Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com ______
Como un soplo de dignidad que bajó de las montañas que rodean nuestra ciudad, fue la sensación de los asistentes el viernes 17 de abril al auditorio Jorge Roa Martínez de la Universidad Tecnológica de Pereira.
La llegada de la Mayora Aída Quilcué a Pereira y especialmente a este recinto, no fue un simple acto de campaña; fue el desembarco de realidades postergadas por décadas. La Minga, con sus bastones de mando en alto y ese marchar firme que parece mover la tierra misma, no entró al auditorio, lo colonizó con la mística que hace tiempo o tal vez nunca para algunos, no sentíamos en estas tierras de la Perla del Otún.
No cabía nadie más, pero si llegaba, nos acomodábamos con la empatía de quién acoge, y de eso sabemos históricamente en esta tierra. El aire estaba colmado de una expectativa de esperanza que estalló en una ovación cerrada al hacer su entrada, una aclamación sincera, de esas que no se compran con refrigerios ni transportes contratados, sino que nacen del reconocimiento mutuo.
La hoy senadora y candidata a la vicepresidencia en la fórmula de Iván Cepeda, cuando le llegó el momento de dirigirse a los asistentes, con voz potente y palabras sencillas llenas de sabiduría, no necesitó de la pirotecnia verbal de los políticos de oficio para llegarle a la multitud, su discurso hilvanado de verdades sobre la vida, la defensa del territorio y la urgencia de la paz, caló en los asistentes y mientras lo hacía, el fervor visto no solo fue un aplauso, fue la aclamación total de la concurrencia.
En sus palabras se sentía el peso de la historia de nuestros hermanos indígenas, también, la esperanza de una Nación que tiene raíces profundas que nos conectan con lo ancestral. La Mayora recordó que la política, antes que un cargo o una cifra, es el arte de cuidar la vida. Ahí en ese espacio tan importante para la ciudad, los asistentes entendieron que la Minga es un espejo donde deberíamos mirarnos con más frecuencia.
El eco del mensaje de Aída Quilcué quedó atrapado en los espacios de la Universidad, en los corazones de los asistentes y entre las personas que por diversos medios se enteren de su poderoso mensaje. El fervor de esta campaña continuará creciendo, multiplicándose por todos los territorios, porque cuando la palabra es verdadera, tiene la buena costumbre de volverse semilla.
Como dice la Mayora, «Caminar la Palabra», presente en la cosmovisión del movimiento indígena del Cauca, no como una metáfora literaria sino como un imperativo ético y vital, significa la coherencia absoluta entre el decir y el hacer. Quien da su palabra, compromete su existencia a cumplirla y ella la dio por Colombia.
