Por: Leonardo Franco Arenas – www.latardedelotun.com
_____ El 28 de abril de 2021 el país vivió un día tenso de manifestaciones sociales en contra primeramente de la reforma tributaria, pero, enmarcados en el de descontento, indignación y sentimientos de enojo ciudadano contenidos durante mucho tiempo. Un esperpento de reforma tributaria que hacía trámite en el Congreso, presentada por el gobierno en cabeza del ministro Carrasquilla fue el punto de quiebre, el detonante para que todos los sectores sociales de Colombia se manifestaran en marchas de protesta y concentraciones en la mayoría de ciudades.
Millones de personas se movilizaron desde tempranas horas entonando estribillos contra el gobierno, gritando arengas, llenando las calles de ciudades y pueblos en un ejercicio para hacerse escuchar, visibilizar el sentir, el clamor social en todos los rincones de la nación. La jornada en general se desarrolló pacíficamente y algunas acciones en Bogotá y Cali desembocaron en enfrentamientos entre algún sector de los marchantes y la fuerza pública, de todas maneras, esos actos no empañaron la movilización.
El ministro de defensa, Diego Molano militarizó a Cali para, según él “garantizar la seguridad y cerrar la puerta a los actos vandálicos”, y dio instrucción al ejército de apoyar a la policía, dizque para garantizar la seguridad y prevenir hechos delictivos. Recordamos que ese día se derribó la icónica estatua de Belalcázar por la comunidad Misak en la sultana del Valle. En Medellín y Bogotá también algunas movilizaciones desembocaron en enfrentamientos de manifestantes y fuerza pública, los alcaldes de estas ciudades declararon el toque de queda.
La acogida de este paro nacional fue tan fuerte y desbordante, que se sintió como algo inusitado y sorprendente, de disconformidad contra: Años de violencia, intentos fallidos de construcción de paz, desigualdad e injusticia social, las movilizaciones que se realizaron durante este gobierno, no solo expresan su ineptitud, sino también el desgaste de la política represiva que legitima el asesinato de quien defiende su territorio, protesta y de quienes luchan por sus derechos.
En Pereira desde diversos puntos de la ciudad salieron las marchas hacia el punto de encuentro, la Plaza de Bolívar, la jornada transcurrió en paz y tranquilidad, la alegría de colectivos sociales, vecinos comunes, familias, amigos, compañeros que marcharon por calles y avenidas le dieron el respeto, el valor civil a las marchas. A la plaza llegaron gentes de veredas, corregimientos, municipios cercanos; a pie, en volquetas, en chivas y yipaos, en carros particulares, en bicicletas, y en ese sitio, en ese entorno se vivió una fiesta cultural, social y democrática de inconformes de todas las clases sociales como nunca antes se había visto. Las movilizaciones y las protestas continuaron, seguirán en el tiempo mientras no se solucionen aspectos estructurales de la violencia armada, la desigualdad y la pobreza que se derivan del modelo económico y desde la clase dominante.
Tuve la oportunidad de hacer parte de esta caminata de protesta con un Mar de gente, ciudadanos que se pararon firmes frente al arbitrio de un gobierno corrupto y que hasta ese momento no tenía adversario unido, desde ese día partió una esperanza, la decisión social de ¡NO MAS!
La protesta continuó por meses, desembocó en heridos, muertos por la represión, pero también en el cambio de chip de la sociedad que entendió por fin, que unidos se puede, el próximo y definitivo paso es el 29 de mayo en las urnas, el anterior se dio a pesar de la trampa del gobierno el pasado 13 de marzo en las legislativas.
