ÁLVARO URIBE VÉLEZ, GERMÁN VARGAS LLERAS Y EL “FUEGO AMIGO”.

Por: Jorge Gómez Pinilla. El Unicornio / www.latardedelotun.com  ______

El fallecimiento del político Germán Vargas Lleras (otrora liberal, luego derechista) sirve para recordar un atentado que sufrió durante el primero gobierno de Álvaro Uribe Vélez, en la noche del 10 de octubre de 2005 al norte de Bogotá, en la carrera 9 con calle 70.

Versiones muy consistentes de la época hablaban de ‘fuego amigo’, relacionadas con que no había pasado ni una hora del estallido cuando el entonces director del DAS, Jorge Rafael Noguera, ya tenía una hipótesis. “Todo apunta a las Farc”, le dijo unas horas después del atentado, en la Escuela de Caballería del Ejército, a quien hasta ese momento se desempeñaba como senador y era miembro de la coalición de gobierno de Uribe Vélez.

Pero Vargas Lleras no le creyó a Noguera. Es más, aseguró que había recibido informes sobre la posible participación de “un organismo de seguridad del Estado”. Hechos posteriores habrían de darle la razón, pues en un archivo confidencial del DAS apareció un registro comprometedor. En una investigación de contrainteligencia con fecha noviembre de 2005, dice: «Posiblemente el atentado realizado al doctor Germán Vargas Lleras lo realiza un civil que tiene un familiar en el DAS, quien le suministra los explosivos». Y en el mismo registro se evidencia que el detective que tenía a su cargo la investigación decidió interceptar el correo del sospechoso y pidió «establecer cuándo salió del esquema del senador». En otras palabras, era uno más del equipo de escoltas de Vargas Lleras.

Unas semanas después, el caso le fue asignado a un investigador diferente al que inició las pesquisas, y este lo archivó al poco tiempo. ¿Por qué se cerró la investigación de modo tan abrupto? La pregunta permanece sin respuesta, pero en su búsqueda conviene aportar algunos elementos que ayudarían a armar el rompecabezas:

Unos minutos después del estallido, Germán Vargas recibió una llamada que lo hizo dudar de que hubieran sido las Farc, y parte de la información recibida la transmitió en esta declaración: «El conductor que se me asignó por el DAS, ese día no fue a trabajar. Y las versiones que dio sobre su ausencia fueron contradictorias. Además, luego supe que no era un funcionario de planta, que era de Santa Marta y que estaba por contrato hacía tres meses».

Primero le dijeron que el conductor estaba recibiendo un curso ese día, pero se comprobó que nunca hubo ese curso. Después, que era que había mandado a arreglar el carro. Sin embargo, nadie le advirtió al senador sobre su ausencia. (Ah, y por coincidencia el hombre era samario, como Noguera, funcionario tristemente célebre, de quien Uribe digo que era “un buen muchacho” justo el día que la Corte Suprema ordenó su captura, y fue luego condenado a 25 años de cárcel por homicidio.

Sumado a lo anterior, hubo otros dos episodios que también despertaron suspicacias. Primero, el DAS mostró un retrato hablado falso del supuesto hombre que compró el carro para el atentado. ¿Con qué intención? Se le preguntó a Noguera y mandó a decir que el propósito había sido despistar al verdadero comprador del carro que explotó, al que supuestamente ya tenían ubicado. No obstante, ese hombre nunca apareció.

Segundo, siete días después del atentado el DAS informó que le había pedido ayuda investigativa al FBI. Pero la Policía desmintió esa información y la Embajada de Estados Unidos también lo negó.

Un tercer hecho llamativo es el grado de alteración –por no decir nerviosismo- que mostró el presidente Uribe después de que Vargas Lleras saliera ileso del atentado. Al día siguiente, se fue a despachar desde el lugar donde había explotado la bomba. Según El Tiempo, «a gritos, llamadas por celular y con la ayuda de un megáfono, Uribe armó todo un operativo. (…) Durante las tres horas y media que estuvo en el lugar daba órdenes a sus ministros, repartía declaraciones a los periodistas, arengaba a los bandidos, consentía a los damnificados y pedía ayuda a todo el que veía pasar a su lado» (Ver artículo).

Luego, manifestó su enojo porque no lo habían enterado sobre la posible participación de agentes de la fuerza pública, como lo había insinuado Vargas Lleras en sus declaraciones. «Me extraña que le hayan dicho eso a los medios y que no me lo hayan dicho a mí…. Me parece deslealtad, porque todos conocen la manera transparente, resuelta, imparcial como he procedido», dijo Uribe.

Hablando de procederes, está lo que le dijo Vargas Lleras a Vicky Dávila para su libro ‘En honor a la verdad’ sobre una llamada que recibió de su esposa, quien en medio de la conmoción le transmitió el temor de que el gobierno pudiera estar involucrado: “la conversación privada que yo tuve con ella, la pusieron en conocimiento del presidente en minutos. Seguramente eso explica la rabia que tenía cuando concurrió a la Escuela de Caballería. Eso le pasa por interceptar ilegalmente a las personas».

Dos semanas después del atentado, Jorge Noguera renunció a la dirección del DAS. En ese momento se interpretó su salida como producto de fricciones con el subdirector, José Miguel Narváez, pero a la luz de estos hechos podría inferirse una razón diferente para su retiro.

Hay quienes creen que el verdadero propósito del atentado era sacar a Vargas Lleras del camino, porque podía ser un obstáculo a la intención de Uribe de hacerse reelegir, pero se dirá que eso ya es hilar delgado. Sea como fuere, el que resultó más astuto y terminó remplazando a su patrón fue Juan Manuel Santos.

DE REMATE: Es cierto que las Farc reconocieron ante la JEP haber atentado en dos ocasiones contra Vargas Lleras, la primera vez en 2003, cuando el entonces senador abrió un libro bomba que llegó a su oficina. De la segunda vez (el carro bomba aquí referido) no han dado pruebas de que en efecto hubieran sido ellos. Lo mismo ocurre con el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, del que también se inculparon, pero siguen sin poder demostrarlo, también ante la JEP. En la columna titulada “Magnicidio de Álvaro Gómez: ¿por qué las FARC protegen a los militares?” le explico a El País América por qué creo que mienten.

 

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