto hacia la mujer y su marcado racismo. El trato inapropiado y grosero hacia dos mujeres periodistas en una sola jornada, deja en evidencia su falta total de respeto y un profundo desprecio por el género femenino y la libertad de prensa.

Tildar de ignorante a la presentadora María Lucía Fernández por el simple hecho de cuestionarlo demuestra su total incapacidad para someterse al escrutinio público; del mismo modo, alardear sobre el tamaño de su miembro en un programa de radio y acosar implícitamente a una comunicadora invitándola a fijarse en su bragueta, no son gestos de un líder auténtico y menos de alguien que pretende, eso si, con demasiado optimismo, ser presidente de la república. Estas son conductas de un monocuco ordinario que confunde el carisma y autoridad con el abuso de poder y la ordinariez.

De otra parte, a esta peligrosa agresividad ideológica se le suma la alarmante falta de rigor programático. A Colombia la aquejan numerosos y complejos problemas de desigualdad, en economía, seguridad etc, las propuestas de este candidato son soluciones cosméticas y efectistas, diseñadas para alimentar su descomunal egolatría y no para transformar y sacar adelante el país.

Es así que, en su soberbia e ínfulas de estar por encima de todo, se fue de lengua con declaraciones de rancio y apestoso racismo. Se reconoce en su personalidad el clasismo acomodado del que hace gala como “trepador” social, condensándola en una vergonzosa expresión, “no como de indio, ni como de negro” al ser interrogado sobre el orden público, específicamente sobre cómo manejaría asonadas, bloqueos y protestas en el Cauca, esta manifestación es una afrenta a la diversidad constitucional de la Nación.

De todas maneras, lo verdaderamente alarmante, más allá de las patologías éticas de este personajillo, es la complicidad del silencio. Es repugnante ver a una periodista acosada en una mesa de trabajo y a sus compañeros varones callados ante la afrenta, dejándola sola. ¿es esta una conducta de maltrato que se ha normalizado en nuestra sociedad contra la mujer?

Cabe entonces preguntarse si a las seguidoras y seguidores en general de este “proyecto político” no les genera un profundo cuestionamiento moral apoyar a un individuo tan desprovisto de sensibilidad social y respeto básico.

Colombia no necesita un monarca de opereta, un verdugo mediático y mucho menos un aparecido que empuje al país al abismo social; el país necesita un líder capaz de unir y construir, con sensibilidad social y humana, no un peligroso caudillo elevado por la ultraderecha, que hace de la ordinariez su principal propuesta de gobierno.

Compatriotas, mucho cuidado con este camaján de esquina con ínfulas y aderezo de virrey de “Chupamestepenco” como diría Suso.

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