SANCHO MAC MASTER Y LA ÍNSULA DE LOS PEAJES.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com ______

En Colombia hay personajes que de tanto hablar como vocero del poder económico y defensor de los grandes capitales, terminan creyéndose el cuento que son los dueños o administradores del reino. Eso perece que le está ocurriendo a Bruce Mac Master, quien decidió meter baza en el debate sobre los peajes del Eje cafetero y la concesión de Autopistas del café, sin que le corresponda.

Recordemos que hay miles de ciudadanos que soportamos permanentemente tarifas elevadas, las más altas del país, y una movilidad cada día más costosa. Mac Master brinca como defensor de los grandes capitales, dueños de las concesiones, como si el interés público tuviera que subordinarse a los negocios privados. No habla este pretencioso Sancho colombiano como observador neutral; habla como vocero de quienes tienen en cada peaje una renta asegurada en el modelo económico que defienden.

Es así como esta escena se parece al episodio de Don Quijote de la Mancha en la cual Sancho Panza, recibe el gobierno ficticio de la ínsula y embriagado por el poder prestado, comienza a resolver asuntos que no le corresponden y a asumir responsabilidades ajenas. Recordemos que todo termina siendo una farsa.

Mac Master se viste de Sancho moderno por obra y gracia de su arrogancia y la orden sin chistar de sus patronos. El no fue elegido por las comunidades del Eje cafetero, mucho menos representa a quienes diariamente recorren las vías de los tres departamentos entre Pereira, Armenia y Manizales, con un pago oneroso de peajes que golpean el bolsillo de trabajadores, campesinos, estudiantes, transportadores etc. Sin embargo, habla a grandes voces como su fuera el gobernante de la ínsula vial colombiana.

Este Sancho prepotente y banal se inmiscuye en una discusión planteada entre el gobierno Nacional, la ANI y las comunidades para buscar alivios tarifarios y mecanismos de concertación. Y lo hace desde la cómoda posición de directivo de los gremios empresariales, precisamente allí donde cualquier intento de revisar privilegios históricos es presentado como una amenaza para la inversión privada.

Debemos tener presente que la indignación ciudadana no nació de un capricho ideológico. Nació del cansancio por el abuso cotidiano, por la sensación de que en el Eje cafetero las comunidades llevan años pagando una y otra vez por las mismas carreteras privatizadas. Lo indignante es que cada vez que se plantea una revisión de los contratos o escuchar a las regiones, saltan como en este caso, los defensores a ultranza del viejo modelo económico a proteger las concesiones como si fueran patrimonio sagrado.

Y en ese escenario actual, hizo su aparición Mac Master con “espada en mano” defendiendo molinos que cree gigantes.

De otra parte, es importante reconocer que no solo se trata de un problema económico, se les olvida que también es un asunto social y político. Cuando un dirigente gremial pretende fijar límites y condiciones al debate democrático, procura convertirse en un poder paralelo para buscar el condicionamiento de las decisiones del Estado.

En esta región las comunidades no están buscando privilegios; están reclamando justicia territorial. Están diciendo que las carreteras deben primero, servir a la gente y no necesariamente a los negocios privados.

Sancho entendió que aquella ínsula era solo una ilusión, ¿será que Mac Master en su agigantada arrogancia comprenderá que Colombia no pertenece a concesionarios ni a los gremios económicos que representa, sino a los ciudadanos que transitan, sostienen al país y crean riqueza día a día?

Sino lo puede entender, la Nación ya lo conoce y sabe que es un atolondrado al que le toca acatar las ordenes inapelables de sus dueños.

 

 

 

 

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