EDITORIAL. POLÍTICA ARANCELARIA DE TRUMP.

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Han pasado 48 horas desde el anuncio del gobierno Trump para el aumento de los aranceles, en lo que se puede considerar un nuevo escenario de confrontación mundial, el de una guerra comercial. En este escenario se pueden detectar tres objetivos de una política económica tan agresiva: 1. El proteccionismo a los productos estadounidenses. 2. Confrontación directa con China. 3. Las ambiciones individuales del presidente y sus amigos.

Como era de esperarse y había sido vaticinado por expertos, hubo tres consecuencias inmediatas a esta medida: El desplome histórico en los mercados financieros que ha desatado temores en las principales bolsas mundiales, generado por las caídas en Wall Street y el temor a una posible recesión en Estados Unidos. Pérdida de valor del dólar frente a otras monedas y por último la inflación se dispara, convirtiéndose en la gran amenaza para la economía gringa.

Vientos de recesión se sienten en EE.UU, lo que consideraba Trump y sus asesores económicos como una estrategia de impacto positivo para la economía norteamericana, amenaza en convertirse en una pesadilla de incalculables y nefastas consecuencias.

De otra parte, lo que las aves carroñeras y de mal agüero de la derecha colombiana vaticinaban como un desastre mayúsculo para la economía nacional, resulta ser una oportunidad de oro para el país.

El incremento fue el menor, incluidos en la línea de países “bien tratados”. Muchos de los países competidores de nuestras exportaciones tuvieron un aumento sustancial en los aranceles, dos y hasta tres veces por encima del incremento para Colombia. Productos como el café, zapatos, textiles, alimentos procesados, productos agropecuarios y flores quedaron con una mejor perspectiva comercial frente a los competidores, pudiendo ser los de precios más competitivos. Finalmente, quienes pagan la diferencia y aumentos son los consumidores norteamericanos (inflación).

Diversificar y abrir nuevos mercados es la tarea inmediata que debe asumir el gobierno nacional de la mano de la empresa privada, establecer nuevas alianzas y canales comerciales que garanticen la estabilidad de las exportaciones colombianas.

Como podemos apreciar, las voces desentonadas del caos y los anunciantes permanentes del desastre una vez más quedaron mudas. ¿Ahora que desapacible narrativa inventarán estos profetas del terror?.

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