Por Leonardo Franco Arenas – www.latardedelotun.com
_____ Alejandro Gaviria, el precandidato de la coalición centro esperanza, ha sufrido una trasformación de 180° si tomamos como referencia su posición de cuando era rector de UniAndes y quien pasó por diversos dilemas éticos cuando le ofrecieron la candidatura presidencial; al menos esa fue la lectura que dio a quienes estaban pendientes e ilusionadas con una posible respuesta positiva. El, permitió de manera empática a los estudiantes pernoctar en el claustro universitario por el toque de queda en el paro nacional, eso lo ayudó a mostrar como un demócrata integral.
¿Quién ha sido el intelectual Gaviria? Nació en el seno de una familia de estrato alto, su padre fue alcalde de Medellín. Ingeniero civil, doctor en economía ha desempeñado cargos en lo público y en el escenario académico especialmente en UniAndes. Trabajó en el gobierno de Uribe como subdirector de Planeación Nacional y los 8 años del gobierno Santos como ministro de salud. Carolina Soto su esposa también economista, actualmente es codirectora de BanRepública, fue directora general del Presupuesto Público Nacional en el gobierno de Uribe y colaboradora del gobierno Santos a través de una consejería y cargos en Planeación Nacional y Ministerio de Transporte.
Los logros de Alejandro en el ministerio de salud están por verse, los planteamientos que ahora esgrime en plena carrera hacia la presidencia no fueron aplicados en su momento, cuando contó con todo el apoyo de Santos para sacar adelante una reforma a la salud y enderezar el maltrecho andar de esta cartera.
Cuando aceptó la postulación a la candidatura presidencial su imagen era muy diferente a la actual, un hombre pausado, filósofo, intelectual, cauto y mediador, nada que ver con el personaje contradictor y disonante que vemos actualmente, agarrado diariamente con sus compañeros de coalición. Muchos amigos de estrato medio y alto estaban ilusionados con esa posibilidad, lo catalogaron como el dueño de ese espectro de centro que seguramente daba la seguridad para un voto comprometido, de ellos, la mayoría se arrepintió y dieron pasos en otros sentidos.
Gaviria se perfiló como un candidato diferente lejos de las viejas prácticas, distante de la corruptela de los políticos tradicionales, su discurso erudito conquistó segmentos poblacionales diferentes y algunos lo vieron como la alternativa que podía sacar el país del atolladero; lo anterior fue reforzado durante la recolección de firmas y su implícito compromiso de manos limpias, aumentado por su “pelea” con César Gaviria. Ingresó a la coalición centro esperanza buscando un posicionamiento en el segmento del centro político o como estrategia conveniente para sus intereses hacia la presidencia, la diferencia con sus contendores estaba en carecer de investigaciones y tachas de su nombre. Ahora da la vuelta, su campaña ha abierto la puerta a todo tipo de partidos y políticos regionales cuestionados por sus malas prácticas, en Santander, Cundinamarca, Valle del Cauca, Antioquia y la Costa, sus opciones posiblemente han aumentado en el voto de maquinaria, el sufragio amarrado y clientelista, pero en el voto de opinión que era donde se diferenciaba de sus compañeros de coalición ha descendido inexorablemente.
El ex presidente Gaviria ya volvió a su lado, indica esto que la tal pelea no existió, solo fue una estrategia para unirse a la coalición. Entonces la pregunta es, ¿sufrió una metamorfosis durante estos meses de campaña para posicionarse como el más firme aspirante a ser el candidato de este grupo? o definitivamente esta es la verdadera cara de Alejandro Gaviria el hombre de derecha educado para el poder, e hijo dilecto del uribismo – santismo que por fin se quitó la máscara de académico y filósofo, de hombre de centro, para asumir su rol de representante de la derecha nacional.
