LA TRAMOYA DE LAS CORONAS FÚNEBRES.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com  _____

Hay un dicho reconocido, “en política no hay nada más peligroso que un mártir”, excepto, claro, un mártir de utilería. Lo que hemos presenciado en los últimos días en el escenario electoral colombiano, no es más que una mala puesta en escena, un sainete armado a las carreras, con coronas fúnebres y llantos de cocodrilo, que pretende de manera desesperada devolverle protagonismo al desgastado guion de la seguridad democrática.

Los candidatos “pura sangre” de la ultraderecha colombiana, la manipulada Paloma y el calanchín De la Espriella, fueron posicionados en el papel de víctimas y con una celeridad que ya quisiera la justicia para los líderes sociales asesinados, vimos inundadas las redes sociales y medios de comunicación con coronas mortuorias, pretendiendo que el país entero se estremeciera ante la “inminente” amenaza.

Sin embargo, la mentira como las flores de plástico, no tiene aroma, bastaron unas pocas horas para que el montaje quedara al descubierto; las fotos resultaron ser un montaje, tan falso, como las promesas de austeridad de un político de derecha en campaña, simples y burdos retoques digitales para tratar de alimentar el odio y un miedo que ya no cala en la mente de la Nación que está cansada y curtida por el engaño.

Detrás de todo este entramado aparece la imagen del gran titiritero, quien en tono de tragedia griega que le sale tan natural cuando de defender a sus pupilos se trata, denunció un supuesto plan del ELN para atentar contra la integridad de su querida y manejable Paloma. Sin embargo y antes de transcurrir 24 horas, la guerrilla, que no suele ser muy diplomática, hizo trizas el embuste con un escueto comunicado, negando cualquier injerencia en los comicios electorales o algún interés en la cabeza de la Valencia. En términos concretos, le respondieron que no gastarían pólvora en palomillas.

De otra parte, es de suma gravedad el panorama que rodea a Iván Cepeda, aquí trasciende lo de fotos digitalizadas o de hilos de Twitter manipulados, se puede entrever, que son muy graves los riesgos de seguridad del senador y candidato presidencial. Informes de la CIA y del propio gobierno de Donald Trump, quien, paradójicamente, es un aliado natural de la derecha colombiana, que alertan a nuestro gobierno sobre planes reales, fundados y letales que se ciernen sobre el candidato.

El presidente Petro, con la contundencia de quien tiene el dato verificado, denunció este hecho. La amenaza es real y sustentada por agencias de inteligencia extranjeras que nada tienen de “castrochavistas”.

En esta Colombia del realismo trágico, mientras unos fabrican su propio calvario con coronas y mensajes de mentira para ganar puntos en las encuestas, otros enfrentan la sombra real de la muerte, respaldados en informes de seguridad. El verdadero peligro se cierne sobre quienes, han puesto el pecho a las balas por un cambio y por la verdad.

Cuando la política se reduce a la administración del engaño, el electorado, ese que sobrevive a la realidad diaria, termina por darles la espalda, dejando a los candidatos de la extrema derecha hablando solos frente al espejo de sus propias mentiras. Es el desgaste de la credibilidad de esa facción, que hoy se aferra a bulos y falsas narrativas para tratar de compensar su incapacidad histórica en asumir compromisos de fondo con la Nación de esa manera simulada.

La historia colombiana nos ha enseñado a punta de sangre, que cuando la derecha se queda sin argumentos y su credibilidad se desploma, suele aparecer la violencia para intentar equilibrar la balanza que el voto les niega. Cuidar la vida de Cepeda no es un asunto de afectos ideológicos, es un punto de quiebre en nuestra democracia, para no caer en el abismo de la barbarie, que algunos, entre coronas de utilería parecen estar invocando con peligrosa nostalgia.

 

 

 

 

 

 

 

 

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