Por Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com – RED Noticias. _______
¡Por fin! liberados de una subordinación al imperio, debida a una ayuda amarrada a negocios con empresas estadounidenses. Arrodillados por un mecanismo creado desde 1987, bajo el cual el gobierno gringo se abroga el derecho a determinar quiénes cumplen con unos lineamientos, que desde luego ellos mismos han diseñado para el supuesto control, con el fin de evaluar la cooperación de países productores o de tránsito de drogas, la erradicación de cultivos ilícitos y el combate al narcotráfico.
Históricamente este ejercicio ha cumplido las veces de mordaza, agenda construida y aplicada en este o en muchos casos, y que ha servido para justificar intervenciones unilaterales y políticas de doble rasero, que responden más a los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos que a una verdadera lucha contra el narcotráfico.
La dependencia generada por estos mecanismos ha limitado la soberanía de nuestros países, sometiéndolos a decisiones que priorizan los intereses del imperio en detrimento de nuestras propias políticas y prioridades nacionales.
La liberación de estas ataduras, así sea por decisión unilateral de quién: la crea, la desarrolla, la evalúa y la aplica, es un paso importante hacia la construcción de una política antidrogas más soberana y auténticamente regional, que reconozca nuestras realidades y fortalezca la lucha contra el narcotráfico desde una perspectiva de soberanía y autodeterminación.
Voces destempladas, declaraciones de gandules oportunistas, que ven cómo se les aleja la teta del Estado, se escuchan desde la derecha y los medios hegemónicos colombianos; los mismos traidores que pidieron favores e hicieron lobby, rodilla hincada ante congresistas estadounidenses para lograr, según ellos, una ventaja política frente al consolidado gobierno de El Cambio, con miras a las elecciones del 2026.
Ahora bien, definitivamente les debemos dar gracias por su arrogante torpeza, demostrada cada vez que tratan de perjudicar al presidente, en este caso en dos cosas específicas: la primera, que el país se quita de encima esta arbitraria certificación (sin que se pierdan las ayudas económicas, lo que han callado) y se buscan alternativas nacionales y en el espectro global para continuar con la lucha frontal al narcotráfico internacional. Segundo, quedaron expuestos los carroñeros: alcaldes, precandidatos presidenciales de la derecha, congresistas, políticos, gremios y expresidentes del país, a excepción de Samper.
La derecha colombiana destapó champaña, se felicitaron entre ellos y sonrientes posaron por su “hazaña”. Traidores de la patria, algunos (Eder y Fico) tuvieron la indecencia de reconocer su labor en contra del país declarando que el “objetivo fue logrado” “el viaje fue exitoso” y la prensa lo hace ver como un bien común conquistado para Colombia. ¡Fuera sus máscaras! ya es una verdad revelada, lo veremos en las urnas.
En conclusión, esta situación beneficiará la imagen del gobierno de El Cambio y la consolidación de su proyecto político, en detrimento del régimen anterior. “Chau bambinos”
