EDITORIAL

Tasajera, los riesgos de la miseria. Este puede ser titular para un artículo amarillista de cualquier periódico. En este caso no hay tal, es la realidad.

Tasajera como cientos de pueblos en la geografía nacional condenados al ostracismo, al olvido y a la miseria por parte de estado y de esa otra Colombia que se ha acostumbrado al dolor y a la muerte, esa otra Colombia a la cual se le ha endurecido el corazón por cuenta de episodios terribles que se hacen  cotidianos, han curtido y encallecido el espíritu, la sensibilidad y las emociones.

Tasajera es un pueblo olvidado, cercado por la miseria, sitiado por todas las necesidades, alimentos, vivienda, salud, servicios públicos, empleo, educación, etc…etc… todas las pesadillas y penurias concentradas allí.

Olvido, desinterés, corrupción y mil razones que podrían enumerar para una situación como esta; lo más grave, es que esto sucede en la mayoría de los municipios y pequeños poblados a lo largo de Colombia, además que no hay ningún interés en mejorar la calidad de vida de sus pobladores. Esta tragedia es resultado de años de abandono y  desidia oficial.

Históricamente sus habitantes sobreviven de la pesca artesanal, pero la contaminación y la sobreexplotación de la ciénaga, obligó buscar otra forma de subsistencia. “Nos estamos muriendo de hambre. Hay días que lo único que podemos tener es lo que nos da la carretera”. Este es un llamado que desde hace décadas hacen los habitantes de este corregimiento de Pueblo viejo Magdalena, la respuesta ha sido nula, los políticos solo aparecen cuando se acercan las elecciones para aprovechar el hambre y sumar votos, después no vuelven a aparecer.

Mención aparte merece la forma en que desde la redes sociales se ha manejado esta tragedia, los muertos, los heridos y el pueblo mismo ha sido mal tratado, re victimizados por ese afán de señalar y etiquetar culpables, fácil resulta decir que ellos son culpables de su desgracia por tratar de “robar” el combustible, pero no es demasiado difícil visibilizar las condiciones sociales, económicas y culturales de estas personas; cuando no se tiene comida ni cómo solucionar las necesidades básicas, el ser humano recurre a soluciones sin medir los riesgos en estos casos o incluso pasando por encima de la ley en otros.

Como en un cuento de realismo mágico del trópico, muchos habitantes permanecen en vela esperando y orando para que un vehículo de carga se accidente, en palabras de algunos, “se vive de lo que provea la carretera”. Es inaceptable pero ante todo inhumano.

10 muertos y 60 heridos graves resultado del olvido del Estado, ¿quiénes responden? ¿Dónde está el gobierno?, que ha hecho a parte de “lamentarlo” por los medios de comunicación. Mientras tanto al país se lo siguen robando y estas tragedias siguen sucediendo. ¿Hasta cuándo?

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