Por Leonardo Franco Arenas – www.latardedelotun.com
—En las redes sociales nuevamente se pusieron de moda las icónicas imágenes del hombre criado en Salgar y sus videos en hermosos y finos caballos de paso colombiano, que según la soberbia y la presunción de los paisanos entendidos, son los mejores del mundo, eso dicen, cabría preguntarles a los criadores de Puerto Rico, Perú y EEUU, que opinan y si están de acuerdo; pero esa sería otra discusión. Lo que me trae a escribir sobre este tema es la imagen de este señor, tomando tinto encima de una bestia, montando y dominando el noble bruto en reuniones de amigos caballistas, en ferias equinas y cabalgatas en diferentes sitios de Colombia, en fin, que no le quepa la menor duda a nadie que es un excelente chalán o montador, en este caso de caballos. Sus amigos poderosos lo alaban y lisonjean de cuerpo presente, los arribistas y pobres diablos con ínfulas de pertenecer a esos clanes lo vitorean desde las precariedades de las redes sociales.
Los caballistas en este país: De los buenos muy poquiticos, criadores de tradición, de linaje y malos, los hay en abundancia, aquellos levantados y nuevos ricos que por presunción, lujo, poder, moda o para lavar capitales aterrizaron allí desde hace unos 40 años, cuando los nuevos ricos producidos por el narcotráfico, según ellos, los elevó de estrato.
Años atrás, fui testigo de un hecho inhumano y cuyo protagonista fue uno de estos personajes. Sucedió en el municipio de Cartago al norte del Valle en la cabalgata de apertura de las fiestas de la población, en los primeros días de un mes de agosto, me encontraba acompañado otras personas en una heladería sobre la carrera 5 entre calles 9 y 10, pasadas las 5 de la tarde a media cuadra del parque principal observando lo que pasaba. Casi siempre los actores de estos eventos son los mismos en cualquier lugar: Caballos, licor, silicona y música arrabalera y esto nos hace testigos de las arbitrariedades que cometen estos personajes, para ellos ese día no hay Dios, ni hay ley. Uno de estos caballistas, subía y bajaba de los andenes sin que los transeúntes o curiosos le importaran y en uno de los giros del caballo con las patas traseras alcanzó a golpear y pisotear una niña de unos ocho años, ella iba acompañada de sus padres que con gritos advirtieron al infeliz lo que acababa de hacer, mientras la madre la auxiliaba y pedía ayuda, el padre encaró al hombre haciéndole el reclamo, enérgica pero decentemente, el hombre desenfundó una pistola y apuntándole preguntaba si se iba a hacer matar por una pendejada. Esa es la imagen que tengo de los caballistas, en su mayoría mafiosos sobre un caballo , haciendo lo que les da la gana.
Ahora bien, dirán que aquellos que están en ferias, en coliseos o en lujosas fincas exhibiendo sus animales son diferentes, mamola! como diría Serpa padre, son iguales. Los patrones están detrás, son dueños de la bestia y del peón en las pistas o en las calles, de los que reciben órdenes y obedecen, los peones y las mozas, montadores y gatilleros. Los patrones solo salen de vez en cuando a solazarse de su poder y de sus capacidades en chalanería, para ser admirados por su corte de aduladores presentes y de aquellos que a duras penas han montado un jamelgo, un jumento y desde la cercanía que les proporciona una red social se vanaglorian de su líder. Actúan tal cual, como semovientes por el irrestricto apoyo al que ha sido el chalan de este país por dos décadas a la luz pública y dos a la sombra. Hace un tiempo un caballo se rebeló y lo arrojó de la silla fracturándole varias costillas, hoy día, ese aún brioso corcel llamado Colombia lo desmonta y no permitirá que monte de nuevo. No confundir un caballista con un caballero.
