JULIO LOZANO PIRATEQUE CAPO Y CLIENTE DE ABELARDO

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Radiografía de Julio Lozano Pirateque, el capo de la Nueva Junta del Narcotráfico y cliente de Abelardo De la Espriella  ______

Pasó de vendedor callejero de esmeraldas de baja calidad a cerebro financiero del gran narcotráfico mundial. Asesorado por Abelardo De La Espriella, se rindió a EE.UU y, a cambio de entregar dinero y delatar a sus socios, salió libre seis años después. Hoy lidera desde Dubái la “Nueva Junta del Narcotráfico”, un imperio de cocaína y lavado de dinero sucio.

Por: Gonzalo Guillén / La Nueva Prensa

El hampa tiene linajes y categorías. La historia criminal de Colombia registra pocos nombres con la habilidad de camuflar el capital ilícito bajo un barniz de buenas costumbres y respetabilidad burguesa. El principal de todos ellos ha sido Julio Alberto Lozano Pirateque, reseñado en múltiples expedientes judiciales internacionales bajo el alias de “Patricia”.

Surgió en grande ejerciendo el papel de cerebro financiero del narcotraficante Daniel “El Loco” Barrera y de la facción de los tres hermanos Calle Serna, alias “Los Comba”; son ellos Javier Antonio, Juan Carlos y Luis Enrique, el menor.

En la etapa judicial más crítica de su vida criminal, el principal abogado que tuvieron Lozano Pirateque y su familia fue Abelardo De la Espriella nuevo presidente de Colombia, con quien forjó una estrecha amistad.

De la Espriella se encargó de hacer los primeros acercamientos del criminal con las agencias del Gobierno de los Estados Unidos (DEA y ICE), lo que sentó las bases para el posterior acuerdo de rendición y extradición voluntaria del capo desde Panamá en noviembre de 2010.

La defensa legal de Lozano Pirateque en Nueva York la asumió el penalista Adam Kaufmann, pues De la Espriella no tiene licencia ni títulos pare ejercer la profesión en Estados Unidos y, aun así, mantiene abierto un bufete en Miami.

Lozano Pirateque, de 60 años —católico fanático y conservador— nació el 6 de noviembre de 1963 en el pueblo de Guateque, Boyacá. Carece de títulos escolares y universitarios. Cursó apenas la primaria en una escuela rural de su pueblo natal y no volvió jamás a un aula de clase. Forjó una trayectoria empírica inicial en el comercio callejero de esmeraldas de baja calidad o “morrallas”, trabajando como comisionista de esmeralderos de poca monta. También fue comerciante de víveres en las plazas públicas de Bogotá, compraba en unas y revendía en otras. Su agudeza natural para los negocios y la marrullería la aplicó más tarde en el narcotráfico, con éxito extraordinario, y forjó una de las más grandes fortunas del país. Hoy vive entre España y Dubái (Emiratos Árabes Unidos), lugar este último desde donde mueve  su centro de coordinación logística para lavado de activos, mejor conocido como “Junta del Narcotráfico”, de acuerdo con la Dirección de Inteligencia de Colombia (DNI).

Lozano Pirateque construyó un cambiante y ágil imperio de lavado de activos con el que ha burlado por años a los organismos de control en Colombia y Estados Unidos, básicamente. Edificó un aparato con el que puso a convivir, para algunos de manera «perfecta”, corporaciones deportivas, comercio de esmeraldas, mercado inmobiliario de lujo, empresas de seguridad privada y narcotráfico masivo a nivel global.

A partir de 1990 el fútbol profesional colombiano comenzó a operar bajo una laxitud normativa que facilita la infiltración de capitales oscuros y Lozano Pirateque introdujo los suyos. Comenzó por montar en Bogotá una fachada espléndida de gran tiburón de los negocios y con esa armadura entró en la estructura de Independiente Santa Fe. Se hizo accionista, escaló con la velocidad de una ardilla hasta convertirse en directivo y, luego, en presidente.

El modelo de blanqueo de dinero sucio que articuló Lozano Pirateque y puso en marcha en el club deportivo, combinaba la inyección de efectivo ilícito con la manipulación contable de las transferencias de jugadores. Los dineros provenientes de las rutas de la cocaína ingresaban para solventar obligaciones corrientes, cubrir pasivos y financiar planillas de futbolistas.

