EDITORIAL – EL ESPECTADOR 02.11.26 – EMBAJADOR GAONA: EL ACUERDO DE PAZ SI ES UN MODELO PARA EL MUNDO.

Fue muy extraño escuchar, en pleno Consejo de Seguridad, a Mauricio Gaona, embajador de Colombia ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En el espacio diseñado para darle acompañamiento global al Acuerdo de Paz que se firmó con las FARC, el representante de todos los colombianos dijo que debería revaluarse la manera en que se ha entendido lo que ocurrió en nuestro país. No lo hizo para pedir que se acompañara más a nuestra nación o se buscaran recursos para impulsar los aspectos pendientes del Acuerdo, sino para concluir que las naciones del mundo han sido engañadas y que no deberían ver el pacto de paz como un referente. No compartimos sus argumentos y nos preocupa que esa sea la versión que ahora se le presenta al mundo, contrario a la evidencia que tenemos de estos 10 años de acuerdo.

“No somos un país que goce de los beneficios de un proceso de paz (…) el Acuerdo de Paz no es un modelo para el mundo”, afirmó Gaona. El embajador agregó que “el proceso de paz no ha sido final, estable ni duradero” y que la administración del presidente Abelardo de la Espriella no está “en contra de la paz, estamos en contra de la impunidad”. Es curioso que la representación colombiana le diga esto al Consejo de Seguridad que año tras año ha recibido informes de expertos e independientes que hablan de todo lo que se ha logrado con el Acuerdo de Paz, de cómo las fallas han venido por falta de voluntad política y de recursos. Si alguien conoce muy bien lo que se firmó, lo que se implementó y lo que ha faltado es la ONU, que ha hecho presencia constante incluso en gobiernos hostiles al Acuerdo.

Decir que Colombia no tiene una paz “final, estable ni duradera” es una de esas frases que más parecen discurso político que una descripción de la realidad. Sí, por supuesto que la violencia en nuestro país ha seguido siendo uno de los problemas más constantes, pero hay que rastrear lo que ocurrió para entender que no fue culpa del Acuerdo. ¿Olvidamos tan rápido que 2017, justo después de la firma, fue la tasa de homicidios más baja en décadas y el desplazamiento cayó en cifras históricas? ¿Negamos, también, que la entrega de armas fue exitosa y que la abrumadora mayoría de los excombatientes de las FARC le siguieron apostando a la legalidad a pesar de estar siendo perseguidos, asesinados y que el Estado ha fallado en sus compromisos? ¿Cómo entender que los territorios que más apoyan el Acuerdo son los mismos que más sufrieron la influencia de las FARC y que ahora están sometidos a violencia de actores criminales ligados al narcotráfico?

Decir que nuestro Acuerdo de Paz no es un modelo para el mundo es no conocer los procesos de paz en el resto del planeta y también negar los avances que trajo la experiencia de nuestro país. Los juristas internacionales, incluida la Corte Penal Internacional, que vienen a Colombia para estudiar y comprender cómo la Jurisdicción Especial para la Paz es una alternativa viable de construcción de verdad en medio de la guerra no son ingenuos ni están engañados: comprenden que todos los acuerdos de paz tienen dificultades y reconocen cuando un país encuentra fórmulas a pesar de esas dificultades. Y ni hablar de la Comisión de la Verdad, cuyo documento final ha sido estigmatizado por un sector político del país, pero que logró hablar con víctimas en todo el país y dar un relato integral, complejo y muy valioso sobre el conflicto en Colombia.

Hay mucho por mejorar de lo que hicimos y seguimos haciendo, eso no lo dudamos. Pero tenemos que construir sobre lo construido, y eso parte por ser sinceros sobre lo que sí se hizo bien. Afuera lo ven con más claridad que adentro, pareciera.

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