Por: Leonardo Franco Arenas
___A Colombia la están arrinconando, todo lo que está sucediendo no puede ser producto de la ineptitud del presidente, de la arrogancia y la falta de visión en las decisiones descabelladas del gobierno, tampoco de iniciativas de terror de algunos miembros de las fuerzas militares, menos, la corrupción rampante y desvergonzada que se pasea por todas las instancias del estado y ni siquiera dan explicaciones por sus actuaciones. Lo anterior no puede ser resultado de acciones inconexas, deben hacer parte de un plan macabro para conducir la nación al caos como ya lo han expresado, resultado, de una posible condena al ex. Aquí parecen estar creados unos objetivos claros, y es la desestabilización del país, que el pueblo se movilice masivamente con estas provocaciones y tener la excusa perfecta para “ceder el mando” temporalmente a los militares, mientras tras bambalinas se oculta el verdadero motivo de este plan y sus hacedores.
Una real y pareciera inmutable espada de Damocles pende sobre nuestro país. El cauce de los actuales acontecimientos nos lleva a visualizarla, pero, sobre todo a temer que estamos avocados a una instancia terrible de nuestra historia. El apego al poder y el temor que por fin desplazó a la soberbia de sentirse intocable (el patrón), hace posible otro escenario, una dictadura, los colombianos creíamos que esto estaba reservado para otras naciones u otras latitudes. Las frases de algunos de los más fieles seguidores del doblemente ex parecen confirmarlo, Paola Holguín, Ma Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Vicky Dávila, representantes, senadores del centro democrático y otros más, parecen corroborarlo. Las amenazas no tan veladas en ocasiones, convocar a la reserva (léase militares), advertir que si no se declara inocente al reo este país colapsará; esto permite avizorar un futuro más que incierto, oscuro, para Colombia. La cooptación de las instancias de control, fiscalización de la nación ha llegado a su máxima expresión, el Congreso que en toda nación libre y soberana ejerce el control legislativo sobre las propuestas del ejecutivo, se ha plegado a su voz autoritaria y de mando. No hay quien realice el mínimo control sobre lo que cotidianamente pasa en la vida nacional, solo unos pocos controvierten y hacen sentir su voz de protesta; el ciudadano atrapado entre la pandemia, la crisis y esta dicotomía de intereses sociales, se desgañita gritando su descontento, pero es ignorado olímpicamente.
La justicia se despereza, comienza a hacerse sentir; trata de recuperar no su brillo ni su historia, si no su responsabilidad frente al país en su función de guardián del estado social de derecho. Las voces de los ciudadanos comienzan a dejarse oír, las redes sociales interactúan en esta realidad, jugando un papel preponderante en este fenómeno de insatisfacción social; una oleada de protestas se levanta exigiendo un cambio en la justicia, frente a hechos ocurridos en los últimos 30 años, pero, sobre todo a los que se presentan en el acontecer diario. Hace un tiempo se viene hablando de convocar a una constituyente para una reforma a la justicia, con la excusa expresa que al sr Uribe la que existe no le sirve, o ha descubierto, que ya no tiene como doblarle el espinazo y arrodillarla a sus intereses. El temor fundado, es que allí se cuele un articulito o se hagan varias jugaditas, ejercicio en el que los alfiles del ex son expertos, cabe recordar que una constituyente se sabe cómo inicia, pero no como termina; bien podrían habilitar al hombre del Ubérrimo para ser candidato nuevamente y presidente vitalicio, cosas se han visto.
En estos momentos Colombia no es un país viable, es una “narcodemocracia” en manos de capos de diferentes rangos en la escala de mando y una estructura piramidal en cuyo cenit está el patrón. El control del estado es total, se podría afirmar que es una dictadura civil, con el apoyo de las fuerzas militares y de policía, un estado de facto, un estado de cosas que se opone por definición al “Estado de Derecho”.
El terror es el medio utilizado para imponer el discurso, los medios de comunicación y la propaganda institucional son los multiplicadores de los aleccionadores mensajes. Lo anterior, sumado a ese control que ejercen diferentes mecanismos del estado, hacen de Colombia una nación en estado de excepción.
Lo peor está por venir y es una posibilidad, ojalá remota, de un golpe de estado encabezado por militares afines a esta situación y a sus protagonistas; puede ser el medio para acceder al control totalitario tras bambalinas, establecer unas reglas según sus pareceres y luego en una transición “pacífica” entregan el poder a quienes los auspiciaron; es un reordenamiento del estado violentando la legitimidad de las instituciones, de estas ya se apoderaron, ahora viene la imposición de su ley.
Recordemos que, en 1933 Adolfo Hitler en Alemania sin violar la Constitución de Weimar, controló la Justicia y el Parlamento e instaló una dictadura.
Alerta colombianos todo puede suceder, “piensa mal y acertarás”. Favor compartir.