Paralelamente, el mercado de “pases” servía como un multiplicador de papel: se adquirían derechos deportivos por sumas ínfimas y se reportaban transacciones internacionales infladas. Al controlar los votos del comité ejecutivo, Lozano Pirateque anuló las auditorías externas y desplegó un blindaje corporativo, supuestamente impenetrable para las corruptas autoridades colombianas de la época.

Los “pases” son un sistema de trata humana en las podridas estructuras del fútbol profesional: ningún jugador es dueño de sí mismo sino que le pertenece a quien posea su “pase”, y ese dueño puede venderlo cuando quiera, a quien quiera y por precio que le parezca.

Primera caída

El andamiaje financiero de Lozano Pirateque comenzó a desmoronarse una mañana de septiembre de 2010. Esa vez, la DEA americana, con la ayuda de la Policía y la Fiscalía colombianas, asaltaron con gran estruendo dos enormes y suntuosos apartamentos suyos, situados en el sector de alto nivel El Chicó, norte de Bogotá. En ellos le descubrieron e incautaron más de 29 millones de dólares y 11 millones de euros. Esa vez se informó que también era dueño del dinero Luis Agustín Caicedo, alias “Lucho”, socio de aquel y asesinado por sicarios el 16 de julio de 2021, en el barrio Pablo VI, de Bogotá.

En los días que siguieron, la DEA, la Policía y la Fiscalía allanaron otros cuatro apartamentos en Bogotá y la operación general, en su conjunto, encontró un total de 138 millones de dólares y 17 millones de euros. La documentación judicial correspondiente sostiene que el origen de esas divisas incautadas correspondía a los retornos líquidos por la venta de cargamentos de cocaína en Estados Unidos y Europa. El dinero ingresaba a Colombia por medio de redes de contrabando de efectivo, compuestas por correos humanos y en contenedores. Luego pasaba al sistema bancario formal.

Las caletas no eran compartimentos simples como las de los demás mafiosos y corruptos. Fueron construidas con trabajos de ingeniería civil para lograr paredes dobles con sistemas de aislamiento de humedad que impide el deterioro de los billetes. También, armaron falsos techos con compuertas hidráulicas ocultas y dobles fondos debajo del suelo de madera, diseñados para soportar toneladas de peso en papel moneda sin alterar la estética ni la estructura de cada apartamento.

El dinero, sin embargo, no solo estaba oculto en aquellos dobles fondos, sino también en automóviles adaptados y en una casa en el sur de Bogotá que fue hallada poco después.

Las escrituras de estos búnkeres urbanos apuntaban de manera directa a Lozano Pirateque, quien utilizaba un entramado de empresas fachada y testaferros familiares para camuflar la propiedad real.

El gran golpe de la DEA llevó a Lozano Pirateque a huir de Colombia hacia Centroamérica y Europa y se convirtió en uno de los prófugos más buscados por Interpol.

De la Espriella entra en acción

La clandestinidad de Lozano Pirateque concluyó en noviembre de 2010, cuando se rindió formalmente ante las autoridades de los Estados Unidos, en Panamá. Con la asistencia principal de Abelardo de la Espriella, coordinó su entrega, de manera directa, con agentes especiales del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, ICE, y miembros de la DEA. Lo hizo al verse acorralado internacionalmente por la pérdida del vasto caudal económico que escondía en Bogotá. Fue trasladado a Nueva York y puesto allí a disposición de una Corte Federal. Las condiciones para su entrega fueron tres: pago de una multa, la entrega de 120 millones de dólares en efectivo y activos financieros. La segunda consistió en delatar a toda la organización y a sus socios, principalmente a su jefe Daniel “El Loco Barrera”, lo mismo que a la jefatura en pleno del Cartel del Norte del Valle y revelar las rutas utilizadas por ellos para transportar la cocaína. La tercera condición pactada estipuló que se le daría una pena reducida, de solo seis a ocho años de prisión en condiciones confortables. Así que recuperó la libertad en 2016.

La negociación de la condena y el acuerdo de colaboración en los Estados Unidos se realizó de manera directa con los fiscales de la Fiscalía Federal para el Distrito Este de Nueva York (U.S. Attorney’s Office for the Eastern District of New York), con sede en Brooklyn, bajo la supervisión de altos mandos de la División de Narcóticos y Lavado de Dinero.

