EL OSCURO NEGOCIO DE ALGUNAS FUNDACIONES EN COLOMBIA.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com  ______

El escándalo suscitado por los supuestos  malos manejos que se están dando a los recursos de las donaciones internacionales,  las grandes corporaciones nacionales y, en general, de los colombianos solidarios con los damnificados de la pasada tragedia del 10 de agosto, ha puesto sobre la mesa un debate tardío sobre las acciones, responsabilidades sociales y, sobre todo, los beneficios económicos de estas captaciones en especie y en dinero de entidades “sin ánimo de lucro”, que aprovechan estos momentos de solidaridad social para hacer de las suyas.

Para nadie es un secreto que, bajo ese discurso de filantropía y nobles intenciones, se esconden muy frecuentemente entramados para evasión fiscal y enriquecimiento privado. Estos puntos de quiebre que surgen a partir de las tragedias y necesidades humanas, cuando cientos de personas requieren ayudas urgentes y se acude a la solidaridad de sus semejantes, son el caldo de cultivo para que grupos empresariales, ejecutivos “humanitarios” y sobre todo “gestores sociales” se aprovechen del dolor ajeno. Este sistema se ha sofisticado de tal manera que ahora grandes inversionistas, políticos y oportunistas millonarios hacen parte de él creando sus tales Fundaciones.

Nombremos solo algunas: Fundación Colombia Luz y Sonrisas, constituida formalmente el 7 de julio de 2026 por Ana Lucía Pineda (esposa de Abelardo), está envuelta en un lío de marca mayor porque no dan informes sobre las grandes donaciones captadas que, según cálculos pesimistas pueden ascender a U$50 millones.

Solidaridad por Colombia creada en el año 1975 por iniciativa de Nydia Quintero Turbay, esposa de JC Turbay de la cual nunca se ha tenido certeza ni cuentas claras sobre las donaciones y en que se han invertido los recursos en estos 50 años de actividad de recaudo social.

Teletón, constituida en 1980 por el presentador y gestor social Carlos Pinzón y lo que se presentaba como una ayuda integral y loable a las personas en situación de discapacidad en Colombia. Desde hace muchos años dejó de ser esa ayuda resultado de los eventos televisivos anuales para transformarse en una entidad de atención médica privada en alianza con el Instituto Roosevelt.

También está, Vamos pa’ lante, la “admirable campaña” de Caracol W que ha acumulado más de $49.000 millones de pesos y ya va por su novena edición consecutiva, una alianza de la W con Universidades privadas.

La solidaridad de los colombianos, organismos multilaterales y gobiernos extranjeros no puede seguir siendo la caja menor ni el negocio privado de un puñado de oportunistas sin escrúpulos.

Los órganos de control, de manera urgente, deben ejercer la fiscalización rigurosa de dineros y estados financieros de dichas organizaciones sin ánimo de lucro. La buena fe de los donantes y el dolor de las víctimas de estas situaciones de emergencia, no pueden ser un cheque en blanco para que estos avivatos se enriquezcan. La transparencia y el control con sanciones ejemplares para quienes no respondan debidamente, deben activarse de manera inmediata para que estas entidades sin ánimo de lucro no continúen con el descarado y lucrativo negocio particular.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *