Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com _____
Como todo lo que rodea al nuevo gobierno de Colombia y en medio del estruendo mediático, se estrenó el rimbombante y muy poco creativo slogan “La patria milagro”. Una vieja pantomima orquestada desde la derecha colombiana y rodeada de la parafernalia de moda para vender la imagen del “salvador de turno”.
Esta puesta en escena no pasa de ser la etiqueta anodina diseñada para engatusar a una galería nostálgica del autoritarismo y quienes, durante cuatro años han visto tambalear su poder.
Sin embargo, tras el humo de la retórica del nuevo presidente no hay ningún portento espiritual o un prodigioso economista y menos un extraordinario estadista, lo que hay es un verdadero paquetazo chileno cargado de 90 decretos demoledores que, de entrada, hacen a un lado al Congreso y obstruyen parte del trabajo legislativo y constitucional de este. Busca el nuevo gobernante borrar de un plumazo y sin ningún trámite legislativo los avances y logros que, en materia social y con mucho esfuerzo logró estructurar el gobierno de Gustavo Petro, a pesar de la férrea oposición de quienes ahora estarán al frente del gobierno nacional. Esta no es una transición, es una revancha disfrazada de iluminación celestial.
Cabe indicar que este no es un libreto original del tal tigre, es la misma partitura retardataria y anacrónica del pasado, a partir del 7 de agosto próximo será aplicada con todo el malsano poder que estuvo escondido durante el periodo pasado; basta escuchar el discurso De de la Espriella, quien de manera guerrerista e incendiara vocifera “hay que refundar la república” esta frase no es muy original, la escuchamos repetidamente en el gobierno Uribe desde Ralito, épocas aciagas.
Esta retórica para la supuesta seguridad y desarrollo del país, no pasa de ser un pretexto ya antes utilizado para establecer y operar una agenda anti derechos contra la izquierda, a base de pretextos trasnochados. Este gobierno, sabemos, no está mirando un futuro promisorio de la Nación, mira hacia el norte, arrodillado sin el más mínimo pudor, alineándose a una agenda global ultra conservadora liderada por Trump y el denominado Escudo de las Américas para tener a Colombia subordinada a los intereses de ellos.
A todo lo anterior se suman otros hechos que atentan directamente contra la frágil democracia colombiana: el anuncio de la creación de los “Bloques de seguridad urbana” eufemismo utilizado sin vergüenza para ocultar una oscura y macabra realidad, detrás de este “técnico y aséptico” nombre, camuflan un propósito siniestro, presente en la historia reciente del país: el retorno soterrado de las estructuras paramilitares, los fantasmas amenazantes del las AUC reciclados de manera “pomposa” pero que son el mismo producto con idénticos fines, estrechar y ahogar las libertades ciudadanes y las voces contradictorias.
A esta estrategia se agrega el regreso al improcedente servicio militar obligatorio, anunciado con bombos y platillos por esta caterva de violentos, será una fábrica de carne de cañón para una posible confrontación irregular en las calles y en los campos. La protesta social ya no será un derecho, bajo este nuevo catecismo, será un objetivo militar.
Para rematar el cuadro desolador de esta “patria milagrera” basta mirar el gabinete, los anunciados “nunca” que resultaron ser una serie de espectros del pasado, revividos para ir “a por todo”: de esto hacen parte cuestionados ministros, directores de entidades con un oscuro pasado y en el anillo más cercano de asesores, algunos condenados, ex presidiarios e investigados. La misma gente con los pecados de siempre a cuestas; los mismos apellidos que han esquilmado el erario están siendo reciclados para el festín con los recursos públicos y los recursos naturales, de esto lo saben todo.
El tal milagro del gobierno de Abelardo no es más que el viejo truco de la extrema derecha; infundir terror para vender seguridad y arrebatarle al pueblo las conquistas logradas.
Prometieron un milagro pero esto solo .va a ser un ancla al pasado. Nos jodimos, los “nunca” alardeados, son, “los nunca serán honestos” de siempre; ¿Qué tal el tamaño del embuste?
