Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com / RED Noticias de Colombia. _____
El viernes 23 de noviembre de 1979, hace 46 años, en la mañana recibí junto a mis compañeros de estudio, las notas finales que nos permitían graduarnos como bachilleres en el INEM de Pereira. Esto sucedió hacia las 10:00 am e inició la celebración. Todo el día estuvimos en las instalaciones del colegio y más o menos a las 5 pm partimos a casa de Arquímedes Triana «el gordo» a rematar la fiesta con baile y muy poquito licor (la economía de estudiantes no daba para mucho). A las 6:40 pm se presentó uno de los sismos más fuertes en la historia de la ciudad y el país, 7,2 grados. La historia de la ciudad cambió a partir de esa fecha.
A pesar de los numerosos daños en la infraestructura, más de 50 muertos e innumerables damnificados nos pudimos graduar en el recinto de la Asamblea en la gobernación, si mal no recuerdo el 6 de diciembre. Ese día, en menos de doce horas pasamos de la alegría a la angustia.
Con este terremoto se presentaron daños en una extensa área del país, principalmente en los departamentos de Caldas, Antioquia, Chocó, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca. Las poblaciones más afectadas fueron Manizales, Villamaría, Pácora y Aguadas (Caldas), Sonsón, Támesis, Jardín y Andes (Antioquia), Pereira y Marsella (Risaralda), entre otras.
A partir de esa fecha se instauró una nueva reglamentación de sismo resistencia que luego se implementó en todo el territorio nacional. Debido a los daños estructurales en algunos edificios y a las averías en numerosas casas, fachadas y techos, se vivió un periodo de transformación en la historia arquitectónica de la ciudad. A partir de ese evento sísmico, algunos alcaldes declararon en ruina destacadas construcciones del patrimonio arquitectónico y cultural de la Perla del Otún. Emblemáticas edificaciones en bahareque y tapia pisada fueron demolidas y, junto con las incipientes empresas constructoras, aprovecharon para levantar moles de concreto, vidrio y acero.
