LOS GALÁN Y SU EMPRESA FAMILIAR.

Por: Leonardo Franco Arenas – www.latardedelotun.com

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Las balas que esa noche en Soacha acabaron no solo con la vida del caudillo, sino también con la esperanza de millones de colombianos que esperaban el momento indefectible frente a las urnas, para cambiar la historia del país; esas balas son las mismas que han sostenido desde entonces un narco estado y que hoy casi 33 años después mantienen al país en la desigualdad, la violencia y el miedo. Luis Carlos Galán Sarmiento representaba el anhelo del pueblo, en el momento de su muerte contaba con el respaldo de la mayoría de los colombianos dando por descontado que sería el próximo presidente de la República. Era el símbolo de la lucha contra la corrupción y el narcotráfico en momentos en que los colombianos veían como estos dos flagelos se apoderaban de la sociedad. La historia ha cambiado muy poco, somos un retrato exacto de lo que pasó en Colombia, tan cierto es, que muchos de los protagonistas, sus herederos y lacayos aún están vigentes marcando la ruta política, social y económica de la Nación.

Los hijos de Galán en cabeza del mayor Juan Manuel han tenido un trasegar en el escenario político con más pena que gloria, con más fracasos que triunfos, con más equivocaciones que aciertos, solo el brillo del apellido heredado los encumbró a las altas esferas del poder, respaldados inicialmente por parte del grupo cercano al caudillo y el clamor popular en un comienzo. Todos estos factores a favor los han ido dilapidando con sus erróneos planteamientos, por estar siempre de espaldas a la sociedad, por buscar los beneficios individuales antes que los colectivos. Perdieron los coroneles, se les embolató el partido, despreciaron los consejos y sugerencias, carecieron de sentido común y sensibilidad social, creyeron que bajo el influjo del recuerdo y la imagen de su padre iban a levitar sin esfuerzo a la casa de Nariño. Juan Manuel Galán, heredero por primogenitura como derecho familiar supongo, fue el encargado de enarbolar las banderas de su padre, sus pocas luces e inexperiencia política lo han llevado a estrellarse muchas veces y en esas experiencias mancillar la imagen del gran hombre.
No se concibe la última barrabasada de este “príncipe” que anuncia su respaldo a Rodolfo Hernández renegando del legado ideológico de su padre, de su propósito social como liberal genuino, los genes santandereanos, contestatarios y revolucionaros que debían ser con este Galancito se diluyeron en la fría capital, él siempre ha estado en contra de lo que significa cambio, ha vivido como una rémora, agazapado bajo el ala de la derecha, servil a los intereses de quien detenta el poder para beneficiarse, el y su familia con burocracia y puestos diplomáticos.
Este podría ser el último estertor de ese partido a quien yo llamaría “El nuevo, Nuevo liberalismo” porque no es lo mismo que encarnó y propuso Luis Carlos Galán. Recordemos estas frases:
«A los hombres se les puede eliminar, pero a las ideas no. Cuando se elimina a veces a los hombres se robustecen sus ideas». L.C.G.S. Ocho días antes de ser asesinado. Foto: Años 80, San Andrés Islas. Hotel Isleño. Derecha, L.F.A

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