El equipo de acusadores públicos que lideró el caso y coordinó la entrega de su patrimonio y delación de socios estuvo liderado por Loretta Lynch, quien se desempeñaba como Fiscal Federal jefe del Distrito Este de Nueva York y luego fue Fiscal General de los Estados Unidos. La acompañaron dos fiscales auxiliares de la Unidad de Narcóticos.

No hay información sobre el valor de los honorarios cobrados por De la Espriella.

El fantasma de la «Nueva Junta»

El retorno de Lozano Pirateque a Colombia coincidió con una fase crítica para el patrimonio que todavía le quedaba. La Dirección Especializada de Extinción del Derecho de Dominio mantenía medidas cautelares sobre fincas ganaderas en los Llanos Orientales, vehículos de alto valor y los famosos apartamentos del norte de Bogotá que utilizó como bodegas de dinero. La estatal Sociedad de Activos Especiales, SAE, administra estos bienes urbanos y rurales mientras la justicia consolida la expropiación definitiva.

No obstante, informes de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) han advertido la resurrección de estructuras criminales del temerario poder mafioso de Lozano Pirateque. También han prevenido sobre el regreso paulatino de capos históricos que han ido cumpliendo sus condenas en Estados Unidos  y de otros que están por volver. Esto encendió una guerra soterrada por el control de bienes que les usurparon testaferros desleales mientras ellos se encontraban presos en Estados Unidos. Esta guerra se libra también por dominar las actuales rutas de exportación de cocaína que, en gran parte, manejan y comparten con autoridades de Ecuador, país que hoy exporta el 70 por ciento de la cocaína que consume el mundo.

Esa guerra en las sombras se manifiesta con homicidios callejeros recurrentes y atentados con francotiradores especializados que pueden acertar a distancias que oscilan entre 800 y mil 500 metros.

Esta confederación criminal se ha denominado en los reportes estatales como “La Nueva Junta del Narcotráfico”, de la que ahora también hacen parte viejos y poderosos esmeralderos, así como la oscura industria de la seguridad privada en Colombia.

El expediente judicial contemporáneo señala que Lozano Pirateque coordina movimientos patrimoniales desde España y Dubái, flanqueado por fichas claves identificadas como Jorge Iván González Ramírez y Luis Cortés.

Lejos de extinguirse, la sombra del antiguo tesorero del narcotráfico se esparce sobre el panorama y la geografía nacionales. Las estructuras invisibles del lavado de dinero avanzan a mayor velocidad que la capacidad del Estado para desarticularlas, en parte porque está cada vez más infiltrado por el crimen.

Lozano Pirateque cuenta con la suerte de que su ex jefe Daniel “El Loco Barrera”—uno de los criminales a los que delató—,  se encuentra preso todavía en el Centro Correccional Metropolitano (MCC) de Manhattan, en Nueva York, donde paga una condena de 35 años de prisión. Al ser considerado en su momento por las autoridades como “el último de los grandes capos” de la era posterior a Pablo Escobar, permanece bajo medidas de seguridad extremas que le impiden entrar en la guerra desde allá.

Barrera debe su apodo de “El Loco” por su estilo violento y arrojado de actuar, y también por manejar varios negocios del crimen a la vez. Controlaba rutas de cocaína en los Llanos Orientales, especialmente en Vichada, Guaviare y Meta, y tenía alianzas con guerrillas, paramilitares y carteles mexicanos. Llegó a ser considerado el “zar de la cocaína” de aquellas regiones. Cayó preso el 18 de septiembre de 2012 en San Cristóbal, Venezuela, y fue extraditado a Estados Unidos. Resultó condenado por narcotráfico a gran escala en las rutas que conducían a Venezuela y continuaban con dirección a México. Se calcula que movía varias toneladas por mes. También fue hallado culpable de lavado de activos a través de fincas, ganado, empresas de transporte, equipos de fútbol y entidades financieras y bursátiles, entre ellas Interbolsa, donde le recibían el dinero en efectivo en el parqueadero de la sede central de la Calle 82 con Carrera 12, de Bogotá. Otro cargo por el que lo declararon culpable es el de concierto para delinquir y terrorismo, debido a sus alianzas con las FARC, los paramilitares y otras bandas criminales.

En Colombia, todas las investigaciones criminales contra Lozano Pirateque se encuentran refundidas en la Fiscalía General de la Nación, por lo cual puede entrar en el país cuando quiera hacerlo, pero no lo hace por temor a retaliaciones de sus enemigos, de acuerdo con fuentes enteradas.

 

 

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