EL COSTO DE LA HISTORIA: JUSTICIA Y MEMORIA.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com _____

El tiempo de pagar las deudas con la Nación está más cerca. El tic-tac del reloj de la vida suena con fuerza en una sentencia irreversible. Las alarmas mediáticas y políticas no se pueden apagar ya con trinos enfurecidos ni discursos venenosos; tampoco con comunicados amañados del Centro Democrático, esta camarilla, que hoy parece más un centro de acopio de odios y angustias, que un partido político viable.

Uribe que se creyó el dueño absoluto de Colombia, hoy arrastra los pies por el camino de su propia decadencia, atrapado por una realidad social que decidió sublevarse contra el mito y la soberbia de la omnipotencia. El otrora poderoso elector, el encantador de serpientes, hoy deambula desterrado por pueblos olvidados y veredas, en una tozuda cruzada para seguir vigente. La gente ya no asiste a sus reuniones, ya no lo aplaude, al contrario, perdió su miedo y le endilga en la cara sus deudas con la historia del país; le enrostran los crímenes por donde pasa.

Para sus copartidarios y ahora amos del partido se ha convertido en un estorbo, un lastre que resta en vez de sumar. La Paloma, su otrora fiel escudera, que adoptó sus dichos y hasta el tono doctrinario y confrontativo de voz, prefiere hoy marcar distancia para tratar de salvar su propio pellejo en esta contienda electoral. En una campaña que el mismo parió y señaló con quién, ahora es un fantasma incómodo, un mueble viejo arrinconado, ocultado para evitar abucheos más altos que espanten los poquitos votos que les quedan.

La derecha colombiana está atomizada, se despedaza en peleas intestinas en un afán codicioso para obtener migajas de un poder que ya no ostentan, mientras tanto, las encuestas, la opinión pública y las redes sociales los hunden en el abismo de cifras marginales, están en los estertores de la derrota final. Ya nadie le teme al titiritero, los hilos del poder se los quitaron y quienes heredaron de mala manera, no los supieron manejar.

El colapso físico por los años, está acompañado por la decadencia mental, emocional y espiritual. Debe ser para este señor un infierno insoportable, observar como el tablero de ajedrez que controló con mano de hierro, con sevicia contra la Nación, hoy ya no le pertenece; ahora está en manos del progresismo con otra filosofía, otro hacer, una manera distinta de comportamiento político y social. Iván Cepeda, tal vez a quien considera su peor enemigo, su castigador, es muy seguramente el próximo presidente de Colombia y eso, no creo que lo deje dormir.

La inminente victoria de Cepeda en las urnas, muy a pesar de los pataleos y componendas, no significa solo una derrota política, sabe que es el desmonte definitivo de la impunidad judicial; del andamiaje grotesco de magistrados amigos, fiscales de bolsillo, jueces y testigos comprados, todo se desmorona ante sus ojos incrédulos, en una inevitable realidad.

De otra parte, las acusaciones nacionales e internacionales contra el señor de la guerra que logró aplazar con artimañas, hoy están tocando a su puerta para un veredicto definitivo. Su desespero es el miedo de aquel que sabe que un calabozo real lo espera, aunque una celda moral ya lo atrapó, la intranquilidad y el tormento lo atosigan de manera irremediable por sus abominables acciones.

La cuenta regresiva se ha acelerado por estas causas, pero mientras hay un desenlace final, el hombre del Ubérrimo continuará arrastrándose de una manera que su arrogancia no le permitió prever, con un agravante, viendo como el país que intentó arrodillar camina sin él, soportando el costo del desprecio ciudadano que hoy se respira en las calles.

Vivirá para observar cómo sus herederos de sangre y políticos provocan repulsión colectiva, como sus esbirros caen uno tras otro sin esa mano larga, enguantada, que antes los amparaba.

Sin embargo, aun no es el tiempo de descansar ex presi, resista el deterioro, contenga ese último vital aliento porque la historia debe cobrarle lada lágrima, cada fosa común, cada inocente asesinado bajo su política de seguridad democrática, antes de permitirle el olvido, ¿perdón?, creo que hasta allá no llegamos.

La condena va madurando, cuando haya una sentencia en firme y su legado esté completamente extinguido, solo en ese instante, usted debería expirar definitivamente. Mientras tanto, viva y sufra su propio ocaso, el castigo final ha comenzado.

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