Por: Leonardo Franco Arenas – www.latardedelotun.com
La historia la escribe quienes la escriben. ¿Los vencedores?, en la mayoría de los casos tal vez, pero quienes tienen el poder que la historia trascienda en el tiempo y sea aceptada a raja tabla son los escritores, ellos se encargan de delinear y armar la crónica, la historia, la narración de los hechos, siempre, recalco siempre, bajo la percepción individual del autor. En la niñez, casi hasta la adolescencia y cuando el país era un poco más amable, no digo mejor, bajo la mirada de un infante era de otro color, los mayores se arropaban en una vida enmarcada por normas, que ahora entendemos eran más por resignación y miedo escondido. En esos años felices, la percepción de nación, gobierno, estado, fiestas patrias era diferente, era de orgullo; al pie de la letra nos habían hecho memorizar y casi creer sin asomo de malicia, “la historia patria”, la de los Bolívares y Santanderes, la de los Nariños y Córdobas, Caldas y Torres, todos herederos de grandes y poderosas familias de diferentes regiones del territorio nacional, excepto Don Simón de la Santísima Trinidad y otros foráneos que estaban en la misma brega de apoyarse allende de sus fronteras, si no, sus objetivos no podrían realizarse.
Retomo, la historia de esta gran nación, del mejor café, del segundo himno más hermoso del mundo, de la cual estábamos de pecho henchido orgullosos, nos la habían inculcado una y otra vez, logrando que todos recitáramos como loros en fiestas nacionales y en todos los espacios, de manera casi natural, tanto como se rezaba el padrenuestro y el ave maría, aleccionados, convencidos de esa fantasiosa realidad.
Los que escribieron la historia, son los dueños de la historia, pero solo hasta que el mismo transcurrir del tiempo nos muestre la verdadera realidad esta, ahora está pasando en estos tiempos, la venda está cayendo, aun cuando los herederos de esas mismas poderosas familias de hace 200 años continúen en el poder, apellidos “ilustres” Samper, Lleras, Pombo, Cabal. Holguín, Valencia y un interminable etc, etc… esos, son los que han escrito la historia no de manera fehaciente, a su modo y acomodo.
El tribuno del pueblo, el regidor perpetuo Don José Acevedo y Gómez se encargó de inflamar a la muchedumbre en contra de la corona, según lo que está escrito: “Frente al pueblo santafereño, eligió a los vocales de la Junta Suprema de Gobierno y por orden suya se redactó el Acta de la Revolución” fue sin duda la figura central de ese 20 de julio, amparado en una excusa que se antoja baladí, insignificante frente al momento histórico que se vivía en la Nueva Granada en esos momentos, el Rey apretaba sus alcabalas de manera inhumana y despreciable, esa realidad era un polvorín y fue aprovechado por los criollos, herederos de grandes familias, ansiosos de tomar el poder en sus manos, aprovecharon las circunstancias para cabrestear un pueblo hambriento y desesperado a una revolución cuyos objetivos eran claros para ellos, no precisamente mejorar la calidad de vida de la mayoría, sino apropiarse del poder para mejorar la suya.
200 y pico de años después, muchos colombianos todavía izan las banderas y celebran esta fecha, afortunadamente son menos que antes, ya el cuento no funciona, la historia la está reescribiendo la base, desde su saber y su entender, desde su cansancio de siglos, maltratados por esas mismas pocas familias que aprovecharon la coyuntura y se apropiaron de la historia. Todavía escuchamos cotidianamente esos apellidos, es hora de celebrar una real INDEPENDENCIA, no como la de ahora, que ni siquiera fue eso; el 20 de julio de 1810, solo fue un grito, un grito de independencia, acallado por los intereses de quienes tuvieron la oportunidad de escribir la tal historia.
