«Porque no es que uno sea guerrerista, ¿me entiende?, sino que la paz es un asunto de honor, y el honor se defiende con un vino tinto en la mano, un esmoquin de tres piezas y un ejército de twitteros bien peinados».
Héroe del buen vestir.
Cantinflardo De la Guerra, no va a la guerra; él hace que la guerra combine con su pañuelo de bolsillo, el trabajo sucio lo hacen otros. Este espécimen es una fusión perfecta entre un prócer de la patria del siglo XIX, un tenor de ducha italiana y un estratega militar que cree que el frente de batalla es la primera fila en un desfile de modas.
Su uniforme diario no incluye camuflaje ni botas pantaneras, él tiene quienes hagan este trabajo. Él prefiere:
Mancuernas de oro macizo (para golpear la mesa con elegancia).
Gomina de alta resistencia en el bisoñé (capaz de soportar el viento de las peores tempestades políticas).
Un vocabulario rimbombante (enredador) que, cuando termina de hablar, nadie sabe si amenaza, se contradice o inaugura una marca de ron.
El Arte del Cantinflardismo Jurídico-Belicista.
El superpoder de Cantinflardo es la oratoria. Puede hablar durante cuarenta minutos sobre la seguridad democrática, el honor de las fuerzas armadas y la defensa de la civilización occidental, utilizando palabras como «inefable», «conspurcar» y «pusilanimidad», para llegar a una conclusión brillante: no dijo absolutamente nada, pero lo dijo en italiano y sonó carísimo.
Un día cualquiera en su estrategia de defensa nacional suena más o menos así:
«A ver, señores, la cosa es clara porque no es oscura. Si el enemigo nos desafía, nosotros no podemos ser pusilánimes ante la ignominia del apaciguamiento. Por lo tanto, yo propongo una ofensiva táctica basada en el decoro, el buen gusto y una demanda por injuria y calumnia que los deje sin respiración ecuménica».
Código de Honor de Cantinflardo De la Guerra
Para este estratega de pasarela, el conflicto tiene reglas estrictas:
- Primero el estilo, luego la victoria: No se puede ganar una guerra si los pantalones tienen arrugas y sus operadores tienen ética.
- La justicia es un espectáculo: Un buen abogado no busca la verdad; busca que el juez admire su sastre, sus vinos y su billetera.
- El patriotismo se bebe frío: Preferiblemente en una copa de cristal de Murano, mientras se compone un himno marcial en honor a sí mismo.
Al final del día, Cantinflardo de la Guerra cabalga hacia el horizonte (en un carro deportivo), listo para defender la patria de los infieles, los desarrapados y, sobre todo, de la gente que combina el azul con el negro. ¡Salve, paladín de la retórica fina y el ataque de pánico judicial!
