Por: Leonardo Franco Arenas / www latardedelotun.com ______
Salieron espontáneamente, los primeros, cuando no habían transcurrido más de un par de minutos después de ese terrible remezón de la tierra. A medida que avanzaban las horas se fueron sumando muchos más, jóvenes sobretodo, pero también adultos, vecinos, desconocidos; llegaron de otras regiones, respondiendo a una convocatoria propia: ¡Ayudar!
Se conformó un gran ejército sin armas de cooperadores, el corazón y las manos han sido suficientes.
Los hay de diferentes especialidades, muchas veces surgidas de las necesidades del momento: topos y rescatistas improvisados, cadenas humanas que remueven los escombros, cocineros, empacadores, repartidores, psicólogos sin título ante la tragedia y el dolor humano. Coordinadores de grupos de apoyo, profesionales de la salud, ingenieros, técnicos y un eterno… etc.
Ellos, silenciosamente y sin aspavientos mediáticos son quienes se han echado al hombro este desastre natural y social, sin paga, la mayoria sin dormir, ni descansar. A veces, sin comer ni ver a sus familiares, al sol y al agua.
Héroes anónimos que si bien para muchos pueden pasar desapercibidos, son la base de este arduo trabajo común por la ciudad. Nuestro reconocimiento y admiración total desde los medios alternativos y solidarios y desde la ciudadanía que ve reflejada en todos ellos, la verdadera empatía del ser humano por sus semejantes. GRACIAS.
NO es justo que desde algunas orillas sean atacados injustamente.
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