Por Hubert Ariza* – El Unicornio / www.latardedelotun.com ______
Las encuestas muestran que Iván Cepeda, el candidato del presidente Gustavo Petro, continúa creciendo y está a siete puntos de ganar la presidencia en primera vuelta. Esa posibilidad, aunque remota, ha causado un verdadero terremoto político en la derecha, que no anda en una pelea de gatos y perros, sino de tigres y palomas, con Álvaro Uribe, el poderoso dueño del Ubérrimo, tratando de apagar el incendio para evitar que en la segunda vuelta sea imposible recomponer los vasos rotos y la izquierda les gane
Los estudios de opinión revelan, además, que de no ganar en primera vuelta, Cepeda podría perder en la segunda, con cualquier candidato de derecha que lo confronte. Lo que supone una bandera roja para una aspiración que ha liderado la campaña y cuya militancia ha tenido que bajarse del bus del triunfalismo.
A menos de un mes para que los colombianos acudan a las urnas, los atentados terroristas de los últimos días en Cajibío (Cauca) y otros lugares han conmocionado a la opinión pública, lo que da alas a la derecha para promocionar su estrategia de vender miedo e invisibilizar los logros del Gobierno. El jefe de las disidencias de las FARC, Iván Mordisco, le ayuda a la derecha a posicionar la narrativa de que Colombia necesita una segunda dosis de seguridad democrática.
Después del proceso de paz de La Habana, la Comisión de la Verdad demostró la tragedia humanitaria que significó esa política, que fue ante todo una estrategia propagandística para eternizar a Uribe en el poder, pero fracasó porque no derrotó a las Farc ni al ELN, y degeneró en el fenómeno de los falsos positivos
En los últimos días, precisamente, la Justicia Especial para la Paz (JEP) ha retomado el tema, demostrando la magnitud del fenómeno. En un histórico pronunciamiento, aumentó el número de víctimas, que pasaron de 6.402 a 7.837. Un número que resume el dolor de un país que vio morir a los jóvenes campesinos y trabajadores a manos de militares corrompidos en alianza con el paramilitarismo.
En la JEP han desfilado decenas de oficiales y suboficiales que han revelado los horrores de esa política y han pedido perdón a las víctimas. Ofrecer la seguridad democrática como antídoto para los males de Colombia es ignorar el impacto del proceso de paz, la justicia transicional y su enfoque restaurativo, y echar sal en la herida de una sociedad que no ha superado los estragos del referendo por la paz, ni sanado tantos años de horror paramilitar y violación sistemática de los derechos humanos por parte del Estado.
Paloma, quien pregona que Uribe es su “papá”, lo promete como ministro de Defensa, para que le aplique al país una nueva dosis de seguridad democrática. Más que un cañazo electoral, es una afrenta a las víctimas de los falsos positivos y un incentivo a la narrativa de la izquierda de que Paloma sería un enorme retroceso. La propuesta sirvió, además, para que Juan Daniel Oviedo evidenciara la implosión ideológica de esa fórmula sometida al periodicazo corrector de Uribe.
Con el paso de los días, la caída en las encuestas ha empujado a Paloma a abandonarun aparente centro derecha y correr los linderos para enfatizar que es un halcón antipaz y antiPetro, y enemiga de toda política social del Gobierno, como el aumento del salario mínimo vital y las reformas laboral y agraria, entre muchos temas. Lo grave para ella es que los hechos muestran que vive hoy un evidente retroceso, que la ubica de tercera en las encuestas.
Tal vez por esos indicadores, el Tigre, su enemigo en la derecha, crece en las encuestas pateando el uribismo. El ascenso del therian de la política, se debe en parte a que está jugando póker sangriento, sin pedirle permiso al dueño del Ubérrimo, atacando a Paloma, como si quisiera desplumarla, y no la necesitara en segunda vuelta. En el espectáculo de una derecha que se destroza, los hijos de Uribe sacan la espuela y atacan al Tigre como al peor enemigo. Así es difícil vaticinar cuántos uribistas purasangre apoyarían al Tigre en segunda vuelta y, viceversa, cuántos abelardistas apoyarían a Paloma.
Al mismo tiempo, la derecha insiste en destripar a Petro pidiendo ayuda de sus aliados internacionales. Primero lo hicieron con el ala más radical de la derecha de Estados Unidos, suplicando la intervención militar en Colombia para sacar del poder al presidente constitucional. Como fracasaron y Petro pasó de enemigo a admirado por Trump, están acudiendo al presidente de Ecuador, Daniel Noboa, para que interfiera en las elecciones colombianas. Noboa sigue el guion dictado desde Miami.
Noboa lleva años boicoteando las relaciones con Colombia, negando cualquier posibilidad a la diplomacia, cerrando los pasos fronterizos, aumentando los aranceles al cien por ciento a los productos colombianos, militarizando y bombardeando la frontera para hacer demostraciones de fuerza, e inventando que Petro lidera una supuesta agresión guerrillera contra su país. Uribe, igual a como hizo con Marco Rubio, ha acudido al ultraderechista ecuatoriano para que agreda a Colombia para ganar votos en medio del caos. Noboa busca, a su vez, crear un escenario bélico que justifique la intervención militar de Estados Unidos en Colombia.
La derecha pretende que el factor internacional los ayude a generar rechazo a Petro y Cepeda. Con Ecuador buscan, asimismo, afianzar la narrativa de que Petro es el jefe de la guerrilla y una amenaza regional que necesita mano dura de Trump. Pero en la frontera con Ecuador es, precisamente, donde el proceso de paz total con las disidencias parece estar funcionando. Esa estrategia de la derecha explica, además, por qué Uribe ahora ha involucrado, mediante un supuesto anónimo, al gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar, elegido por la izquierda democrática, en el complot para asesinar a Miguel Uribe. Cepeda es el preferido en el sur del país. El papá de Miguel Uribe desmintió la veracidad del anónimo.
El gobernador ha denunciado que Uribe le ha puesto una lápida en la cabeza. Frase que recuerda a Diego Montaña Cuéllar, antiguo dirigente de la UP, quien la pronunció en 1990, después de una declaración del exministro de Gobierno de Barco, Carlos Lemos, quien señaló a la UP de ser el brazo político de las FARC. Días después, fue asesinado Bernardo Jaramillo, el candidato presidencial de la UP.
La derecha busca el caos para derrotar a Cepeda, quien no ha perdido la calma y ha aceptado ir a los debates presidenciales para enfrentar a sus adversarios con reglas claras y abordar los grandes temas. A la par, el presidente Petro ha acelerado su estrategia de rendición de cuentas, para mostrar sus 100 logros de gobierno. Quiere que el electorado vote informado y establezca la dimensión de su mandato, dejando sin sustento la narrativa de la oposición de que no se ha hecho nada.
Petro no se va a quedar con los brazos cruzados mientras Uribe, la derecha y Noboa lo atacan. No será pasivo en este debate. No lo ha sido ni un solo momento de su mandato. Tiene la iniciativa y está jugando duro. Ahora, impulsa su idea de una Asamblea Nacional Constituyente. Quiere al pueblo en la calle recogiendo firmas y movilizado, pensando en las grandes reformas, retando a la derecha, en una apuesta de todo por el todo.
En conclusión, la campaña arde, la derecha se destroza, la paloma se desploma, el tigre le muestra los colmillos a Uribe, Cepeda reta a debates, Petro agita el tablero y llama a su base a salir a la calle a mover la Constituyente. En esta fase final, las elecciones 2026 toman forma de reality.
@HubertAriza
* Tomado de El País América
