Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com _______
La derecha de nuevo se tomó por asalto el gobierno central en cabeza de un personaje de tira cómica, un ser histriónico y despótico que actúa como un emperador de republiqueta bananera. _______
En el escenario actual la ultraderecha colombiana no solo tiene ese gobierno ilegítimo, pero al final gobierno, sino que ostenta el poder, ese que después de 200 años de ejercerlo unilateralmente y que ni siquiera en los cuatro años de Petro perdió, porque siempre manejaron las cosas a su antojo desde los mandos medios y escenarios de poder enquistados en el Estado.
Algo se le debe reconocer a esa facción política y es la organización de sus estructuras, esa que han perfeccionado a través del tiempo y la experiencia para manejar este país; ahora que subió Abelardo nos damos cuenta que estuvieron durante cuatro años, no solo ejerciendo una oposición feroz, sin límites éticos, también se concentraron en estructurar un plan beneficioso para ellos en todos los sentidos. Proceder sin escrúpulos al filo de la navaja, pasar por encima de la ley, tan de interpretación en este país de leguleyos, sin importar lo que diga o piense la mayoría.
De eso se trataba recuperar el país para ellos. Llegaron con la retroexcavadora lista para enterrar sin pudor alguno ni trámite técnico, cada renglón, cada reforma y cada avance del gobierno anterior, demostrando que para ellos el Estado no es un pacto social, sino un botín heredado.
En la otra orilla, la inexperiencia de la izquierda se notó en su gobierno desde el primer momento. Las buenas intenciones del presidente Petro de ser inclusivo desde un gran acuerdo nacional, no pasó de ser un sueño para muchos y burla estruendosa para la derecha. Se aprovecharon de ello y fue por eso que se cometieron tantos errores con un grupo de infiltrados quienes, tras su piel de ovejas, tenía ocultos sus afilados dientes para, en el momento indicado, asaltar la buena fe del presidente y le cayeron a dentelladas.
El idealismo democrático sumado a la intención de jugar limpio en un tablero históricamente tramposo, terminaron por maniatarlos. Cuando pretendieron actuar con la contundencia que exige el poder, prefirieron las vías democráticas y la concertación con quienes nunca quisieron concertar. ¿Ingenuidad? ¿inexperiencia? ¿Falta de cuadros políticos y administrativos? ¿falta de preparación en gobierno? Es evidente que se sumaron todas estas variables, pero la más flagrante radica en que, si bien se hizo la campaña para ganar hace cuatro años, en el fondo sus dirigentes, no así Petro, no creían que esto fuera posible; por esto, cuando se obtuvo la victoria, sobrevino el desconcierto, pues ni siquiera se disponía de un plan para enfrentar las estructuras tradicionales de poder.
Doblegar una burocracia perfectamente aceitada no daba para solo discursos, intenciones o improvisaciones, no fueron suficientes las capacidades directivas y operativas, no por falta de ideales, sino por falta de pericia pragmática de gobierno, ante un adversario que conoce desde hace décadas, los resortes del Estado al detalle.
La ultraderecha diseñó durante los cuatro años pasados el asalto al Estado con precisión y frialdad, además de la carencia de escrúpulos que los ha caracterizado, y llegaron como aplanadoras a borrar todo la anterior sin ningún reparo a arrepentimiento. Ahí está la diferencia y es la oportunidad para la oposición para el futuro inmediato, si sabe jugar las cartas y sobre todo la experiencia ganada en el cuatrienio anterior.
