Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com ______
Resulta asombroso, por decir lo menos, la manipulación que a partir de una especie de amnesia colectiva han logrado implantar algunas iglesias cristianas en Colombia, con narrativas creadas especialmente para instrumentalizar a su feligresía. Por ejemplo, han archivado de manera farisea el sermón del monte para abrazar, con un fervor que ya quisiera para si el espíritu santo, las banderas de la derecha más recalcitrante.
Es sin ir muy lejos una metamorfosis del “ama a tu prójimo” por un actual, “respalda al caudillo”, en una material trasmutación de la paz espiritual y la caridad cristiana, por un apoyo ciego a quienes definan sus inicuos “guías espirituales”
Hablando claro, sin los eufemismos que se suelen utilizar en plataformas y púlpitos, ver a pastores de congregaciones que se identifican como cristianas, rindiendo pleitesía a figuras como Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia, no solo significa una contradicción ideológica, es un suicidio ético frente a los preceptos que dicen defender.
Por un lado, el abogado del exceso, el maniquí de lujo que presume y hace ostentación de opulencia como si fuera una bienaventuranza, un regalo divino a un ser “elegido”.
De la Espriella encarna el culto al ego, la defensa a ultranza de quienes han caminado por los bordes, muchas veces por fuera de la ley, en una estética del poder que desprecia la humildad del galileo. ¿En qué parte del Nuevo Testamento se lee que la redención viene envuelta en pañuelos de seda italiana, adornados con discursos de odio contra la diferencia o en contra de los más humildes?
Por otro lado, aparece Paloma Valencia, la heredera de la aristocracia criolla en la política, quien defiende la propiedad de la tierra con el puño cerrado y cero empatías ante la tragedia de los desposeídos. Ella es un símbolo de esa derecha que criminaliza la protesta, representa a quienes, la equidad social es un fantasma castrochavista y los cuales confunden fácilmente la autoridad con el autoritarismo.
El Cristo histórico, el que, según las escrituras, expulsó los mercaderes del templo, era un agitador de la conciencia, un defensor de los menesterosos, de huérfanos y viudas, era en esencia la antítesis de la exclusión que predican estos líderes políticos.
En Colombia el voto cristiano se ha convertido en la mercancía de cambio de los líderes de las iglesias, especialmente cristianas. Pastores y pastoras convertidos en gerentes de un mercado electoral del que disponen y negocian, conforme a sus intereses particulares, por los votos amarrados de su feligresía y le, venden a sus rebaños la idea de proteger la familia tradicional, como prioridad en la tierra y la salvación del alma. Lo anterior a cambio de ser obedientes y dóciles, para obtener el visto bueno humano y divino.
Estos mercaderes de la fe traicionaron el mensaje original y cambiaron la opción preferencial de trabajo por los pobres, por una opción menos espiritual, pero de más estatus, apoyar a figuras que perpetúan la desigualdad y el clasismo; estos guías espirituales no están llevando a sus ovejas a pastos verdes, más bien al matadero de la incoherencia.
Queda la sensación que para estas iglesias el cielo para sus feligresas puede esperar, pero el poder terrenal, las notarías, contratos y exenciones de impuestos necesitan respaldo inmediato. En ese afán por rodearse con la gente de bien, han terminado olvidando que su maestro no nació en un palacio, ni creció en un club de la época, sino en condiciones humildes, que hoy seguramente Paloma y Abelardo mirarían con profundo desprecio.
El maridaje entre los púlpitos y el poder, no es un asunto puramente doctrinal, es un negocio de altísima rentabilidad, en donde la fe es la moneda de cambio a través del voto. Las cúpulas religiosas se han convertido en verdaderos holdings empresariales con beneficios tributarios envidiables, debido al respaldo de las élites políticas de derecha, esa es la póliza de seguros para mantener unos privilegios económicos.
Instrumentalizando a los fieles como una inversión de lobby político, estos dirigentes religiosos, gerentes de la fe, aseguran que el statu quo no se toque; manipulan el miedo al pecado y la esperanza de salvación para que el creyente vote por quienes, paradójicamente, legislan y gobiernan a favor de los grandes capitales y en contra de una redignificación del trabajador de la base.
Esta es la manipulación espiritual puesta al servicio de intereses económicos; mientras la feligresía busca la salvación eterna, sus líderes aseguran la consolidación de imperios terrenales con la ayuda de políticos corruptos.
¿Las ovejas son tan ciegas e incapaces? ¿Con sus conductas profanas creen que tendrán la salvación que buscan? ¡Este libre albedrío en conductas censurables para la sociedad, es incomprensible, inaceptable y una afrenta a nuestra humanidad!
